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Natividad Cepeda: escritora, articulista, poeta: pertenece y es miembro de la Academia de la Hispanidad, a Red Mundial de escritores en español “REMES: Asociación CEDRO: Asociación de Escritores y Artistas españoles) Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha: CAPÍTULO DE NOBLES CABALLEROS Y DAMAS DE ISABEL LA CATÓLICA Presidenta Club UNESCO Arquitectura de Piedra en Seco-Los bombos tomelloseros. Entre sus distinciones destacan Dama Andante Asociación Cultural “Quijote 2000”, Dama del Capítulo de Nobles Caballeros de Isabel la Católica. Molinera de Honor de Campo de Criptana Algunos de sus premios literarios son: Ciudad de Montoro, Premio de Poesía “Reposo Neble”, Bollullos Par del Condado (Huelva), Premio Internacional de la Casa de Andalucía de Benicarló, Premio Nacional de Conil, Pastora Marcela de Campo de Criptana, Lola Peche de Algeciras, Premio Ciudad de La Roda entre otros...

viernes, 28 de junio de 2013

Me sorprenden los dibujos de los niños; tienen un secretismo mágico junto a la belleza del silencio del que se nutren las manos de los niños.
Me admiran sus formas universales  sin temor a ser juzgados por críticos de arte.
Cuando dibujan se recogen  íntimamente  exentos de vanidad dejando en los trazos el alma, la vida sin sombras.
En el papel en blanco la vida aparece con las  mismas  líneas  que el  de las cavernas.   Salen de sus manos todo el equipaje de los colores fuertes; rojos y granates, naranjas y verdes, marrones y rosas, azules y malvas…  todo es primitivo esquemas y símbolos que yo reconozco y que ellos transportan desde su ignorancia  nutrida de génesis.
Más allá de del círculo de nuestra cultura emerge el ancestro.
En esos dibujos la creación se muestra y cabe decir que si les dejaran a todos los niños un tiempo  sin televisiones y sin tanto ruido…  entre sus dibujos veríamos las grutas  que ayer habitamos, las que decoramos con trazo emergente.
Respeto su creación desde la distancia con la emoción de quien sabe que asiste a un único momento. Los miro y aunque quiero recordar la niña que ayer fui jamás lo he conseguido.
Dibujan y sobre ellos se proyecta el misterio que envuelve lo que serán mañana.
Ellos lo ignoran y mañana no recordaran cuando dibujaban corazones y árboles con el dominio intacto de quien captura un río sin saber geografía.
Cuando me regalan sus obras llenas de colorido carezco de palabras.  Son obras inigualables lanzadas al infinito de la ilusión primera, sin aristas ni escuelas que les pongan un cero: todavía ante ellos no han llegado los depredadores del arte.

                                                                                                                                                     Natividad Cepeda  

Arte digital: N. Cepeda






jueves, 27 de junio de 2013

Desde hace tiempo compruebo que las cosas pequeñas carecen de importancia para la mayoría de las personas.  No queda tiempo para admirar como brota un tronco roto en el pequeño habitáculo ordenado en una acera para un árbol urbano.
Ocurrió hace ya un año que de pronto un coche dio marcha atrás y tronchó por la mitad el tronco de un joven árbol. La fotografía del aparatoso suceso se colgó en periódicos y ventanas de ordenadores, al día siguiente unos empleados municipales cortaron a ras de tierra el árbol mutilado y ahí quedo el cuadrado del adoquín en la acera, sólo y silenciado, sin otro elemento que la tierra rodeando al tronco.


Con la llegada de esta primavera preñada de agua, ha brotado el árbol de hojas, el seco tronco,  a diario, al mirarlo, pienso si será posible que vuelva acrecer en paz sin que la barbarie in cívica de los ciudadanos urbanos lo vuelvan a matar.
Es pequeño y frágil, hermoso y verde estirando sus hojas al sol y al aire. Ha brotado a pesar de apenas tener tierra,  si lo dejan los bárbaros actuales, crecerá y volverá a ser un árbol para da sombra y dejar que en sus ramas se posen gorriones y golondrinas y también las palomas que nos destrozan tejados y obstruyen tubos de respiraderos y nos contaminan con sus excesivos excrementos.


Lo miro cada día al amanecer, cuando la calle se despereza de la noche estirando sus brazos llenos de luz por las arterias de la ciudad. Es un pequeño bulto de pequeñas hojas, es un niño-árbol que sueña y lucha por ser mayor si lo dejan crecer. 

Junto a él veo pasar a hombres de piel negra con paso migratorio y a mujeres de paso rápido camino de no sé qué trabajo… y coches, bicicletas y un autobús que llega puntualmente a las siete y veinticinco minutos y se para  hasta que suben trabajadores de una empresa. 
El pequeño arbusto, no otra cosa es por ahora, pasa inadvertido para todos, hasta para los barrenderos municipales que parecen venir derrotados de barrer las últimas estrellas de la noche y barren blandamente y sin brío los excrementos masivos de los perros  que sacan a pasear sus dueños y dueñas, dejando por doquier orinas y suciedad por las calles y plazas sin el menor pudor ni vergüenza.  
Es una moda urbana actual, sacamos a pasear al perro y aparcamos a niños y ancianos en centros para esas edades…  



La brisa del amanecer mueve las ramas de los árboles y despierta a la ciudad derramando sus rosas escarlatas por las pequeñas cosas de cada día.
Miro al árbol resucitado y pienso en mi hija lejana y ausente cuando escucho hablar en otros idiomas a esas gentes que buscan aquí lo que nuestros jóvenes buscan en otras ciudades del mundo.  Árboles pequeños;  ojalá que puedan resucitar y los dejen vivir dentro de la torre de babel en la que convivimos.



                                                                                                                  Natividad Cepeda







Arte digital: N. Cepeda

lunes, 24 de junio de 2013

Dicen que la noche de San Juan es una noche mágica. ¿Quién lo sabe?
Aseguran que el fuego es la purificación de todo el mal ¿Quién lo invento?
Y además está escrito que hoy se recuerda a Juan el Bautista, aquél que bautizaba en el río Jordán y reconoció al Hijo del Hombre llamado Jesús de Nazaret al que seguimos muchos sin conocerle apenas. Quizá porque a fecha de hoy su mensaje es demasiado difícil y después de miles de años  hemos cambiado poco.
Tan poco que todavía se le corta la cabeza  a quienes se atreven a enfrentarse al poder.  ¿Acaso no es cortar cabezas dejar de morir de hambre a millones de personas? O no lo es ¿dejar sin trabajo a millones de desempleados? 
Si Juan Bautista llegara hoy a nuestras calles se le taponaría la boca  por tantas cosas… También se corta la vida a los que injustamente se les quita la ilusión y la fe en los que dicen ser los servidores del pueblo: Ser servidor del pueblo no es amasar fortunas impunemente y medrar privilegios para sí mismo , familiares y amigos, creo que todavía Herodes se reencarna en muchos mandatarios del mundo.
De nuestro mundo cercano y del otro del que nos llegan noticias lejanas y perdidas de miseria y dolor.

Ojala que algún año de cualquier siglo  se dejaran de cortar las cabezas de los que denuncian injusticias.



                                                                                                                                Natividad Cepeda


Arte Digital: N Cepeda

miércoles, 5 de junio de 2013

Juan de Ávila: palabras de amor

Alguien entre rendijas murmura una oración.
Acaricia el crepúsculo  plumaje de palomas
frente al color escarlata de la tarde.
Sobre mi cabeza hay un trémulo concierto
de jilgueros en el templo dorado de la tierra. 
Revela el atardecer del día sombras viajeras
sobre hazas, caminos y ciudades.
Apenas, la luna,  es espuma de nata
sobre el azul del cielo, cuando por Almodóvar 
parece oírse a Juan de Ávila asegurar
“las almas se ganan de rodillas”;
fe de amor que movió su montaña
por encima de siglos y de gentes.

 Se estremece la Historia al eco de sus pasos.
En acordes de místicos,  nos parece escuchar
sus consejos, a Teresa de Cepeda
 y a Ignacio de Loyola: rebeldes con el mundo
y fieles a Dios;  la única verdad que los sostuvo.
Solemne peregrinan a la Casa del Santo 
suave luz de  estrellas. Quieto, un gorrión,
reverencia  desfile inmediato de luceros
ignorando el ruido de la calle.


Duerme Almodóvar del Campo
mientras pasea por el pueblo eterna misericordia
de uno de sus  hijos, nacido para el cielo.
Poco a poco se borran los contornos de las cosas
y se adueña en los árboles la quietud.
En los jardines públicos apenas hay otro sonido
que el de la oración callada, y en silencio
cruzando imperturbable, todavía, Juan de Ávila,
España, necesita ser evangelizada.


Pobres todos nosotros sin deseos de que tu espíritu
nos cubra con tu aliento. Pobres, por no llamarte
para que regeneres nuestra vida vacía de valores.
Tu monumento humano lo hiciste de palabras
de amor, de sencillez y generosa entrega a base
de  renuncias. Escruto esta vieja armadura de mis huesos
mientras te busco en tus escritos. Eslabón  que me une
al reflejo del sol en los sembrados, y a la paz de la espiga
frente al destello  de la luna  en pueblos y olivares.

Tu corazón, tierra de sosiego y camino sin límites
fue  lámpara exenta de rencor a pesar de agravios
y ofensas recibidas. Hoy cruza en el presente tu mensaje,
actual y vigente, por los ordenadores del siglo veintiuno
porque  la muerte no pudo apagar tu luz. 

Siento el dedo de la noche sobre mí, sin desvelarme hacia donde
iré en el futuro: pido que mañana, cuando cruce esa orilla
habitada de sombras, en el meandro de mi río
tus enseñanzas sean mi guía, Juan de Ávila,
corazón varado en el amor de Dios eternamente.

Desnudas mis pupilas peregrinan en busca de tus pasos.
El tiempo es ensueño por el que salimos a tu encuentro.
                       
                                                                                      Natividad  Cepeda



Publicado en el Periódico Iglesia en Almodóvar
Accésit Certamen Poesía Almodóvar del Campo 2012