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Natividad Cepeda: escritora, articulista, poeta: pertenece y es miembro de la Academia de la Hispanidad, a Red Mundial de escritores en español “REMES: Asociación CEDRO: Asociación de Escritores y Artistas españoles) Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha: CAPÍTULO DE NOBLES CABALLEROS Y DAMAS DE ISABEL LA CATÓLICA Presidenta Club UNESCO Arquitectura de Piedra en Seco-Los bombos tomelloseros. Entre sus distinciones destacan Dama Andante Asociación Cultural “Quijote 2000”, Dama del Capítulo de Nobles Caballeros de Isabel la Católica. Molinera de Honor de Campo de Criptana Algunos de sus premios literarios son: Ciudad de Montoro, Premio de Poesía “Reposo Neble”, Bollullos Par del Condado (Huelva), Premio Internacional de la Casa de Andalucía de Benicarló, Premio Nacional de Conil, Pastora Marcela de Campo de Criptana, Lola Peche de Algeciras, Premio Ciudad de La Roda entre otros...

viernes, 18 de mayo de 2012

El Altar de la Virgen en Mayo



                                                                               "El amor halla su expresión
                                                                                 más plena en la oración común"
                                                                                                                Juan Pablo II  
                                                                                          


A las cinco se empezaban "Las Flores". Siempre a las cinco.
A las cuatro se abría la puerta de la casa, se dejaba entornada
para que las mujeres penetraran sin tener que llamar.
Antes, tía María, pasaba al oratorio,
encendía la lámpara central,
miraba los jarrones muy repletos de flores,
volvía a colocar las sillas en perfecta alineación,
se asomaba a la pila del agua bendita
y comprobaba que el agua cumplía su misión redentora.
Luego, llegaba al reclinatorio, tocaba su rosario de azabache,
y volvía a colocar los libros de oraciones dispuestos donde ella se arrodillaba.
Encendía los candelabros eléctricos dentro de la hornacina de la Virgen,
estiraba una arruga inexistente  de la alfombra persa,
aspiraba el aroma que las flores dejaban en la estancia,
y muy despacio elevaba sus ojos a la Virgen del Carmen,
y con delicadeza,  fervor y respeto, santiguaba su frente envejecida.
Desde la puerta el gato blanco y negro la seguía en silencio.
En el patio volaban  gorriones y golondrinas,
y el laurel  plantado en la desechada cuba del vino
estiraba sus ramas para tocar la puerta del santuario doméstico.

El aire se llenaba de aromas a cera derretida y  alelíes.
Del rosal trepador se desprendían pétalos muy blancos,
parecía con el sol dando en la piquera blanca de cal que acabara de caer  nieve.
Las rosas de rojo terciopelo competían con la celinda  y la albahaca,
con los claveles, los geranios de olor y el perfume de las lilas
que inundaban  el iluminado altar, donde ardía la lamparilla del aceite .
El tibio aire de mayo se colaba, y dulce rozaba los ángeles de escayola
que con sus manos juntas oraban en silencio.
Refulgía el Cristo de metal  reflejándose en el lienzo protegido con cristal
de Santa Rita, y jubilosos se movían los manteles de hilo blanco y encaje
de bolillos del altar. Mayo sonámbulo de fiesta crecía en sus aromas
 y se postraba a los pies de la imágenes, y un silencio con clamor
de aleluya se ofrecía en las lágrimas transparentes de la lámpara.
Apenas si la tía María respiraba, los ojos de la Virgen y los de ella
se encontraban, y entonces parecía que hasta allí el cielo hubiera descendido.
Poco a poco iban llegando las mujeres,
pasaban, y en silencio ocupaban cada una su silla Unos minutos
antes de las cinco la tía María encendía las velas del altar.
Cuando desde el reloj de la torre de la iglesia escuchábamos las cinco,
al unísono, cantábamos canciones a la Virgen.
Las voces se elevaban sublimes por el aire, y hasta los gorriones y las palomas
rezaban el rosario cuando con emoción y fe desgranábamos el Dios te salve María...



La Virgen nos miraba,
y en su contemplación sagrada y silenciosa
nos sentíamos en paz.  A costa de los años
se fueron esos días, el tiempo sepultó a las personas,
derribó la casa, y el modesto jardín pereció con su dueña,
y un misterio de sombras de recuerdos y nombres
se quedaron prendidos en los días de mayo.
Dios te salve María...
mis labios, una a una, repiten confiados la oración
que aprendí en mi infancia, y al hacerlo una onda ternura
me renace en el alma. Dios te salve María, prólogo de mi vida,
belleza sin crepúsculo, aroma de otras vidas que descansan en Tí.




Dios te salve María
en las tardes de mayo, en las de abril y junio, también en las de agosto
y septiembre, en las noches de marzo de enero y de diciembre,
de   octubre y  de febrero y con noviembre pidiendo por las ánimas.
Dios te salve María toda llena de gracia
en el calor de julio a la hora del Ángelus. Te rezo Madre nuestra
desde la sencillez e ingenuidad de la oración del pueblo con mi fe
hacia adelante, con la huella en mi alma de aquél altar de mayo.


 Natividad Cepeda
                                                                                                     










Premio ferias y Fiestas Mota del Cuervo 2008
Fotografías: N. Cepeda

lunes, 7 de mayo de 2012

Señales para el camino de una romería


                            



         Apenas si quedaban coches en al aparcamiento de Pinilla cubierta por un manto de estrellas relucientes. El sol continuaba su viaje hacia el Este y por el cielo cruzaban aviones persiguiendo rutas lejanas en otros continentes.  Se aferraba la noche  velando con su bruma la ermita de  la Virgen. Un silencio  profundo cubría de misterio los campos labrados que rodeaban el recinto. Como un labio extraño del entorno, la carretera de asfalto, despedía a los últimos coches camino de las luces del pueblo.

La quietud del espacio invitaba a pensar en el hondo misterio de creer en la Virgen que en silencio, callada y en pie, sostenía a un niño con el mismo cuidado que las madres sujetan a sus hijos. Parecía  al mirarla que de un momento a otro caerían de sus manos el niño y el racimo que pendía de la otra Todo era silencio sin brisa, sin estruendo tan sólo roto a veces por los pequeños roces de la tierra al moverse en su girar continúo.
Incluso estorbaban las farolas con sus luces rompiendo el hechizo infinito de una noche distinta. Pasó por las alturas unas aves nocturnas y algo se rebulló en la hierba  con el sentido alerta de preservar la vida. Adentro la Virgen sonreía  como sonríe la aurora cuando empieza el día. Todavía el verde de las pámpanas no se mecía al viento pero si acariciaba con sus pasos etéreos las siembras sin bridas ni relentes. Convergían alrededor del templo incesantes estrellas fugaces que al desaparecer se convertían en sombras entrando hasta el templo. Los escasos romeros que se habían quedado a dormir en Pinilla, evocaban en sueños, el trajín del día y de pasadas romerías.

La noche no impide testificar que, siempre, los romeros, regresan para entrar al templo y rezar postrados de hinojos ante la madre eterna que es María Santísima, llamada en este lugar de las viñas. Señora de los campos de viñas, nimbada por el sol de los campos, por la lluvia que bautiza cosechas y por la tierra que canta con sus hijos himnos de salutación también, en los silencios nocturnos de los cielos.
No otra cosa es peregrinar de romería que una confidencia del alma en su largo peregrinar en pos de todo aquello que es  sagrado y se guarda bajo el magma infantil de los recuerdos.

 Rezar es lo que hicieron ayer los campesinos llevando cogidos de sus manos a los niños nacidos de su estirpe. Rezar por supuesto, y pedir que la Madre María Santísima de las Viñas, retomara en sus manos todos los racimos que todavía por abril pueden llegar a tiritar de frío, y eso representa la ruina de la casa, y de  esa catástrofe que pende del cielo los salva ayer y hoy, aquello que llamamos divino, perdurable por encima de avances y satélites sabios captadores de nubes y tormentas.

Romerías con romeros que no se cansan de pedir la gracia de ser hijos protegidos; así, sencillamente, con los labios callados en íntima oración pidiendo por los hijos y también por la esposa, por el marido y el hermano que enfermó, por la falta de trabajo que se busca y no llega, por el que está en el hospital y no mejora, por el que se olvidó de sonreír y se nos muere lleno de angustia depresiva…
Calla la noche y calla el día en toda romería porque escucha las múltiples plegarias de todos los romeros que a pesar del jaleo rezan, cada cual a su manera, pero importa poco como sea la plegaria, lo que importa es llegar a Pinilla y encender un velón para que esa luz ilumine la vida.
Desde antiguo arranca la costumbre de enseñar a los niños que hay que salir a la calle del pueblo a esperar a la Virgen. Una calle tan solo para esperar unidos el paso de la Reina del cielo al son de campanillas  moviéndose a tumbos, temiendo todos los espectadores, que el niño se le rompa y se caiga el racimo de sus dedos chiquitos.
Y en medio del jolgorio admirar la esbelta figura de María de las Viñas, la Santa, la Madre que con leve sonrisa reparte confianza en todos cuantos miran su rostro tan sereno…

Romeros con la risa pronta en los labios, orgullosos de ser tan diferentes de otros romeros de los pueblos cercanos o alejados. Romeros vestidos de domingo para esperar a la Patrona con sus mejores galas, o venir otros acompañando  a pie, a caballo, en coche o carro detrás de la hermosa Virgen que veneran.
Cortejo de romeros con la filosofía de esconder lo que sienten entre la broma autóctona, y responder con su presencia,  lo  que se lleva en la sangre porque así lo enseñaron todos aquellos que en la noche romera convertidos en sombras entran en la ermita a rezar a la Virgen.

Un gesto de oración en mitad de la calle llamada de Socuéllamos, diferente y festiva esa oración tomellosera,  pero limpia como el agua del bautismo que cae sobre la frente y nos hace sus hijos. Un gesto como emblema de que nada se olvida, vocablo que se nos enseñó en la infancia, invisible como la fe profunda que lismonea ayuda para los que están y para los que nos esperan en el cristal del tiempo.

Romeros de Tomelloso, caricia sin fisuras  a la Madre de Dios, cuando en nubes de polvo recorren la feria de Pinilla llena de chiringuitos, pero siempre ha sido así, rezar y llegar al lugar de oración para comer en paz. Señales de cualquier romería  que marcan el camino trazado de la historia y entregan el testigo a los que seguirán portando a la Virgen  en los años siguientes. Vinculación vernácula de un pueblo alegre y fervoroso   que ora en medio de la calle y de la plaza, a su modo y manera, sin ningún artificio.


                                                                                                             Natividad Cepeda




Fotografías: Paisaje nocturno Inmaculada Lara Cepeda "Maku"
Virgen de las Viñas en la calle Socuéllamos N. Cepeda 

Publicado en El Periódico del Común de La Mancha abril-mayo de 2012 Comarca Tomelloso-La Solana-Manzanares
en Diario Lanza de Ciudad Real abril 2012