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martes, 13 de mayo de 2025

Invisibles cicatrices del mes de mayo

 

                  

 


Pasan los días de mayo con su luz de tormentas y lluvias de tránsito deseadas y temidas entre esta dudosa realidad que nos rodea de fracasos y anhelos suspendidas en las horas de cada día vivido. El granizo caído ha golpeado economías dejando áspera la esperanza en los pentagramas humanos. Es este tiempo empedernido de fracasos donde a media voz y entrecortadas palabras la gente habla de lo que sucede con cierto temor a ser oídos con aire indiferente para ocultar la incertidumbre que crece alrededor.

Mayo se llena de quimeras similar al monstruo mitológico vomitando fracasos y desencantos entre railes y trenes que no llegan a su hora con la triste balada de no ser escuchados por los que nos gobiernan. Mayo que es todo luz y belleza nos dejó una noche a oscuras encendiendo velas y candelabros en habitaciones y buscando linternas y pilas para alumbrar el desamparo y la impotencia de no comprender lo que pasaba.  Nos quedó los destellos de estrellas diminutas en el cielo oscuro de la noche bellísimas en su resplandor, y también en el miedo ancestral de los que tuvieron que regresar a casa andando sin otto medio que sus pasos perdidos en las ciudades a oscuras.

Nos sentimos pequeños y perdidos sin nuestros guías de móviles tan seguros hasta esas horas donde la comunicación dejó de existir.  Y parpadeamos en ese tránsito de horas arrastrando la desazón de sentirnos borrados de los mapas tecnológicos.  Los días han pasado y como rebaños guiados de pastores insulsos hemos acaparado, por si nos vuelve a ocurrir, todo aquello que no necesita tecnología, o al menos que no depende de la electricidad, para sobrevivir en otros apagones. La confianza se ha resquebrajado en la cotidianidad y oscilamos a tientas escuchando palabras que no nos dejan tranquilidad.

Mayo nos lleva por caminos angostos sin que nos digamos nada, salvo en pequeños diálogos plagados de cúmulos de noticias que apenas si podemos asimilar y comprender en la deriva global en la que estamos metidos, sin obviar los hechos que se nos muestran en nuestro propio país desplegado en horizontes diversos donde el fraude y la falacia es un hueso duro de roer.




Pero quién no se olvida de todos estos derroteros al contemplar el vuelo de las golondrinas llegadas de tan lejos y la ebriedad de la naturaleza en este mes de mayo donde la tierra, la nuestra, resplandece de belleza? Nos acogemos a esa porción de belleza para olvidad los rugidos de tanto vocero inútil que nos manipula sin ética alguna. Porque hay demasiadas voces cuajadas de ansiedad en las listas médicas de consultas de Centros de Salud y de hospitales y en el desaliento de pagar impuestos demasiados altos por los recursos necesarios a diario; enumerarlos no es necesario los que los pagamos los conocemos.

Mayo empedernido nos trae los niños ataviados para recibir su primera comunión con la ilusión de la fiesta familiar sin entrar en si la fe en Jesucristo es real o ficticia. Y nos entra en ferias de libros en pueblos y ciudades con efusión de autores y libreros al margen de que se vendan libros, que para eso son las ferias.

Sin olvidad ferias de vinos y queso escaparates para vender nuestros productos que buena falta nos hace.

Es cierto que por los corredores de mayo también hemos tenido la elección del nuevo Papa, León XIV, caminante de misiones y americano por partida doble. Hecho histórico para católicos y para la sociedad global por sus mensajes de paz y fraternidad que tampoco andamos sobrados de ellos con demasiados conflictos bélicos en este mapa nuestro. Para mi demasiado tránsito de zozobra en el relieve de los mapas mundiales donde la vida humana apenas si vale algo. Y seguimos inmersos en soñar porque de no hacerlo nuestras horas y días serian demasiado inclementes y por eso buscamos volar con nuestros propios ángeles para olvidad, al menos algunas veces, que todavía hay buena gente honrada y capaz de tendernos las manos para transitar por esta vida a pesar de los que abusan de nosotros y nos dejan tirados a la intemperie de la desazón más horrible.



Mayo tiene esas cicatrices y algunas más en la penumbra de la tarde cuando el sol se oculta en el horizonte dejándonos su estela tornasolada con la promesa de volver al día siguiente, y es en esa antorcha de luz prometida por donde seguimos avanzando, zurciendo nuestros anhelos a pesar de tantos desencantos.

 

                                                                                                Natividad Cepeda

 

 

martes, 16 de mayo de 2023

Crónica del encuentro poético con el grupo Literario del Ateneo de Alcázar de San Juan y la Tertulia Literaria de la Media Fanega de Tomelloso

 








         Natividad Cepeda

Crónica del encuentro poético con el grupo Literario del Ateneo de Alcázar de San Juan y la Tertulia Literaria de la Media Fanega de Tomelloso

Por encima del tiempo transcurrido  procuro que la confusión no me trabe el camino andado porque olvidar  con los que anduve  sería tanto como traicionarme a mí misma.  Y es en esa senda donde a través de los años he mantenido amistades y 

encuentros con la poesía y con los que la sienten como voz propia. En ese periplo he perdido amigos y he encontrado otros y me caben en mi vida como tesoros recibidos hasta el día de hoy.  Entre ellos los integrantes del Ateneo de Alcázar de San Juan a través de los años y los de la Tertulia Literaria de la Madia Fanega de Tomelloso con los que asistí a su fundación hace casi una treintena de años.

El amor, incluso en literatura, es compartir y abrir puertas para conocerse y brindar encuentros y ampliar amistad, también en lo poético, y ha sido así como se ha dado el encuentro entre dos grupos cercanos geográficamente, Alcázar de San Juan y Tomelloso, alejados a través de los años. Todo surgió el pasado mes de abril  en la presentación de mi último libro publicado, “Con la sed de todos” en el Centro Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Tomelloso donde fui acompañada por miembros de las dos agrupaciones -entre otras- y al finalizar el acto, los del Ateneo sugirieron hacer su primera parada de las veinticuatro horas de poesía itinerante  que hacen anualmente en Tomelloso, y en el salón del Centro por ser excelente marco para ello; se me sugirió y se lo comuniqué al párroco José ángel Martín Acosta que accedió a ese encuentro.  Y esa misma noche, del  quince de abril, pensé que los anfitriones debía ser  la Media Fanega comunicándoselo  a la actual presidenta Pilar Valentín. El encuentro se preparó y como antaño la iglesia acogió en su centro a los poetas de ambos grupos.

Regresar a los orígenes de donde se representaban obras literarias al pueblo llano ha quedado en el olvido de las gentes, salvo de los eruditos, pero he aquí que en la mañana del doce de mayo de 2023 la poesía de los poetas de los pueblos se unió creando un puente de amistad gracias a los versos y al salón de una iglesia que generosamente les abrió sus puertas.

La crónica fotográfica de esa mañana la hizo, Javier Cepeda, de la Media Fanega, recogiendo imágenes del acto y de los poetas que intervinieron. Escuchamos al  presidente del Ateneo Luis Ángel Ajenjo, atento al reloj, por la premura del viaje itinerante que realizaban. Al finalizar nos hizo entrega de libros, vinos y las famosas tortas de Alcázar de San Juan, pagando así nuestra acogida. La actual presidenta de la Media Fanega, Pilar Valentín les hizo entrega de un pergamino con un poema referente al nacimiento de la Media Fanega…Entre los asistentes,  Mariano Lizcano, que fuera presidente del Ateneo y María Moreno, presidenta anterior de la tertulia Literaria de la Media Fanega durante diecisiete años: muchos otros nombres de poetas y amigos desgranaron versos en ese recital por lo que escribir esta crónica es una especie acta notarial  imprescindible para el recuerdo de lo acontecido.

 No siempre se abren puertas a los demás primando lo personal por encima del encuentro sin tomar la palabra, así lo hizo el sacerdote José Ángel Martín Acosta, asistiendo a la lectura. Las palabras de los poetas rozaron el sol de la mañana de mayo calentando el corazón de los asistentes: solo ellos, poetas de los pueblos vestidos de palabras esperanzadoras e ilusión:  sus voces se fueron sucediendo como juncos mecidos por la brisa de  la mañana.

Sumar versos es sumar sueños abandonados en el desván de la vida y al hacerlo se escriben de la memoria y derrotas personales que se guardan en las alforjas íntimas de cada uno.  Tan increíble y necesario es que los encuentros se dan en infinidad de lugares geográficos ignorando que si nos asomamos a nuestras propias vibraciones escuchamos al juglar de hace siglos reencarnado en nosotros mismos.




Vivir es tan apasionado que sin pasión estamos muertos. Con pasión olvidamos que la vida pasa rápida como un aleteo de alas por el azul del cielo, y con ese aleteo  

permanece la ilusión de los poeta. De los aprendices de enlazar palabras hasta convertirlas en versos. 

Julio Llamazares  ha escrito que “Las librerías están llenas de libros escritos por gente que no son escritores. Escritor es aquel que seguiría escribiendo aunque no le leyeran ni publicaran, porque tiene la necesidad de escribir”. Es una certeza a medias, nada más que a medias, porque  gracias esos escritores desconocidos fluyen libros  diversos en el mar  de la literatura actual. Y me atrevo a asegurar que entre esos escritores  hay  hallazgos literarios como también entre los escritores de grandes editoriales los hay mediocres.

Por todo ese fluir es positivo encontrarse y escucharse los grupos literarios y estrechar encuentros con los más cercanos porque las barreras kilométricas ayudan sin necesidad de gastos excesivos en desplazamientos. Sobre todo cuando la economía es flaca para invertir en poesía. Es evidente  que hay que leer, y volver a leer a diario, para no desmayar de hambre de buena literatura pero sin olvidar que soñar y crear no evitará sentir la soledad de la muchedumbre al no ser escuchados. Escuchar es aprender a conocer a los demás, incluso a los poetas anónimos que nos rodean.

Natividad Cepeda

martes, 21 de mayo de 2019

Mi adiós a Jerónimo Calero, poeta manchego y amigo


                      
Amigo y compañero de palabras y  rutas soñadoras, también de soledad y de tristeza y de tantos acontecimientos que se van por el filo agridulce de la vida se nos ha ido Jerónimo Calero Calero en este mes de mayo plagado de golondrinas y amapolas  de todos nuestros pueblos manchegos.

Jerónimo Calero tenía el latir de la tristeza de la tierra,  palabra sincera en el dialogo y la duda de la existencia para después de la vida; me lo dijo la última vez reunidos con los poetas de Oretania.  Y su mirada era tan cierta como si en cueros vivos te mirara. Escribía para no dejar de vivir y  así repartir en sus poemas desgarros y sueños de él mismo.  Era como la tierra nuestra, un poco de Quijote y mucho razonamiento de Sancho, cuando hablaba de la familia y de la vida. Jerónimo ejercía de poeta incluso cuando ahuyentaba pesares de lo que no le gustaba de los avatares de la vida.  Porque los pasos que damos  a través de los años a veces no nos llevan a donde soñamos de jóvenes y en esos encuentros fortuitos que, vivimos en los encuentros poéticos, dejamos libertad a las palabras del encuentro.

Versificamos con lo cotidiano en busca de ese misterio que no se palpa pero que sí sentimos.  En su busca somos peregrinos del estremecimiento adentrándonos en las cuevas del ingobernable latir de la existencia con la única alternativa, de escribir un poema para dejar en él nuestra propia huella. Porque no dejar huellas es no haber existido.

Se ha teñido de negro este día al decir adiós a un poeta. Y todo sigue igual. Y nada cambia porque somos peces en el mar de la tierra.  La idea de la creación es la misma idea de la creación poética, perdurar en los otros gracias  a un libro: no extinguirnos dentro del entramado generacional donde todo se olvida y se oxida. Y Jero, lo sentía, como tantos otros.
Doblarán las campanas por ti y retumbarán en tu dormido lecho de la muerte  en ese bosque umbroso donde dicen que nos espera Caronte con su barca.  

Nos vestimos de negro a pesar de haber desterrado  ese color de nuestra sociedad pretenciosa de sabiduría y, tan estúpida como un payaso que ríe entre sus ojos pintados de blanco; porque a pesar de tanta bufonada cuando la muerte nos golpea no remontamos tan alto el vuelo como pretendemos mostrar. Y es cierto que me duele que te vayas Jerónimo Calero, poeta de Manzanares,  amigo de fugaces encuentros  y por tu partida toda yo me visto de negrura  a pesar de la claridad de los campos verdes de trigos y rojos de amapolas.

Quedan tus libros y tus poemas. Quedas tú en mi recuerdo. Quedas en el color del cielo que se tiñe de tristeza cósmica en el crepúsculo cuando en lo profundo del horizonte el sol se oculta y avanza la noche. Allí te buscaré con tu gesto triste y tu búsqueda de esos porqués inacabados. Y rezaré por ti en el silencio de mi fe, la misma fe que tú me dijiste que te faltaba la última vez que nos vimos. Quizá yo vengo desde antiguo oyendo la voz de Dios en sus orígenes y es para mí borbotón de luz enigmática para cruzar las brumas de tantos túneles sin luz.
Me llegan tus palabras en estos versos tuyos rescatados de un largo poema sobre el olivar…


“Por eso mi canción se toma estela
y deriva a merced de la corriente
que la trae y la lleva en un fundente
deseo de trazar la paralela

razón, para llegar a esta gemela
pronunciación, acaso diferente
porque trata de unir por la tangente
un círculo de luz y un alma en vela.

Jerónimo Calero”


Descansa en paz  desde el silencio de tu marcha y perdura en las páginas de los libros a pesar de la levedad de la vida.


                               Natividad Cepeda        

                        

 Tomelloso  21 de mayo de 2019

Fotografías de las web.

viernes, 18 de mayo de 2012

El Altar de la Virgen en Mayo



                                                                               "El amor halla su expresión
                                                                                 más plena en la oración común"
                                                                                                                Juan Pablo II  
                                                                                          


A las cinco se empezaban "Las Flores". Siempre a las cinco.
A las cuatro se abría la puerta de la casa, se dejaba entornada
para que las mujeres penetraran sin tener que llamar.
Antes, tía María, pasaba al oratorio,
encendía la lámpara central,
miraba los jarrones muy repletos de flores,
volvía a colocar las sillas en perfecta alineación,
se asomaba a la pila del agua bendita
y comprobaba que el agua cumplía su misión redentora.
Luego, llegaba al reclinatorio, tocaba su rosario de azabache,
y volvía a colocar los libros de oraciones dispuestos donde ella se arrodillaba.
Encendía los candelabros eléctricos dentro de la hornacina de la Virgen,
estiraba una arruga inexistente  de la alfombra persa,
aspiraba el aroma que las flores dejaban en la estancia,
y muy despacio elevaba sus ojos a la Virgen del Carmen,
y con delicadeza,  fervor y respeto, santiguaba su frente envejecida.
Desde la puerta el gato blanco y negro la seguía en silencio.
En el patio volaban  gorriones y golondrinas,
y el laurel  plantado en la desechada cuba del vino
estiraba sus ramas para tocar la puerta del santuario doméstico.

El aire se llenaba de aromas a cera derretida y  alelíes.
Del rosal trepador se desprendían pétalos muy blancos,
parecía con el sol dando en la piquera blanca de cal que acabara de caer  nieve.
Las rosas de rojo terciopelo competían con la celinda  y la albahaca,
con los claveles, los geranios de olor y el perfume de las lilas
que inundaban  el iluminado altar, donde ardía la lamparilla del aceite .
El tibio aire de mayo se colaba, y dulce rozaba los ángeles de escayola
que con sus manos juntas oraban en silencio.
Refulgía el Cristo de metal  reflejándose en el lienzo protegido con cristal
de Santa Rita, y jubilosos se movían los manteles de hilo blanco y encaje
de bolillos del altar. Mayo sonámbulo de fiesta crecía en sus aromas
 y se postraba a los pies de la imágenes, y un silencio con clamor
de aleluya se ofrecía en las lágrimas transparentes de la lámpara.
Apenas si la tía María respiraba, los ojos de la Virgen y los de ella
se encontraban, y entonces parecía que hasta allí el cielo hubiera descendido.
Poco a poco iban llegando las mujeres,
pasaban, y en silencio ocupaban cada una su silla Unos minutos
antes de las cinco la tía María encendía las velas del altar.
Cuando desde el reloj de la torre de la iglesia escuchábamos las cinco,
al unísono, cantábamos canciones a la Virgen.
Las voces se elevaban sublimes por el aire, y hasta los gorriones y las palomas
rezaban el rosario cuando con emoción y fe desgranábamos el Dios te salve María...



La Virgen nos miraba,
y en su contemplación sagrada y silenciosa
nos sentíamos en paz.  A costa de los años
se fueron esos días, el tiempo sepultó a las personas,
derribó la casa, y el modesto jardín pereció con su dueña,
y un misterio de sombras de recuerdos y nombres
se quedaron prendidos en los días de mayo.
Dios te salve María...
mis labios, una a una, repiten confiados la oración
que aprendí en mi infancia, y al hacerlo una onda ternura
me renace en el alma. Dios te salve María, prólogo de mi vida,
belleza sin crepúsculo, aroma de otras vidas que descansan en Tí.




Dios te salve María
en las tardes de mayo, en las de abril y junio, también en las de agosto
y septiembre, en las noches de marzo de enero y de diciembre,
de   octubre y  de febrero y con noviembre pidiendo por las ánimas.
Dios te salve María toda llena de gracia
en el calor de julio a la hora del Ángelus. Te rezo Madre nuestra
desde la sencillez e ingenuidad de la oración del pueblo con mi fe
hacia adelante, con la huella en mi alma de aquél altar de mayo.


 Natividad Cepeda
                                                                                                     










Premio ferias y Fiestas Mota del Cuervo 2008
Fotografías: N. Cepeda