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Natividad Cepeda: escritora, articulista, poeta: pertenece y es miembro de la Academia de la Hispanidad, a Red Mundial de escritores en español “REMES: Asociación CEDRO: Asociación de Escritores y Artistas españoles) Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha: CAPÍTULO DE NOBLES CABALLEROS Y DAMAS DE ISABEL LA CATÓLICA Presidenta Club UNESCO Arquitectura de Piedra en Seco-Los bombos tomelloseros. Entre sus distinciones destacan Dama Andante Asociación Cultural “Quijote 2000”, Dama del Capítulo de Nobles Caballeros de Isabel la Católica. Molinera de Honor de Campo de Criptana Algunos de sus premios literarios son: Ciudad de Montoro, Premio de Poesía “Reposo Neble”, Bollullos Par del Condado (Huelva), Premio Internacional de la Casa de Andalucía de Benicarló, Premio Nacional de Conil, Pastora Marcela de Campo de Criptana, Lola Peche de Algeciras, Premio Ciudad de La Roda entre otros...

sábado, 22 de diciembre de 2012

FUE EN DICIEMBRE



Ocurrió un  día; fue en diciembre,
de pronto, un niño
se hizo carne y habitó un lugar en la casa.
Cuando llegó, lo miramos,
y después de peinar canas
y de haber visto muchos niños
antes de que él naciera,
volvimos a mirarlo emocionados.
Volvimos a ver el milagro de la vida
y a sentir miedo por si después de verlo
le sucedía algo terrible y lo perdíamos.

En el cuaderno familiar,
donde se anotan los días tristes
en los que la muerte nos arrebata
una persona amada,
escribimos, que un niño
nos devolvía la esperanza.
Mirándole, comprendimos,
que un niño es mucho más valioso
que  lo que se puede comprar en los bazares.
Llegó y nos cambió el paisaje cotidiano.

Hubo que cambiar en la agenda fechas
y pedir disculpas a los amigos
por no poder asistir a comidas y cenas.
Tuvimos que hacer un hueco
 en las habitaciones
para cuando él llegara... 
Bajamos la cuna que dormía el sueño
del olvido en el trastero,
compramos colchón y biberones,
trona y juguetes, al mismo tiempo
que dejábamos de ver la televisión
para impedir que el niño despertara .
Las cosas importantes se redujeron
a mirar sus primeros balbuceos,
a indagar como le salía el primer diente,
y asistir asombrados
como al destetarlo su madre
se tomaba su primer biberón sin protestar…

En el transcurso de los meses asistimos
extasiados a escuchar sus primeras palabras,
su risa y su alegría al conocernos. 
Gracias a ese niño
el alma se vistió de gozo
                                   y fue un invierno diferente.






                                                                                                                                         Natividad Cepeda 

del libro “Camino de amor” finalista del Premio Mundial de Poesía Mística “Fernando Rielo” 2011


Arte digital: N. Cepeda

jueves, 20 de diciembre de 2012

Catálogo de Navidad


                                               
Con el resol del invierno abro el catálogo navideño con un índice desacostumbrado buscando la consolación que el destino deja sobre la herradura señalada en el polvo de los días.
En estos días hay que volver a cantar los villancicos de siempre; aquellos aprendidos al calor familiar cuando la familia hablaba con Dios sin complejos y sin tapujos.
Diciembre es el mes que busca pan dulce con sabor a mazapán y turrón sin reparar en el vestido de quien lo come.
Diciembre lleva impreso en sus días el dibujo de un niño nacido por amor, que es como todos los niños deberían nacer. Y por esa poderosa razón nos marca con su signo de lumbre las entrañas, y el reloj del invierno se postra de rodillas ante un portal simbólico que se contempla con respeto, y al que de labios adentro, pedimos protección para el huerto de la vida.
Por el paso del solsticio de invierno llega hasta nosotros la ternura disfrazada de ruegos envuelta en velos de alas angelicales para paliar el frío gélido de la desnudez  que origina la codicia.
Codicia de los que abren el catálogo de las firmas comerciales para seleccionar regalos de alto coste, olvidando, o ignorando a conciencia, la precaria situación de miles y millones de personas con rostro conocido, hoy también en esta España que ha vuelto a mendigar un plato de comida en los comedores de caridad de instituciones religiosas, la mayoría de ellas católicas, y también en esas otras que recogen alimentos en bancos sin divisas ni acciones, precursores de empresas solidarias.

Catálogo navideño empinado en la crestería del siglo que se nos prometía del ocio y el trabajo reducido, con sueldos fabulosos, que a la vuelta de unos meses se nos ha mostrado desolado, sin orilla que cruzar para alcanzar el paraíso del consumo.
Fragilidad con fondo de barrizal que nos nubla la vista en medio de calles ataviadas de frágiles mentiras selladas con fría luz de figuras de bombillas.
Este diciembre nos ha traído un beso de lodo miserable en el mar oscuro de la putrefacta política, que juega con los derechos de las personas, sin escrúpulo, dejando el alma desasosegada y con escaso atisbo de esperanza.


Se nos ha vuelto diciembre de espaldas ante tanto infortunio, entre murmullos de intrigas y evasiones de cantidades de euros, imposibles de contar, alojados en paraísos fiscales y asociaciones fraudulentas, a donde el ciudadano normal y con escasos recursos, no tiene, ni ha tenido acceso, por lo que todo se cierra a su paso.
Hojeando ese catálogo sórdido plagado de impurezas, resbala por las comisuras del alma la desazón de que si no miramos al niño que nos nace en diciembre, no será posible atisbar una pequeña luz de la estrella mensajera de amor.

Al amor de la lumbre del mensaje navideño todavía es posible acertar a ver la luz de las estrellas verdaderas, lejanas y bellísimas, misteriosas e inaccesibles pero necesarias al igual que la fe en Dios y en las personas.
Poca cosa es la fe cuando no aparece en los catálogos navideños de papel cuché ni en los anuncios televisivos. Pero Dios suena en diciembre con llanto y con sonrisas. Llanto por los niños asesinados en las escuelas,  en los campos de guerra, en la desahuciada batalla del  hambre diaria de los países paupérrimos. Niños dentro de la arquitectura del amor plagado de regalos y atenciones: Amados niños que sostienen la esperanza en su mirada franca y limpia confiando en el mundo que los rodea sin saber que les traerá el mañana. Rito de nacimiento remansando en la alborada del 24 de diciembre para festejar la venida del Amor, desde el regazo de una madre que sigue diciendo Sí a la vida del No nacido. Lo demás es pura banalidad, parva de  corderos en un belén de plástico o de barro que se contempla desde la ojiva del portal de Belén; cuando en esa ciudad la paz tampoco es lo que debiera ser.

El aire de diciembre nos trae el balbuciente llanto de un recién nacido  cuajado de amor fraternal y por ese discurrir dentro de un privilegio no entendido aún hoy, las gentes de buena voluntad siguen encendiendo hogueras en el corazón para calentar su orfandad.  Tiembla diciembre en sus cimientos por el gesto repetido de que Dios se acuerda de nosotros a pesar de la avaricia desmedida del rico que genera miseria, porque entre las manos del Niño Dios, hay antorchas de luz para los desamparados de la tierra. 


Por los entresijos del invierno, sin catálogo editado, se percibe el canto de los ángeles diciendo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad… En voz baja diciembre escucha el coro de los ángeles  por las calles rumorosas de gente,  a veces hay quien dice que ha pasado un ángel, y casi nadie lo cree. Si los ángeles se retrataran en papel cuché seguramente tendrían muchos seguidores y la Navidad dejaría de de existir.
Cuando el amanecer se santigua en las mañanas de invierno, canta tembloroso el orbe en ese instante, naciendo en el ajimez del misterio,  Dios en la Nochebuena.


                                                                                                                    




                                                                                                                                                       
                                                                                                                                                                 Natividad Cepeda

                                                                                                                                            

 Arte digital: N. Cepeda


sábado, 15 de diciembre de 2012

GEOGRAFÍA DE AMOR


 
Claustro  donde renaces de  amor iluminado,
Siervo de Dios, Ismael de Tomelloso,
escancia tu amor hecho plegaria por la  aldea global
donde ahora te buscamos. 
Silencio de llanura, llanto sin lágrimas, 
brote de trigo que en mitad de la cizaña crece. 
Viña de Tomelloso  para injertar valores 
a los jóvenes que ignoran  que Dios es el presente
el Alfa y la Omega, la única exigencia de tu vida
Déjanos tu cosecha, tu ejemplo de abandono                             
y sencillez, recuérdanos que quisiste ser de Dios, 
y para nadie más.
Pequeño amanuense, al que escuchó
el Señor, vengo con mi traje de sombras a que escarches de amor
mi vasta  geografía,
a que vele  tu amor mi corazón en  horas de tristeza.



Desde la profecía del ángel, desgrana con nosotros,
 las cuentas del rosario a Santa María a la que siempre oraste,
y cultiva en mi alma la heredad de tu amor,
para que a través de tu vida conozcamos a Dios.


                                                                                                                              



                                                                 Natividad Cepeda
                                                                                

                                              

Tomelloso, 2 de julio de 2009



Poema incluido en el libro “IN SILENTIO”
Biografía de Ismael de Tomelloso:
Autor Blas Camacho Zancada
Asociación  para la Canonización de Ismael de Tomelloso
Realiza: Ediciones Soubriet



 Arte digital: N. Cepeda

domingo, 9 de diciembre de 2012

Prosas de Alcandora un cuarto de siglo en Albacete


                                               

El libro de “Prosas de Alcandora” me llegó por correo postal gracias al regalo -no pagado- del escritor Manuel Terrín Benavides, sin dedicatoria alguna, similar a cuando llega la primavera con el sonido de la naturaleza al despertar del letargo invernal. Antología elaborada con quince autores y el reflejo de algunas de sus obras creadas. Literatura vernácula con sabor a cercanía a pesar de las grandes distancias que nos impiden conocernos a los autores manchegos. Autores no siempre conocidos en tertulias y círculos por donde se vanaglorian publicaciones que no  siempre son tan excelentes como se venden en los comentarios literarios de revistas especializadas. 

Prosas de Alcandora, es la constatación de la tenacidad de un grupo de escritores que han sabido mantener una tertulia durante veintiséis años; un cuarto de siglo plagado de nombres que han dejado su impronta en el devenir literario de Albacete. Proceso no fácil de mantener por la complejidad humana inherente a la abstracción artística en cualquiera de sus facetas.

La razón por lo que nace una tertulia es siempre positiva por el bagaje enriquecedor que amplia conocimientos entre personas de ambientes dispares al poner en común experiencias que ayudan a consolidar amistades y compartir afinidades comunes.                                                                                                                     

Más de un cuarto de siglo es mucho tiempo de permanencia escuchando teorías y obviando  envidias soterradas, en ocasiones, por el éxito de unos, que no siempre es el de otros. Actitudes que honran a los tertulianos al permanecer inalterables al paso del tiempo sus encuentros, incorporándose nuevos nombres y despidiendo con el último adiós a los que se fueron físicamente, no sentimentalmente, al recordarlos en la solapa del libro con nombres y apellidos, hecho que hay que resaltar por la generosidad y aprecio que sienten los que han editado de su propio peculio este libro, con aquellos que compartieron tiempo, sueños y lecturas en el pasado.

Alcandora es insistencia de creación  sin ambages de la palabra: empeño en dejar correr las ideas al socaire del abrigo de la pasión poética. Romanticismo de la nueva escuela del siglo XX, que ha trazado el sendero del siglo XXI, para evitar caer en los atolladeros individuales de la soledad de los escritores, tan necesaria y a la vez tan temida. 

Y es con las antologías publicadas de poesía y prosa que se pone un broche de capacidad creadora y unificada, a las reuniones semanales de los escritores que firman los trabajos publicados.
Gremio insigne regido por la profesión de escritor, sin ordenanzas especiales, donde nunca se termina de aprender el oficio. Porque en el intercambio del dialogo estriba  la solidez de las tertulias de Alcandora.


Albacete queda algo lejos para otros colectivos literarios de la geografía española, no así los libros, que tienen la facultad de llegar a las manos de quienes los abrimos  para posar nuestros ojos en sus páginas y empaparnos de su contenido. Gracias al galardonado Manuel Terrín Benavides, por sus máximas calificaciones en premios obtenidos nacionales e internacionales -le pese a quien le pese- como reconoce en el prólogo Domingo Henares, cuando afirma “La palabra Terrín es premio a secas” y también que “lleva sus dedos anillados de versos afluentes”,  devoro con placer la lectura de estas prosas, donde el prólogo  impecable de Domingo Henares introduce a su lectura y al conocimiento detallado de los autores que engrosan el volumen con pinceladas certeras sobre cada uno de los autores desde José Albadalejo Martínez, de prosa limpia y sin afeites, a Isidoro Ballesteros Ruíz, tela de araña de ramificación literaria, Francisco Bonal, o la intimidad de sus versos, Juan Lorenzo Collado, valorado por jurados de altura, Antonio Galdón Sánchez, prosa  poética y sugerente, Mercurio García Iris, muestra suficiente de narración descriptiva, y Francisco Jiménez Carretero, de prosa minuciosa, surcada de pensamientos altos, a  Román Casa Gualda, nostalgia de un relato que se lleva guardado, Martín  Jiménez Vecina, palabras minerales afloran artículos y poemas, junto a Teodora Lozano Garrido, espacio circunscrito de bondad, M. J. M. Arellano, quicio del tiempo donde no sabemos si estamos, y Alfonso Ponce Gómez, retratos breves con la maestría de los buenos toreros, además de Daniel Sánchez Ortega, con una crítica sazonada de ironía, para terminar con Jesús Tomás Tomás, metáfora del tiempo que a todos nos compromete… El prologuista confiesa que se leyó todos los trabajos que integran la obra y a buen seguro que es cierto, porque de no ser así el esbozo escrito de cada uno de los autores no sería posible.

“Prosas de Alcandora- antología” ha sido publicado por  ediciones QVE por los autores. Diseño de portada de Javier Jiménez Hiniesta. En la contraportada fotografía a color de los componentes de Alcandora con texto sobre lo publicado en el libro. Entresaco esta frase   “dejar libertad a cada uno de los autores para expresarse según sus cualidades y preferencias” porque es donde se comprende que esta Asociación Literaria de Alcandora siga adelante después de cumplir veintiséis largos años de permanencia.
Todo libro publicado es testimonio para el futuro.



                                                                                                               Natividad Cepeda



Ate digital: N. Cepeda





lunes, 3 de diciembre de 2012

PRECISAMENTE EL AGUA ES IMBORRABLE


No hay coro de cigarras. Sólo lluvia,
regresan Gustav Mahler y Vivaldi
lloviendo con sus notas
orquestadas sin oboe ni clarinete.
Tras el cristal contemplo ahora el diluvio.
Infinidad de veces me pregunto
dónde la lluvia nace.
Y dónde su compás y en cada gota.
De qué isla partió la primer nube
sin timonel ni eslora.
Bien quisiera el cuenco de mis manos
sostener la nobleza del agua y mi treintena.
La ternura de un poeta del sur.
los ojos del invierno.
La infancia tan ingenua.




Cae agua en San Carlos del Valle.
Místicas gotas humedecen su catedral en éxtasis.
Su ventana oval sin multitudes.
El salmo sin clérigo ni mitra.
La frescura de piedra. Sus palomas.
Tiene miedo la lluvia en la ventana.
Llora tristemente un arlequín desde la torre.

No me doy cuenta que esta noche
el pánico es de Macu que delira.
Duérmete, nena mía, duerme, duerme.
Ahora al Parque Viejo llega un búho
a mirar con sus ojos el estanque.
Cien años hace que se fue Romeo.
Cien siglos funerarios de roble y de caoba
mojados salen a mi encuentro.
No en balde la noche gime y llora.
Un albatros se a muerto de repente.
Reza un navegante viejo el génesis.
Los ojos de una barca
pintados de corales lagrimean.

Derraman las estrellas un caudal de lamentos.
A estas horas Noé trasiega el arca.
Llueve por la estación a chaparrones.
Qué lástima no tener un canal
donde poder flotar una goleta.

Estoy mojada, cada gota es una herida
que recorre los minutos  de un mejillón
de cintura vacía  y triste.
Impregnados barriles calcinados
que atraviesan la mar,
pero yo estoy aquí, en esta noche,
mirando prisionera la lluvia en el balcón.
Envejeciendo paulatinamente
frente al mástil de cemento,
de la ciudad durmiente..







Poema del libro “Poemas para un hombre”
de Natividad Cepeda
Pliegos “Emaus” dePoesía
Colección dirigida por Valentín Arteaga
Ediciones Cátedra Cultural “José María Tomasi”
Madrid 1991



Arte digital: N.Cepeda

sábado, 24 de noviembre de 2012

Mujeres: ejecución constante


                                 
Escuchamos la palabra ha muerto bajo violencia de género como un soniquete natural entre nosotros. De tan acostumbrados a escucharla se ha perdido su significado brutal y terrible.
En el oscuro túnel de la muerte pasa fugaz esas muertes de mujeres a expensas de los hombres que las matan, olvidando que cuando una vida se extingue injustamente la sin razón nos salpica  a todos cuantos la consentimos.

Vivimos anestesiados por mensajes de tan desconcertado uso, que nos roban conocer el norte de lo que está bien o está mal. En el periplo de la vida esta trayectoria es nefasta, no sólo para el presente que nos atañe, también para el futuro próximo. Si rompemos con tanta facilidad el búcaro de la vida ¿quién nos salvará de las próximas muertes que los depredadores humanos imaginen y ejecuten?
Nada es nuevo en el círculo astral del universo humano. Si hojeamos los libros de nuestra propia historia hallaremos con facilidad datos escalofriantes acerca de ejecuciones siniestras. Ejecuciones orquestadas desde la religión y el poder reinante contra mujeres, niños y también hombres; pero sobre todo mujeres, unas veces como ofrenda a los dioses, otras como adulteras o brujas… Y en ese apartado macabro caben los niños para horrendos sacrificios del pasado al que hoy miramos como una prueba de civilizaciones bárbaras. Cuando pase este tiempo los que nos continúen nos juzgaran de igual manera, sin comprender, cómo se consintió que los mamíferos nacidos de la misma especie eliminaran, por motivos fútiles, a las hembras de la manada.                                                                                                                                 
No de otra forma seremos vistos que como nosotros vemos ahora a los animales depredadores que en su disculpan, matan para comer, y no para satisfacer un ansia de rabia y  venganza.
Y sonreirán tristemente al asociar un día señalado para conmemorar las muertes de mujeres, con el único pretexto de lavarse las manos, igual que lo hizo el pretor romano, cuando por cobardía consintió la muerte de un hombre justo.
                                                                                                                                                
Puedo seguir buceando en el pasado, y también en el presente, al recordar la terrible muerte por lapidación que se infería, y se infiere, a mujeres halladas en adulterio. Leyes todas ellas escritas en sociedades civilizadas, o al menos así han sido contempladas y todavía en algunos países del mundo, lo son.
No nos vale la ley de talión, que consiste en hacer sufrir al asesino el mismo daño que causó a su víctima, porque es incivil y en desuso, salvo para las mujeres fallecidas por muertes violentas que son exterminadas, amparados sus verdugos, en estas otras leyes que les permiten vivir a costa del contribuyente en confortables cárceles.
La vida es un eterno retorno sobre sí misma plagada de corrupciones obscenas con licencia para matar en la vida real sin el glamur de las escenas del cine. Y a veces el exceso de clemencia es un billete de salida para los asesinos disfrazados de locura temporal, mientras en las cunetas de la sociedad, acostumbradas al consumo de banalidades, la libertad de unos, se reduce al capricho de otros.

Es de extrema tristeza conmemorar el 25 de noviembre por lo inútil de esta conmemoración, cuando las muertes de 43 mujeres jalonan este año de 2012 en el mes de noviembre, curiosamente, dedicados a los difuntos en nuestra tradición. ¿Cómo olvidar en los meses siguientes, la telaraña que nos oculta este cruel exterminio sin buscar la clave que corresponde a este código de muerte?
A solas me pregunto si esto es una pesadilla, o si no lo es, quienes justifican la proliferación de estos crímenes cuando la cadena de muertes crece amparada en artificios de doble intención  a costa de las víctimas.

La vida arrebatada a esas mujeres es sombra cernida de amargura;  letargo de sopor y modorra de yeso cristalizado en sus tumbas, torvo gesto de los colmeneros del infierno en la matriz de nuestra sociedad, suma añadida a la crisis financiera esta otra crisis de valores perdidos a favor del desprecio y desdén por la libertad de la vida ajena.
Detrás de esas muertes camina nuestra propia muerte arrinconando el canto vísperal de cualquier fiesta. Por esa razón yo no celebro el día 25 de noviembre hasta que se encuentre solución a las ejecuciones de mujeres.


                                                                                                      Natividad Cepeda

                                               


Dibujos: María Jesús Martínez
Arte digital N. Cepeda



jueves, 22 de noviembre de 2012

La otra partícula de Dios: los niños ultrajados de nuestro propio mundo.



Noviembre tiene una fecha demasiado importante en su calendario referente al 20 de noviembre, pero precisamente porque es importante, pasa totalmente desapercibida y olvidada para la mayoría de todos nosotros.


Noviembre es un mes de luces y sombras a mitad de camino entre el otoño con su color dorado y su llanto desbordado de exagerado lagrimeo de ríos desbordados.
 Llanto de lluvia necesaria y temida, y puente por donde viene silbando el aire del invierno que para diciembre nos saluda con su beso helado en mitad de la calle y de los campos.

Noviembre suele acuñar fechas con sabor a nostalgia trasnochadas. Algunas oxidadas, como la herrumbre del hierro de las frías estatuas, emplazadas para indicar que debajo del pedestal del homenajeado, sólo queda el broce verdoso y amarillo, para retener la memoria del que nadie repara. En medio de ese baile de efemérides el tratado de los derechos del niño - de la niña- nos recuerda cada 20 de noviembre, que hay 193 países que firmaron velar por su integridad, apoyados por el comité  de 18 expertos en el campo de los derechos de la infancia por encima de derechos y  ordenamientos distintos. Se convirtió en ley  en 1990, aceptada también por España, quedando fuera de esa convención  Estados Unidos junto a Somalia, en ese tratado internacional de buenas intenciones que no siempre son efectivas en la defensa de la infancia.

La convención tiene 54 artículos que reconoce que todos los menores tienen derecho al pleno desarrollo físico, mental y social, y a expresar con libertad lo que piensan, sin olvidar la salud y el progreso en todo su contexto humano y cultural. Irrealizable sueño y utopía altruista de la que se ríen los poderosos señores de la tierra.
                                                                                                                                                        
Los dictámenes que se formaron para la CDN, que son las siglas del Comité de los Derechos del Niño, no son cumplidas ya que 18,000 niños mueres de hambre  y de sus secuelas a diario. Niños sin ninguna protección, maltratados desde la explotación consentida de políticos que agrupados en la cúspide del poder se olvidan de su propia infancia. Niños lejanos que no importan, salvo para ser empleados como mano de obra barata por inversores y accionistas de grandes cadenas de producción a nivel mundial. Niños ultrajados porque las leyes existentes se tapan los oídos y los ojos cuando son violados, agredidos y manipulados por gobernantes abyectos con los que se comparte almuerzo y alfombra, pasando por alto la agonía y muerte de esa partícula de Dios, que son todos los niños que vienen a la vida.

Me pregunto, ¿de qué sirven los documentos firmados en esas convenciones ante los escribanos de nuestra civilizada sociedad occidental? ¿Y todos esos congresos y conferencias en palacios de cristales impolutos, donde lo ceremonial prima por encima de la equidad y la justicia?  ¿Y los que a nuestro alrededor, desde hace un par de años, son desalojados de la vivienda familiar porque el trabajo falta, y la ruina se cierne sobre los manipulados ciudadanos de España y Europa  sin otro recurso que el del trabajo que escasea? Niños nuestros, con rostro, nombre y apellidos. Niños perjudicados por la avaricia desmedida del poder gubernativo en el que se ha confiado, con sus derechos pisoteados sin miseración alguna…

Pasará el 20 de noviembre sin gloria, con la pena de saber que los niños no dejarán de ser ríos desbordados en sucesivas generaciones, mientras los que los exprimen, olvidan qué la indefensión infantil es consecuencia de  leyes convertidas en papel mojado.


                                                                                                              Natividad Cepeda








Arte digital: N. Cepeda




sábado, 17 de noviembre de 2012

Sopa en vino, del libro “Memoria de lo usado” de Manuel Cortijo


           
       Me encontré con Manuel Cortijo en la pasada feria del Libro, en Madrid,  en los jardines del Buen Retiro adonde fuimos llegando escritores y poetas, casi todos castellanos-manchegos, junto a la caseta donde se presentaba el libro, Universo Narrativo, de la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha, que dirige Alfredo Villaverde Gil, y que era la más numerosa en público, también en ventas por lo que pude escuchar. Fue un agradable encuentro por la oportunidad de intercambiar opiniones con escritores y poetas  de diferentes círculos literarios madrileños, casi todos conocidos por su obra publicada. Manuel Cortijo, con su proverbial simpatía y llaneza manchega, en un momento del encuentro me acusó de no escribir sobre escritores de Albacete, seguramente porque en la Casa de Castilla-La Mancha de Madrid se recibe parte de la prensa de nuestra Comunidad y es donde se leen los artículos de opinión.

Me sorprendió la acusación y prometí enmendarlo en lo sucesivo. Días después me llegó el libro de poemas “Memoria de lo usado” de Manuel Cortijo Rodríguez editado por la Diputación de Albacete con fotografía en la portada de Miguel Ángel Blanco de la Rubia que se abre al lector con la dedicatoria A Luli, compañera de viaje. A la memoria de  mis padres, señales del camino. En la siguiente página  unos versos de Federico Gallego Ripoll para abrirse con el poema “Momentos”Situación de partida” donde el poeta que es Manuel Cortijo, nos adentra a modo de prólogo personal en el contenido del libro. “Momentos que si llegan a escribirse/ serán en clave velada, reservada al silencio” Así dice unos de los verso de ese primer poema. Se abre la primera parte  bajo el titulo Antes (cuando venía)  con tres versos de José María Valverde; marco para seis  poemas dedicados a María José Rodríguez, a su hermano Manolo, a José Luís Morales, a Miguel Galanes, a Eladio Cabañero y el segundo Sopa en vino a Sagrario Torres, poema con voz de pueblo y de raíces de familia, sin combate ni guerra en la pasada infancia, antes elogio y amor a lo que fue cotidiano, hermoso testimonio de la madre a la que el poeta recuerda y donde se trasluce un cariño blindado a los ancestros sin estafas escondidas debajo del recuerdo en estos versos donde afirma “Tardes que hacen de puente y lavan la memoria/entre un hombre que mira/ los años ya traspuesto” y continua el poema en una andadura fiel sin oropeles de florituras literarias, vanas y estériles porque aquellos años sirvieron, y muy bien, para la forja de este hombre y también del poeta. Así Manuel Cortijo redunda al decir: “esta tarde que soy el yo de entonces, / que mi madre me llama a merendar/ sopa en vino, me nombra en su mudez,/ con la única voz que se permite/ hablarnos nuestros muertos” Y así termina el poema y queda todo dicho.
Hay otras servidumbres en el libro con metáforas preciosas y sabor a nostalgia otoñal, sin evitar asombrosos recuerdos, idealizados por pertenecer al pasado, donde nada queda petrificado para el poeta, gracias a sus vivencias tenemos la creación de este libro de poemas por donde se ve el rostro humano de Manuel Cortijo con la gratitud, por su parte, al recordar a otros poetas a lo largo de la lectura del libro. Así, en la segunda parte  bajo el título Ahora  (cuando voy)  con versos de Francisco Brines y Rubén Martín son el pórtico para catorce poemas dedicados a Cristobal López de la Manzanara, a Ángel García López, a Francisco Caro, a Delfín Yeste, a Francisco Jimenez Carretero, a Inocencio Martínez Angulo, a Juan José García Carbonell, a Pedro Antonio González Moreno, a Santiago Romero de Ávila, a Juan Pedro Carrasco, y a su madre, con el poema La hora de llegar, de nuevo confesión convertida en metáfora en la asamblea de la vida.


La tercera parte llamada,  Después (en otro tiempo) con preámbulo de versos de Ángel González y Eloy Sánchez Rosillo, se abre a la mirada ávida del lector con el poema Ahora es otro tiempo, poema dedicado a Juan Martínez Martínez, in memorian: poema intimista donde el poeta y el hombre se confiesa bajo la tristeza nostálgica del tiempo que no cesa en su ir y venir siempre en continuo movimiento, siguiendo la concepción de Aristóteles por la filosofía de vida de la que se nutre todo el poema; definitorio en los últimos versos donde escribe, “Ahora es otro tiempo, es ir sin tiempo/ a dar con ese aire que cerrará del todo/ las puertas de mi casa,/ estas puertas hinchadas que procuro/ tener abiertas/ para saber si aún puedo buscarme en el pasado,/ encontrarme un momento con mi vida” Seis poemas continúan con parecida identidad y estado de ánimo, similar al primero que abre la última parte del libro. Poemas algunos de ellos con citas de Vicente Alexandre y  dedicados A Isabel Montejano,  in memoriam y Marisa de Rioseco. A Nicolás del Hierro, donde parece que le escribe al amigo y al poeta que es Nicolás, cuando afirma “Nadie sabe que buscas/ por detrás de esa puerta que terminas de abrir”. Otros con la cita a Pascual B.  Molina, in memoriam, donde en todos esos poemas el corazón de Manuel Cortijo siente la adversidad de la pérdida de los otros en el fluir de los versos escritos. Se cierra el libro con el poema Confesión del que llega (Selladura final) significante poema de la unidad del libro que empieza diciendo “Haber llegado aquí con lo vivido,/ no es poco este traer: la vida relumbrada, la vida que ya fue.” definitorio de esta Memoria de lo usado escrito por Manuel Cortijo Rodríguez que hay que leer despacio por la filosofía encerrada en cada uno de los poemas creados. Y también porque en tiempos de crisis y tristezas acceder al pensamiento de los poetas es ver que detrás de una mirada hay un maravilloso mundo interior cuajado de experiencias.

                                                                                              Natividad Cepeda
                                                                       


Arte digital: N. Cepeda