Datos personales

Mi foto

Natividad Cepeda: escritora, articulista, poeta: pertenece y es miembro de la Academia de la Hispanidad, a Red Mundial de escritores en español “REMES: Asociación CEDRO: Asociación de Escritores y Artistas españoles) Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha: CAPÍTULO DE NOBLES CABALLEROS Y DAMAS DE ISABEL LA CATÓLICA Presidenta Club UNESCO Arquitectura de Piedra en Seco-Los bombos tomelloseros. Entre sus distinciones destacan Dama Andante Asociación Cultural “Quijote 2000”, Dama del Capítulo de Nobles Caballeros de Isabel la Católica. Molinera de Honor de Campo de Criptana Algunos de sus premios literarios son: Ciudad de Montoro, Premio de Poesía “Reposo Neble”, Bollullos Par del Condado (Huelva), Premio Internacional de la Casa de Andalucía de Benicarló, Premio Nacional de Conil, Pastora Marcela de Campo de Criptana, Lola Peche de Algeciras, Premio Ciudad de La Roda entre otros...

sábado, 8 de abril de 2017

Semana Santa celebración de amor y fe

                             
Con Dios no se juega: se nos ha dicho que lo qué sembremos será nuestra cosecha.
La mirada de Dios es la luz del corazón sobre la razón. Y nuestra razón es el mensaje de Dios fundamentado en el amor. Pero  no siempre las razones son entendidas  y aplicadas  por el amor de Dios.
El amor es la puerta por donde se sale y entra eternamente. Y la Providencia  nos espera,  conoce  nuestra pequeñez y  nuestra pobreza.  Y su amor  es la esperanza que nos sostiene cuando una herida del alma o del cuerpo nos hunde en el dolor.
Dios, para los que se autoproclaman progresistas, no es actual y por supuesto tampoco  significa progreso. Más, a  Dios, nadie lo puede comprar ni confundir.
Por los días de abril aparece por calles y plazas de España la oración caminando por ellas de miles de cofrades  vestidos con antiguos sayales de penitencia.  Es la oración del pueblo que ora  buscando su propia redención, desde la redención universal de Cristo clavado en la cruz.
Oración  en los templos adonde llegamos los católicos; nosotros, los perseguidos en nuestro país y en otros países. Persecución sangrienta y atroz  en centros donde se cuidan niños quitándoles el hambre y auxiliando a los ancianos abandonados en calles que recogen sacerdotes y monjas, seglares y catequistas afincados junto a los estercoleros del mundo, viviendo junto a ellos,  gracias a la ayuda de los católicos que envían su ayuda monetaria a través de la Iglesia necesitada.
Semana Santa   de un trance humano que anuncia luz de resurrección en memoria de una promesa  que dejó un rastro de cambio en la sociedad de su momento, tan singular y atrevida que desde que fue escuchada la  palabra  del Maestro; Él, sus discípulos y seguidores fueron perseguidos, ayer  igual que hoy.  Porque aquello que escribió Jesús de Nazaret  en la tierra evitando un asesinato femenino sigue estando vigente: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” Y nadie se atrevió a lapidar a la mujer.
Actuales estas  palabras hasta  hoy, donde  se siguen lapidando a mujeres en otras culturas que no conocen sus palabras ni nuestra Semana de Pasión. Todo en la Cuaresma es camino  que nos lleva hasta la Semana Santa y a su celebración con la mirada del alma puesta en nuestra fe. Fe que es nuestra esperanza para alcanzar la Pascua de la vida: nuestra resurrección, santo y seña de Cristo resucitado.
En los días de esa semana especial y única para nosotros los creyentes, las calles son transitadas por un sueño de pétalos caídos alrededor de un hecho histórico  que es la esencia de Europa. Olvidar la cristiandad y su repercusión en Occidente es querer tapar al sol con nuestras manos. Cierto es, que como humanos hemos cometido errores  y los seguiremos cometiendo.
El mensaje de amor universal de Jesús Hijo de Dios, sigue vigente e incumplido por la mucha exigencia; Él nos dijo “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado (Juan 15:12). Y por ese camino andamos buscando durante la Cuaresma  salvar nuestros escollos junto a las muchas dificultades que encontramos para sentir amor y paz dentro de nosotros  para darlo a los demás. 
La vida es un camino trémulo y frágil como la luz  de un candil en mitad del campo que se puede apagar con una pequeña ráfaga de aire. Intentamos tener apariencia de fuertes para que en la batalla diaria nadie nos haga morder el polvo del fracaso. Y nuestra fuerza que en ocasiones es un  tornado que todo lo puede, en otras sentimos hacernos añicos ante la salud quebrada o ante la moral destruida por tanto deterioro de vanos proyectos sin base de lógica y principios.
Las plegarias que hacemos en los templos los cristianos en estos días no son plegarias de tristeza y de ceniza, son hogazas de pan amorosas para sanarnos de tantos males.
Brotan en abril las hojas de los árboles repletas de color vivo y resurgen los tallos en los campos para recordarnos  que después de la muerte del invierno la vida resucita. 
Esta es mi fe, la del silencio de Juan de la Cruz con su fontana viva: la del silencio de Ismael de Tomelloso con su hermosa sonrisa de paz exento de guerra y odio, orando así “Quiero vivir absorbido en Dios, perdido en la inmensidad de Él, y a Él totalmente entregado. La fe  de Monseñor Arnulfo Romero, asesinado por un francotirador  el 24 de marzo 1980 mientras oficiaba una misa y que dijo “Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como testimonio de esperanza en el futuro. Puede usted decir, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a quiénes lo hagan. Ojalá, así, se convencerán que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”. Monseñor Óscar Romero, agosto 1978. 
Esta es mi fe, y  junto a estos testimonios  otros muchos  como el de Ángela de la Cruz, Teresa de Calcuta, Edith Stein, luego Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Auschwitz, 9 de agosto de 1942. Mujeres y hombres a los que nadie pudo rebajar ni humillar porque su fortaleza nacía de Dios. Perseguidos y jamás olvidados.
Nombres propios conocidos; nombres propios anónimos desperdigados  por  los pueblos sin miedo al escarnio ni a la burla. Soportando la mofa de los que abogan por libertades sin respetar la libertad de los católicos  que se ponen su túnica y salen por las calles de España  enseñando con su testimonio una catequesis nacida del pueblo llano para sí mismo. Tradición y fe. Oración popular  digna de admiración y de respeto. Ellos los nazarenos y nazarenas que elevan las imágenes sobre sus espaldas y hombros cada nueva primavera orando de esa manera por todos. Plegaria física. Plegaria ante la talla de Cristo y de su madre. Arte religioso, joyas de orfebres y escultores que salen a la calle desde el recinto sagrado de los templos.
Creer es un don de Dios. Mi fe son mis pilares humanos por donde busco la justicia desde la enseñanza de Cristo resucitado. Y conmigo, cientos y miles de cristianos silenciosos y hermanos que salimos a la calle en Semana Santa porque así nos lo legaron los que nos precedieron. Y no dudo que quienes aman mucho, siempre recibirán una muestra de amor en la senda de la vida. No hay mayor equivocación que perseguir al amor. Porque el amor jamás muere.

                                                                                                Natividad Cepeda

 Arte digital: N Cepeda


viernes, 31 de marzo de 2017

A las hijas de la tierra silenciadas con luto en primavera

 Se ha vestido de luto la primavera  adhiriéndose al grito desgarrador de la muerte  y no bastan los minutos de silencio en las plazas ni los crespones colgados en balcones. Se derraman lágrimas en los ritos fúnebres anta la desnaturalizada acción de no poder asir las vidas que se han ido. Sufre el dolor ante la pregunta sin respuesta ¿por qué?
Y la oscuridad de lo ocurrido abarca  la inmensidad del macabro misterio. Un campo de criptas agrandado se esparce por nuestra piel hispana plagado de mujeres asesinadas. Pedromuñoz  y Campo de Criptana lloran en estos últimos días de marzo  por la muerte de una mujer-madre, sus dos hijos,  y por el supuesto culpable de las muertes, el marido y padre. Y en los pueblos y  campos hay sombras de tristeza  y la constante pregunta del por qué; que nadie puede contestar.
Me pregunto ¿hacia dónde camina esta humanidad ahogada en su propio  fracaso? ¿Qué males nos aquejan para el infanticidio de dos niños?
Calles de Campo de Criptana por las que he pasado admirando el primor y el arte de sus gentes. Calles y plazas  a la sombra de la belleza alzada de sus molinos en la sierra, adonde en tantas ocasiones he subido acompañada de la lealtad de mis amigos… Calles donde los niños que se han ido, han pasado y vivido, y ante esa presencia infantil inexistente  arrastro mi dolor sin artificio.
Calles y plazas de Pedromuñoz,  donde ensalcé  sus mayos y pregoné su feria; por donde la madre muerta  imagino vistió su reja y lució sus galas de manchega mayera. Las voces de los niños ahora son inaudibles al sonido del día  pero no extinguidas en el corazón de los que los amaron y recuerdan.
Lloramos con vosotros porque como dice la Biblia  en el  libro sagrado de  Eclesiastes,  hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; y un tiempo para llorar…  Ahora lloramos aun cuando el dolor y el llanto carecen de nombre ante tanto dolor en el umbral de estas muertes. Muertes que engloban la cadena de muertes de mujeres asesinadas y de sus hijos en España.
Rechazo el exceso de muertes. Cualquier asesinato  porque no existe razón para quitar la vida concedida por Dios a sus criaturas.
Y rechazo la confusión de las palabras que tratan de dulcificar lo que es amargo e inhumano: ¿violencia de género?  ¿O genocidio de mujeres en nuestro mundo civilizado?  Y niños indefensos  sucumbidos y suicidios casi a diario, cuando parece que nada falta.
Llamar a cada acto por su nombre probablemente nos evitaría caer en la arbitrariedad del capricho banal donde estamos sumergidos. Nuestra sociedad ciegamente sucumbe en un mundo insatisfecho a pesar de tener tantos logros conseguidos. Nos mesamos los cabellos como en las culturas más arcanas y lloramos vestidos de galas inservibles ante esta tragedia repetida de la muerte de mujeres y niños inocentes en nuestra sociedad  buenista y disculpadora de aberraciones y maldades.
Morir, matar, suicidios, ¿hacia dónde nos lleva esta ruta sangrienta?
 Dos pueblos lloran la muerte de sus hijos: dos familias  conocen la tragedia. ¿Hasta cuándo  los legisladores no se decidirán a cambiar las leyes contra el asesinato de mujeres y niños?  ¿Acaso no importa demasiado en nuestra sociedad masificada todas las mujeres asesinadas? Precisamente ahora que estamos comunicados e informados globalmente parece que es imposible  terminar con esta lacra tiránica. Asesinatos cometidos en todos los sectores sociales dese las elites hasta las clases populares, cometidos desde  sectores distantes de poblaciones desconocidas entre sí, pero que sí comparten cifras escalofriantes de mujeres muertas.
Estamos asistiendo a un genocidio sin advertirlo. Los que piensan que la mujer ha alcanzado altas metas actualmente se equivocan; sólo hay que constatar los puestos que ocupan en los puestos de responsabilidad desde los gobiernos mundiales a cualquier sector. Todavía el número de mujeres  es exiguo comparado con los nombres de hombres en la escala social.  Y hay muchos ejemplos que tenemos delante de nosotros sin querer verlos. Como se suele decir mucho ruido y pocos logros.
Nos queda la palabra, como escribió Blas de Otero, para seguir preguntando el porqué de tanto dolor inútil. Nos queda a los poetas la metáfora y el grito alzado para seguir recordando que la crueldad también existe en las esferas del poder cuando no se uscan los medios para salir de situaciones adversas.


           A las Hijas de la Tierra silenciadas



Ha bajado la lluvia  con tristeza a los viñedos
y  a tus ojos, que guardan  sombrías  mañanas
sin sol en tu retina cuando  tras los cristales
miras  las calles solitarias  como si de la ciudad
todos se hubieran ido.
                                          Llueve y tú caminas
en medio de ese llanto del cielo sin notarlo.
Llueve sobre pámpanas rojizas de  parrales
de uvas negras; sobre  cepas vacías de racimos
que  amamantaron con su savia las uvas 
convertidas en sangre de jaraíz  por los rincones
de la tolva. 
                         Te he visto  exhausta, arrancada
tu esperanza entre tus  labios  ajados  y marchitos,
como si la tormenta de la  vida  te hubiera
vendimiado el corazón y el  alma  para siempre.            
Hija de la tierra eres, mujer,  nacida sin macula
del vientre de tu madre, tú, la que abriste
tu mirada al color del arco iris  en la heredad
de tu tierra y de tu gente.
                                                Te dejaste en el alero
de tus labios, nombres amados,  junto al hombre
que te dejó herida,  llevándose  los manantiales
de tu sangre en la arboleda de tus  sueños
rotos.  Vencida  y  sin aliento,  dejas rodar
por las esquinas de tus huesos  cangilones
de mostos funerales.  Emigraron de tu mirada
los cuentos de princesas felices. Con el relente
se quebró  tu cintura vesperal de diosa  profana
en el  jardín de las mariposas muertas.

                                                   No debiste cruzar  
jamás el predio del goce pasajero. No debiste,
Hija de la tierra,  para no sucumbir ante el amor.
Lo hiciste, y a oscuras dejas caer la lluvia de tus ojos
por todos los dinteles  donde mueren a solas
otras  hermanas  tuyas.  Nadie besará tus heridas,
ni limpiará tus lágrimas.
                                           Nadie, salvo tú misma
remontará   el vuelo para encontrar otra tierra
de lluvia  mojada  de ternura  que te salve del odio.
Llámame cuando tus uvas sean lagar de vino nuevo.
Llámame para alzar mi copa y brindar por tu libertad
y  ver florecer en tus labios una sonrisa nueva.
                                                                         
                                                             
                                                                              Natividad Cepeda



 Arte digital: N Cepeda

viernes, 27 de enero de 2017

La tierra, siempre la tierra

Porque nací  en la tierra y volveré ella me duelen sus gentes, que son los míos.
Me duelen los días vividos a solas labrando la tierra con las mejillas tostadas por el sol y el aire, la lluvia y el frío de frente y encima de la tierra que aman y a la que le dedican fuerzas y sueños. Los ecos desperdigados en los campos no son oídos ni escuchados.  No existen esos labradores que pagan erarios exacerbados y sostienen con su amor a la tierra puestos de trabajo y habitantes en los pueblos.
Las ciudades, adonde llegan sus hortalizas y verduras, sus vinos y aceites, su harina y su leche nada saben de su cuitas. Nada quieren saber de los tributos pagados al erario público de administraciones diversas, nacionales, comunitarias, regionales y locales. Apenas si en los medios divulgativos se difunden las tropelías que vive el campo español. 
Todos los ignoran: todos no. Los satélites y administraciones archivan y ven todo cuanto se labra y se recoge, lo que se lleva a las cooperativas y jamás se defrauda pagando los impuestos más civilizadamente que  en cualquier otro trabajo. Si un impuesto no se paga se cobran en tierra. Se le sube el impuesto con recargas abusivas, se le calumnia alegando que a los trabajadores no se les paga los debido… Sucias falacias. Y nadie, absolutamente nadie,  indaga cuantas horas se trabajan  realmente cumpliendo con el horario establecido.
La tierra, siempre la tierra labrada ha sido perseguida por los grandes señores trajeados de poder y avaricia. Nadie quiere dar a conocer el abandono de los campos. Nadie dice como se quedan los pueblos habitados por viejos jubilados. Jubilaciones de miseria; de autónomos pobres que han mantenido su patrimonio gracias a renuncias continuas, a carecer de viajes y caprichos… 
Ahora en muchos de nuestros pueblos la tierra no se labra. Se deja abandonada y las casas se cierran y nadie las vuelve a abrir.
Mañana, la miseria habitará mucho más en las grandes ciudades cuando todos quieran vivir en su paredes porque nadie quiere labrar la tierra de esta España abandonada a los dimes y diretes de los políticos que se miran el ombligo y se llenan los bolsillos con el sudor de otros.
Todavía hoy se ven tierras labradas desde autobuses, trenes y coches particulares, mañana no sé quién los verá.


                                                                                                   Natividad Cepeda


Arte digital: N cepeda

sábado, 14 de enero de 2017

Ahora que tú, Nicolás del Hierro, eres un habitante del universo eterno

            Ahora que no  le escucharé al otro lado de la tecnología del teléfono al  poeta Nicolás del Hierro, no me quedan palabras  para deciros lo que siento cuando la voz de un amigo se duerme en la niebla extensa de la muerte. Se ha marchado en enero, sábado 14 de 2017, cuando la luna es grande y redonda y los niños juegan con regalos de los Reyes de Oriente. Se ha ido buscando ese rumbo de estrellas y galaxias de improviso para mí, porque yo no quería tener que despedirlo.
 Él pasó por mi vida como pasa la luz por las rendijas de las sombras ocultas que bailan entre brumas.
Él tenía siempre para mí una llamada telefónica y el regalo de cada uno de sus libros que puntualmente me traía el cartero.
Él  era un señor de hermoso pelo rizado como si el mar y sus olas  lo estuvieran peinando cada día, y tenía, un mirar sonriente y a veces, escondía sus pesares entornando los ojos y haciéndolos pequeños para disimular lo que allá adentro del alma le dolía.
Él, era elegante, y hasta con un cierto aire de altivez comedida, para preservarse de tanta injusticia  que había conocido en su andar por el mundo.
Y al conversar con Él, a veces, en ocasiones, hablaba de anécdotas y vivencias transcurridas  a su alrededor y muy calladas, porque no todo se puede ir contando ni publicando en los libros.
Y sonreía al estrechar sus manos entre las mías, guardando entre sus labios una miejica de infancia y añoranza con la calma de los Hombres de mi tierra austera y soñadora.
Ahora  el ya conoce a quien no se debiera nombrar: al que se nombra buscando la verdad que anda aun entre pañales, a ese Dios que Él me pidiera que le rogara por él en mis oración; al que buscaba a pesar de sus dudas.
Ha dejado una herencia de poemas propicia al lector sencillo y, también para el exigente que lo busque y lo estudia junto con su   testimonio de ser valiente y constante al no dejar que el blanco del papel, se quedara sin su voz y su caligrafía a pesar del dolor y la impotencia.
Para cuando me llamen a emigrar de esta tierra, quisiera volver a verte a ti Nicolás; a ver en ese universo misterioso tu sonrisa de amor y de poeta. Y si es cierto que Dios no es una fábula, ni una idea, ni un invento milenario y sangriento…estoy segura que tú, Nicolás ya lo habrás conocido y por eso, ahora, soy yo quien te ruega, que pidas por todos los que te hemos querido.   
Enero te ha llamado cuando todavía las copas del brindis por el año nuevo, suenan entre las pestañas del recuerdo, yo admirado maestro, por ti, alzo mi copa de vino labrado por mi  hombre, con el que comparto vida y desengaños, y con él, y por ti, brindo porque otras generaciones en bibliotecas y librerías, abran cualquiera de tus libros  y descubran lo que fuiste y eres, poeta Nicolás del Hierro, por encima de la muerte.




                                                                                         Natividad Cepeda                                                                                                         

domingo, 25 de diciembre de 2016

Últimos días de diciembre en Tomelloso


Permanecen callados, sin viento, más allá del ruido de la ciudad y del murmullo de las palabras estériles de tantas voces vacías y sin otro fruto que su afán de mirar escaparates  y pertenecer a la perecedera voz de comprar y comprar sin tino ni medida. El aire concluye en ellos su viaje. Se detiene seducido por la belleza fascinante de su gracia, y como velo venido desde el cielo las nubes rocían con su sombra los ramajes que impertérritos, soportan el frío del invierno. De perlas ha cubierto la niebla que se aleja  cedros, abetos, árboles y tejados sin otra obligación que dejarse desvanecer cuando el sol rompa la densidad que el amanecer trajo consigo.     
Este veinticinco de diciembre  hay silencio en parques y plazuelas pareciera que en esos lugares la Providencia no quisiera que el nacimiento de Jesús, aquél niño nacido de una virgen, según está escrito en las escrituras sagradas, no quisiera hacer partícipe a esta naturaleza reglada por  las leyes locales de los ayuntamientos de esa noticia difundida por altavoces  y televisiones. Los miro solos en mitad de una ciudad dormida con su silencio místico que de nada alardea y a mí alrededor creo escuchar la humanidad sufriente.
Aquí junto al corazón de la tierra  sometida por  manos humanas de jardineros   especialistas en jardines de diseño, siento detenerse la vida de todos los que han marchado a esa otra dimensión que no comprendo.  Vuelan las nubes y al mirarlas intento seguirlas y con ellas, seguir volando al infinito adonde quisiera encontrar a todos los que ya no veo. 
El alma de los árboles, las hojas esparcidas y las semillas muertas me traen el rostro de otros diciembres que ya pasaron. Que no regresarán con los que en esos días pasaban por este pueblo mío, tan amado por ellos y por mí.
Ando sin prisa por entre la anónima paz que me rodea dejando que en mis zapatos el barro humedo de la tierra se plegue a  las suelas. Y de nuevo recuerdo a los que se marcharon en Berlín en medio de las luces navideñas. Se quedaron con el impulso de la vida roto, sin otro mérito para perecer que vivir en medio de una ciudad de paz. Una ciudad acogedora para los que creen en la Navidad y para todos aquellos que tienen otras creencias diferentes. Berlineses de otras latitudes y lugares lejanos; berlineses porque pisan sus calles y los cubre su cielo. Sigo andando y en el silencio escucho esos pasos que se quedaron sin ser dados. Miro a la altura y el cielo tormasolado  hace figitiva a la niebla.
Es Navidad en Tomelloso y en todos los lugares donde la llegada del invierno la unimos con el nacimiento de Dios entre nsotros y, de nada vale que nieguen los ateos su existencia y con soberbia iracional, sostengan que Dios no existe, sin poder demostrarlo,  porque a pesar de su negación también celebran la navidad.  
Arrastramos dudas y convencimientos en temas filosoficos desde épocas tan lejanas que no han sido acuñadas en escritura y sí, trasmitidas oralmente. Sabiduría inmemorial o ignorancia, la una y la otra son aplicables en el transcurrir humano. Ante esta verdad para todos es Navidad, exceptuando a todo aquél que no respeta la convivencia pácifica. Diciembre ha vuelto a encender velas en Berlín y a dejar flores en el suelo que de nada sirven, cuando ninguno de esos gestos hará volver a los que se quedaron sin vida como flores muertas sobre el asfalto. Recuperar sus vidas es imposible, tan imposible como tocar la nubes con mis manos.   


                                                                                         Natividad Cepeda
Arte digital: N Cepeda

domingo, 18 de diciembre de 2016

Cuando Jesús de Nazaret nació en mi corazón


Al principio de mi infancia recuerdo  un belén grande en la iglesia de mi pueblo. Era inmenso con rebaños de ovejas y pastores, mujeres hilando y barriendo, amasando el pan en la artesa, lavando  ropa en el río y andando con sus familias por los caminos de los pueblecitos dispersado del belén camino del establo donde nacía el niño Jesús.
Para ver aquél fascinante mundo de barro, madera, tomillo, agua y harina simulando nieve con estrellas de platina en el cielo azul, me empinaba en la punta de mis pequeños pies, y solo alcanzaba a ver el enorme y temeroso castillo del malvado rey Herodes en su cima poderosa. Los soldados romanos y hebreos aparecían en legiones, apartados de la gente que buscaba la gruta de Belén.
Intentaba abarcar con mi mirada todo el espacio fantástico donde los ángeles bajaban a la tierra y se aparecían a los pastores  en medio de su luz y sus alas blancas y resplandecientes por encima de la lumbre que calentaba un caldero con la comida que guisaban los pastores.  Y a duras penas lograba ver el molino y los sacos de harina en hilera que el molinero cargaba en su espalda, junto a la mujer, que me decían, que guisaba gachas dulces para el niño Jesús en una sartén de patas puesta en la lumbre. Me esforzaba por ver a las lavanderas, lavando en el río y los pañales tendidos en los romeros que se cantaban en los villancicos.
Todos tenían un trabajo que hacer en el belén; a las gallinas, gallos, palomas, conejos y cerdos les echaba de comer hombres, mujeres y niños sin descuidar corrales y pilas de agua donde también bebían burros y mulas porque en el belén también había hombres arando la tierra y sembrándola. Y al fijarme en la posada me entristecía ver al posadero asomado por una ventana alta, con candil y gorro de dormir, negando cobijo a la Virgen María subida  en el borriquillo sentada de medio lado, envuelta en su manto azul,  y a San José, con su mirada hacia arriba sujetando los ramales del burro en una mano y la otra, puesta en el llamador, de la puerta de la posada.
Miraba sin reparar en el tiempo todo lo que sucedía en ese espacio, detenida en la mirada risueña de un niño rubio, desnudito, con un pañal, encima de las pajas de un pesebre junto a una mula,  un buey,  su madre y  su padre que recibían a mucha  gente, mirándolo de rodillas y de pie, con un ángel encima del portal  con un lienzo blanco donde se leía: Gloria In Excelsis Deo. Deletreaba despacio y mal las letras, intentando descifrar su mensaje. No lo conseguía y  me apoyaba en el borde de aquella plataforma cubierta de serrín,  porque creía escuchar lo que mis padres y abuelas me decían cuando  yo preguntaba por su significado.  Mi pregunta infantil era insaciable: ¿qué dice ahí? Y con paciencia me repetían: Gloria en el cielo, y en la tierra paz a los hombre de buena voluntad. Ah, sí, balbuceaba intrigada,  y volvía a preguntar si los ángeles habían bajado para escribir aquella frase y dejarlo sobre el portal…
Los días transcurrían serenos en medio del frío del invierno rodeado de oraciones y cánticos sencillos. Al atardecer tía Julia y tía Benigna abrían sus breviarios y en silencio leían. Cuando preguntaba a mamá por esos libros de las abuelas -tías, ella me explicaba que eran unos libros  con todas las oraciones del año.
Los inviernos continuaron trayendo  otras navidades. Un año en la iglesia se levantó el piso de madera, que no hacia ruido al pisar sobre su pavimento. Los albañiles fueron poniendo unas baldosas de terrazo blancas y negras, que eran más frías  y por donde sonaban los herretes que el zapatero me ponía en la punta de los zapatos y las botas.
El belén grande lo hicieron más pequeño, y yo lamenté que ahora que había crecido ya no estuviera para verlo sin tener que empinarme sobre las puntas de mis pies.
Me seguía intrigando la lectura de los ángeles y su mensaje  a los pastores y  pregunté quien lo había contado. Entonces me dijeron que lo dejó escrito San Lucas, que fue quien escribió el tercer Evangelio, discípulo de San Pablo. “Lucas, el médico querido” Ni él ni Pablo conocieron a  Jesús. Lucas nació en Antioquia  en el seno de padres paganos. Su cultura fue griega y recibió una esmerada educación  en literatura y medicina. Dirigió su mensaje a gentiles cristianos. Era incansable, y escuchaba con mucha atención todo lo que le contaban los que sí habían conocido a Jesús y fueron testigos de su mensaje.  Él, es quien  cuenta la infancia del niño nacido en Belén, y nos habla de su madre, la Virgen María, porque se piensa, por lo que escribe, que fue ella quien le narró todo lo sucedido al visitarla en la ciudad de Efeso,  Allí, según la tradición, San Juan Evangelista, fue donde se llevó a la madre de Jesucristo, después de su crucifixión, huyendo al ser perseguidos en Jerusalén. Y allí, todavía se visita la “Casa de María” situada en la actual Turquía en Selçuk, a tres kilómetros de Efeso.
Escuchaba con la atención de quien está descubriendo lugares legendarios. Preguntaba cómo era  Lucas, el discípulo de Pablo y me explicaban que lo seguía a todas partes. Viajó con él a Troas, donde decían que se encontraba la ciudad de Troya; a Tiro, Jerusalén, Roma…conocieron naufragios y jamás perdieron la fe.
Los días navideños  traían historias anexas al nacimiento del niño Jesús y así fue como en la misa de Nochebuena escuché el Gloria In Excelsis Deo de los ángeles y los pastores que nos dejó escrito Lucas en su Evangelio que dice así:
Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el ángel del Señor, la gloria del Señor los envolvió en su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: "No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre." Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace." Cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: "Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado." Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.
María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.
Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho.
En la iconografía, San Lucas, es representado con un libro, un novillo alado o pintando  por lo que es llamado el “pintor de la Virgen” Es Patrón de artistas, doctores, encuadernadores, escultores, cerveceros, notarios y un sinfín de profesiones por sus cultura cristiana. Amó al mismo Jesús que llevo en mi corazón. Es el legado recibido de los que me amaron y acompañan por encima de la muerte, cada Navidad.


                                                                                                        Natividad Cepeda


Imágenes: Adoración de los pastores: El Greco. Niño dormido Inmaculada Lara Cepeda “Maku” Poema: Natividad Cepeda
Arte digital: N Cepeda

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Hoy 14 de diciembre, la niebla es un mato húmedo cubriendo Tomelloso. En mi calle hay una rotonda que su centro alberga un olivo centenario traído de los campos lejanos de otras tierras sureñas; el olivo es la belleza suprema dela calle, hermoso y callado soporta estoicamente los humos de los coches y los frenazos desesperados de la ausencia paciente de los conductores que parecen tener prisa para dejar de vivir.
Hace días que a su tronco han puesto una faja de luces blanca como símbolo de Navidad profana, al mirarlo pienso en lo costoso de esa falsa Navidad  en torno al árbol y sumo, sin saber, el conste de todas las luces de mi pueblo  que se encienden para  alegrar los días navideños. Ignoro la cifra del coste pero es un dinero tirado que a nadie beneficia y que tampoco hace mejor los días de diciembre.
Por aquí y por allá se hacen festivales locales para sacar fondos y poder ayudar a las asociaciones que dan de comer y pagan facturas de luz eléctrica a los que lo necesitan, mientras en las calles se encienden luminarias que todos pagamos sin que se nos hay pedido permiso ni opinión.
Hoy leyendo la poesía de Juan de Yepes- una vez más-pienso en la dureza de su vida, y haciendo mía la frase de Teresa de Jesús, imagino cuanto sufrieron sus “huesecicos”  hasta el mismo día de su muerte. Inteligente y bondadoso fue incomprendido y perseguido por aquellos que jamás debieron hacerlo: por los suyos. Pero decía verdades y amaba más allá de la vida, experiencias que no alcanza a la mayoría porque se engalanan como el olivo con fajas de luces artificiales. Su poesía leída, por menos de lo que presumen de haberla leído, es una poesía nacida y creada desde la formación académica y del amor infinito al Creador; poesía vehemente, hermética, por aquello de la persecución y de la incomprensión y también porque carecía de vulgaridades que en ese pasado existían igual que hoy.
Su santidad para los católicos es fehaciente por lo que lo llamamos como él quiso llamarse Juan de la Cruz; San Juan de la Cruz, llamado y declarado por la iglesia, Patrón de los poetas, al que ruego, que me ayude, que  nos ayude a todos, creyentes y no creyentes en su fe cristiana y sí en su poesía, para ver la luz a través de la niebla de este día y no a través dela hipocresía reinante.
Para reconocerle y honrarle  unos versos de su “Noche oscura”, en esa noche  que el alma, su alma de creyente en Cristo Hijo de Dios,  clama a Él, cuando es perseguido injustamente: cuando clamamos y somos perseguidos por diferentes causas y poderes otros poetas y otras personas injustamente. Porque la injusticia para desgracia humana sigue vigente hoy después de tantos siglos.
Su poesía  es vigente a pesar de los siglos transcurridos.
NOCHE OSCURA
 En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

 En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.


 Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

 ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

 En mi pecho florido
que entero para él sólo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba

 El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

 Quédeme y olvídeme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y déjeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

En Tomelloso a 14 de diciembre de 2013     

Hoy 14 de diciembre de 2016 también el día es gris, continuo leyendo a San Juan de la Cruz y creo en su mensaje de fe y en su mensaje poético. El texto que aparece lo publique en Facebook  en 2013 y ante su actualidad vuelvo a lanzarlo a las redes porque creo que las banalidades de nuestra sociedad hay que intentar humanizarlas en vez de aplaudirlas y seguirlas.
De nuevo la Navidad llama al corazón y su llamada es algo más que luces de colores y publicidad de perfumes y comida de lujo: Navidad es Amor y ese amor hay que compartirlo y darlo a cuantos carecen de lo necesario para el cuerpo y para el alma.
La poesía y los poetas también estamos llamados a ser anunciadores de belleza y de justicia por encima de todas las ideologías.  
                                                                                                        Natividad Cepeda