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Natividad Cepeda: escritora, articulista, poeta: pertenece y es miembro de la Academia de la Hispanidad, a Red Mundial de escritores en español “REMES: Asociación CEDRO: Asociación de Escritores y Artistas españoles) Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha: CAPÍTULO DE NOBLES CABALLEROS Y DAMAS DE ISABEL LA CATÓLICA Presidenta Club UNESCO Arquitectura de Piedra en Seco-Los bombos tomelloseros. Entre sus distinciones destacan Dama Andante Asociación Cultural “Quijote 2000”, Dama del Capítulo de Nobles Caballeros de Isabel la Católica. Molinera de Honor de Campo de Criptana Algunos de sus premios literarios son: Ciudad de Montoro, Premio de Poesía “Reposo Neble”, Bollullos Par del Condado (Huelva), Premio Internacional de la Casa de Andalucía de Benicarló, Premio Nacional de Conil, Pastora Marcela de Campo de Criptana, Lola Peche de Algeciras, Premio Ciudad de La Roda entre otros...

jueves, 29 de septiembre de 2016

Leer sin aplausos ni halagos Madrid estaba imposible con el tráfico parado y los pitidos de los coches denunciaban el nerviosismo de los conductores., El calor de septiembre algo pegajoso se pegaba a la piel como una telaraña molesta al mediodía. Desde el Paseo de Delicias al Paseo del Prado y hasta la misma Puerta del Sol la gente era riada cruzando por los pasos de cebra. Tronaban en el aire los motores y había en el ambiente la intención desmedida de salir corriendo de todo aquello hasta olvidar las prisas de esa ciudad de babel donde los taxistas piratas; esos que no son legales, merman el trabajo de los que sí lo son y pagan a sus federaciones los impuestos que cumplen con la Ley. Primero viajé con un toledano que trabajaba de taxista, añoraba los montes toledanos y su aroma a tomillo y espliego. Me decía que no entendía como podía vivir en Madrid la gente, siempre con prisas y nerviosos porque todos pitaban y se enfadan, y me habló de su pequeño pueblo de unos dos mil habitantes y de su afición a cazar con galgos: admiraba la destreza de ambos animales, su lucha en la carrera por vencer o morir. Y la humanidad de la vecindad al compartir el saludo con los vecinos que prácticamente se conocen todos. Estaba en medio de las calles porque hay que trabajar donde hay trabajo, y la situación actual en España no está nada bien. Y más ahora, dijo, con esa pelea de los políticos que no les importan nada más que sus peleas por el poder. Madrid, Madrid vivo y callejero con gentes de colores de mil pueblos de las cuatro esquinas del mundo conocido, con las terrazas de las inmediaciones de la Puerta del Sol llenas a rebosar, de gentes ataviadas de ropa de marca clásica o alternativa de todas las edades. Paseaba por esas calles después de comer con Nicolás del Hierro, Alfredo Villaverde y Juan Jiménez Ballesta, escuchando esas anécdotas vividas por cada uno de ellos en ese Madrid de los secretos y de los encuentros. Porque los escritores somos gentes conocedores de secretos que a veces compartimos y otras, cambiando nombres y lugares, narramos en los libros. Cerca de las siete de la tarde en la Casa de Castilla-La Mancha situada en la calle de La Paz, al lado de la Plaza de Pontejos, o del Marqués viudo de Pontejos que fuera alcalde de Madrid y el que, entre otros muchos cambios en los castizos madriles, fue el que por decisión propia, dijo que el kilómetro cero, desde donde se cuenta la distancia de todas las carreteras de España, era la Puerta del Sol, y así es desde entonces. Allí en sus dependencias con cierto sabor a regusto del cronista perpetuo Ramón de Mesoneros Romanos, amigo íntimo del marqués de Pontejos, con el cual trazó los muchos cambios de la villa y corte, todavía en esas estancias, se siente la sombra de personajes que convivieron entre sus calles, plazas y teatros probablemente, porque en esa casa, en las tertulias y las diferentes aulas culturales prevalece el espíritu de los escritores de pasados siglos. Y cuando la tarde empezaba a declinar fueron llegando poetas y escritores para escuchar al poeta Nicolás del Hierro leer los poemas del libro “Esta luz que me habita” presentado por el presidente del Aula Juan Alcaide, Alfredo Villaverde, al autor y al escritor José Luis Morales, que como estaba anunciado habló del libro y de su autor. Nombres y presencias como la de Pedro Antonio González Moreno, José López Martínez, Luis Leal, Carmina Casala, Ángela Reyes, Elena Rojo, Tomás Osorio, Davina Sofia Pazos, Luz González, Alfredo García Huetos, Olga Alberca…nombres y nombres hasta llenar por completo el salón de actos escuchando palabras de reconocimiento a un escritor y poeta de larga trayectoria. Cuando cerré la puerta de esa casa me acompañaban muchos otros amigos y escritores que sentía a mi lado en la invisible presencia de los recuerdos. Por las calles seguía el tráfico incesante y el taxista que me llevó a la estación se disculpaba por los atascos en su lenguaje cadencioso de colombiano, residente desde quince años en Madrid, como me dijo, sin olvidar la nostalgia de la familia allá en América. En silencio, mientras se acortaba la distancia hasta mi casa recordaba la preocupación de todos por el momento crítico que vivimos políticamente. Y en el cobertizo de las ideas personales, me quedo con la amistad mostrada hacia el escritor de unos y otros llegados para arroparle con su presencia. Madrid se difuminaba en la noche y pensé en lo pequeño que somos ante la magnitud de lo impredecible. Y que poco importan localismos provincianos de luchas de poder y reconocimientos también en lo literario. Ya en casa, volví como cada noche, a coger un libro y leer. Leer sin aplausos ni halagos, ahí es donde se queda aojada la creatividad de la verdad del autor y su obra. Natividad Cepeda

                             
Madrid estaba  imposible con el tráfico parado y  los pitidos de los coches denunciaban el nerviosismo de los conductores., El calor de septiembre algo pegajoso se pegaba a la piel como una telaraña molesta al mediodía. Desde el Paseo de Delicias al Paseo del Prado y hasta la misma Puerta del Sol la gente era riada cruzando por los pasos de cebra. Tronaban en el aire los motores y había en el ambiente la intención desmedida de salir corriendo de todo aquello hasta olvidar las prisas de esa ciudad de babel donde los taxistas piratas; esos que no son legales, merman el trabajo de los que sí lo son y pagan a sus federaciones los impuestos que cumplen con la Ley. Primero viajé con un toledano que trabajaba de taxista, añoraba los montes toledanos y su aroma a tomillo y espliego. Me decía que no entendía como  podía vivir en Madrid la gente, siempre con prisas y nerviosos  porque todos pitaban y se enfadan, y me habló de su pequeño pueblo de unos dos mil habitantes y de su afición a cazar con galgos: admiraba la destreza de ambos animales, su lucha en la carrera por vencer o morir. Y la humanidad de la vecindad al compartir el saludo con los vecinos que prácticamente se conocen todos. Estaba en medio de las calles porque hay que trabajar donde hay trabajo, y la situación actual en España no está nada bien. Y más ahora, dijo, con esa pelea de los políticos que no les importan nada más que sus peleas por el poder.
Madrid, Madrid vivo y callejero con gentes de colores de mil pueblos de las cuatro esquinas del mundo conocido, con las terrazas de las inmediaciones de la Puerta del Sol  llenas a rebosar, de gentes ataviadas de ropa de marca clásica o alternativa de todas las edades. Paseaba por esas calles después de comer con Nicolás del Hierro, Alfredo Villaverde y Juan Jiménez Ballesta, escuchando esas anécdotas vividas por cada uno de ellos en ese Madrid de los secretos y de los encuentros.  Porque los escritores somos gentes conocedores de secretos que a veces compartimos y otras, cambiando nombres y lugares, narramos en los libros.
Cerca de las siete de la tarde en la Casa de Castilla-La Mancha situada en la calle de La Paz, al lado de la Plaza de Pontejos, o del Marqués viudo de Pontejos que fuera alcalde de Madrid y el que, entre otros muchos cambios en los castizos madriles, fue el que por decisión propia, dijo que el kilómetro cero, desde donde se cuenta la distancia de todas  las carreteras de España, era la Puerta del Sol, y así es desde entonces. Allí en sus dependencias  con cierto sabor a regusto del  cronista perpetuo  Ramón de Mesoneros Romanos, amigo íntimo del marqués de Pontejos, con el cual trazó los muchos cambios de la villa y corte, todavía en esas estancias, se siente la sombra de personajes que convivieron entre sus calles, plazas y teatros probablemente, porque en esa casa, en las tertulias y las diferentes aulas culturales  prevalece el espíritu de los escritores de pasados siglos.
Y cuando la tarde empezaba a declinar fueron llegando poetas y escritores para escuchar al poeta Nicolás del Hierro leer los poemas del libro “Esta luz que me habita” presentado por el presidente del Aula Juan Alcaide, Alfredo Villaverde, al autor y al escritor  José Luis Morales, que como estaba anunciado habló del libro y de su autor. Nombres y presencias como la de Pedro Antonio González Moreno, José López Martínez, Luis Leal, Carmina Casala, Ángela Reyes, Elena Rojo, Tomás Osorio, Davina Sofia Pazos, Luz González, Alfredo García Huetos, Olga Alberca…nombres y nombres hasta llenar por completo el salón de actos escuchando palabras de reconocimiento a un escritor y poeta de larga trayectoria. Cuando cerré la puerta de esa casa me acompañaban muchos otros amigos y escritores que sentía a mi lado en la invisible presencia de los recuerdos. Por las calles seguía el tráfico incesante y el taxista que me llevó a la estación se disculpaba por los atascos en su lenguaje cadencioso de colombiano, residente desde quince años en Madrid, como me dijo, sin olvidar la nostalgia de la familia allá en  América.
En silencio, mientras se acortaba la distancia hasta mi casa recordaba la preocupación de todos por el momento crítico que vivimos políticamente. Y en el cobertizo de las ideas personales, me quedo con la amistad mostrada hacia el escritor de  unos y otros  llegados  para arroparle con su presencia.  Madrid se difuminaba en la noche y pensé en lo pequeño que somos ante la magnitud de lo impredecible.  Y que poco importan localismos provincianos de luchas de poder y reconocimientos también en lo literario. Ya en casa, volví como cada noche, a coger un libro y leer. Leer sin aplausos ni halagos, ahí es donde se queda aojada la creatividad de la verdad del autor y su obra.
 
                                                                                                             Natividad Cepeda



martes, 27 de septiembre de 2016

Elegía por el partido socialista

                                                         
Hoy nos despertamos en España con esa pesadilla de que a Pedro Sánchez le hicieron un vudú  en la estación de su vida y desde entonces subido en un tren fantasma lleno de mercancías caducadas  va buscando de una estación fantasma a otra  estación  cada vez más solitaria donde sólo él, y algunos más busca disolver una huida sin que se note demasiado los bultos fantasmales de sus muchos errores. Los españoles, muchos españoles venimos pensando que debería bajarse de ese tren para así enmendar esa ruta llena de fracasos por donde él, y sólo él ha conducido a un partido que le dio un poder qué quizá no merecía porque, como solemos decir los del pueblo llano y sufrido, porque no ha sudado la camiseta; o dicho a la pata la llana que le faltaba recorrido para saber que España es ante todo su responsabilidad y que para eso votamos los españoles en una democracia occidental y europea.  Pero no, él no repara en el completo desastre al que ha llevado a su partido, culpando de sus desaciertos y derrotas a otro partido y tan  seguro está de sus razonamiento  dictatorial y egocéntrico que no ve, que quien le resta votantes, es quien se frota las manos y sonríe con su túnica morada de falso penitente.
Aquí,  las cosas de seguir así, pudiera que salir a jugar una nueva partida con un nuevo voto de confianza a quien no le importa la muerte de un cisne herido probablemente llevará al Partido socialista de España a estrellarse en su propia cancha de juego porque nadie, absolutamente andie, se atreve a decirle al capitán que está ciego de rabia  y en su soberbia y mal entendido orgullo, no le importa que su partido se suicide. Porque cuando uno fracasa, lo inteligente y honrado es asumir ese fracaso sin culpar a otros de él, y en vez de eso este señor de fruncido gesto sigue, solemne, en su erudición de dientes amenazadores amenazando con destruir un partido que nada le debe, al contrario que él, que le debe toda su popularidad y poder porque sin el partido, él seguiría siendo un desconocido para los españoles que le votaron y que le retiraron su confianza por no querer subirse a l tren fantasma que le lleva a un precipicio sin otro destino que la de una muerte anunciada en la política actual.
Y  nosotros, todos los que formamos la gente a abatir, no ignoramos que la corrupción en el partido al que se opone, ha sido, y es cierta, pero tampoco miramos hacia otro lado para no ver  e ignorar, las otras corruptelas de su partido en diferentes autonomías y negocios por lo que los españoles si cree que somos ciegos y sordos  debe de quitarse sus propias antojeras para asumir que la pérdida de votantes no se van al centro derecha, se escurren por el coladero de una izquierda que como vemos, se raja  cuando ignorando su palabra dada para gobernar, los deja con las posaderas al aire, sin importarle   mínimo el honor y el decoro de los pactos firmados.   
Y hay que recordar a nuestros políticos que el feudalismo,  no lo queremos, ni el de ayer de los grandes señores opresores ni el de hoy el que nos ignora como personas, salvo para cuando nos piden pagar impuestos o poner o quitar con nuestro voto al señor feudal de turno.
Los pilares del partido socialista no deben diluirse en devaneos de ambiciosos sin miras para su continuidad, y a veces dar un paso al frente y formar un muro para que no avance la estupidez es mejor que dejar que en una lucha de poder se auto suicide. Es urgente, muy urgente recuperar la confianza de un electorado que en silencio ha dejado de ir a votar o se flagela dejando cubrir sus carnes de hematomas morados. Porque si en España llegamos sin odio y sin rencillas a tener una democracia fue porque el mismo Partido Socialista dialogó, con quienes tuvo que hacerlo. Lo que ahora está ocurriendo es una bofetada a nuestra democracia y a dejar que en Europa y en nuestro modelo occidental de entender los valores que nos sostienen se nos vallan por el desagüe de un fregadero donde no nos merecemos ir.

                                                                                               Natividad Cepeda

lunes, 26 de septiembre de 2016

Esa luz que me habita y me conmueve de Nicolás del Hierro

            Cuando las flores de los almendros  se empezaban a convertir en capullos verdes el cartero me dejó en el buzón de casa un sobre con un libro. Los carteros y carteras suelen pasar por mi calle, y por mi casa, a mitad de mañana cuando, cada cual sigue con la tarea empezada con marcado ritmo de la continuidad y, es al mediodía cuando abro el buzón  y extraigo de sus tripas el contenido misterioso de las cartas.
Aquél día, hasta la noche, no pude inspeccionar  lo recibido y al hacerlo comprobé que, mayo recién nacido, me regalaba un libro de poemas de un poeta admirado y entrañable amigo; al abrirlo sonreí al leer la dedicatoria que alumbraba luz en cada una de sus palabras. Nicolás del Hierro  me enviaba su nuevo libro bautizado con el nombre premonitorio de “Esta luz que me habita” publicado por la Biblioteca de Autores Manchegos de la Diputación de Ciudad Real en su colección “Ojo de pez”  la imagen de la  portada del escritor y pintor Teo Serna y con el Prólogo de Matías Barchino de la Universidad de Castilla-La Mancha:
La portada es una ensoñación de color que invita adentrarse en las puertas del libro y el prólogo es un bello relato desde que autor y prologuista se conocieron. Leyéndose,  de principio a fin con amenidad, por el fondo de humanidad y amistad entre ambos personajes, al narrar como conoció al autor y sus diversos libros en la estela de los años transcurridos.
Se agradece leer un prólogo sin excesivas adulaciones y sí  propiciarnos  a la lectura de los poemas al afirmar categóricamente “Esta luz que me habita comunica la verdad y la emoción con lo que ha sido escrito, la urgencia personal de estas palabras” o esta otra frase; “Y encontramos  preguntas, muchas preguntas, que a veces se quedan sin respuesta, tal vez porque no la tienen” Y con esa premisa fui leyendo el libro.
Pero escribir y explicar un libro de poemas es como querer aprisionar el aire entre mis dedos. Tu sabes, Nicolás del Hierro, que esto es cierto. Y por esa razón tan poderosa no voy a decir cuántos poemas componen tu grito desolado, ni  cómo nos dices, poema a poema, la gran herida que significa la vida; y el misterio aterrador que nos invade al pensar en la muerte.  Por ese libro tuyo viajan muchos de tus cumpleaños incontenidos en tu memoria y que salen de tu corazón herido para salpicarnos a quienes lo leemos con tu sangre que se une a la mía al leerte y escucharte. Has escrito este libro como una declaración  de autoridad basada en la tristeza de que pasados  los años, tus palabras se olviden. Que la existencia, la tuya y al mía sea  escasamente duradera en el recuerdo de los que vendrán después.
Y te preguntas en un poema ¿Por qué.
                                                               Por qué.
                                                                                     Por qué…?
Concluyendo: ¿Qué nos queda después de tanta lucha?
Y en otros versos clamas. ¿Después de todo, que nos queda
cuando acaba la lucha,
                                       cuando el hombre
se quiebra igual que un ángel roto?
Nos queda estimado Nicolás, el amor recibido. La amistad  del amigo. Las lágrimas vertidas por los que nos amaron y perdimos. El beso que nos abrió la pasión en toda nuestra especie humana. Y el legado de tus nietos, a quienes dedicas este hermoso y bello poemario. Además de ver tu altura de águila herida, surcar el horizonte  desnudando tu dolor  hasta convertir las palabras en belleza poética para mí, para otros que quizá  no te lo digan. Y mañana, Nicolás del Hierro, cuando alguno lea lo que tú afirmas y temes que se olviden tu versos, tu linaje de poeta, tus libros… todo lo que dejas en testamento temiendo que nadie conozca tus verdaderas credenciales en aquella
“casa que un tiempo fuera el hábitat
de un hombre, un soñador iluso,
que en las profundidades de este pozo
depositó  la luz de sus poemas.

no temas lo que ignoramos del futuro, recuerda que a quien toda nuestra tierra castellana-manchega, muestra como símbolo y bandera, con orgullo de casta, también temió que nadie, nadie, lo recordara. Y  ya ves, lo mucho que se habla de Miguel de Cervantes.  No creas que esto te lo digo para aliviar tu pesadumbre, No, no es frase baladí, si no afirmación muy cierta. Por eso contigo yo quiero
Reconstruir aquello que soñamos,
volver de nuevo a ser un tiempo
humanamente digno:.
agua en el agua, miel sobre miel,
y luz sobre la luz.

de cada una de tus palabras escritas desde tu soledad para la mía. Esto Nicolás del hierro es ser poeta.

                                                                                                                       Natividad Cepeda





lunes, 22 de agosto de 2016

El adiós de los pájaros

 Contemplo la amplitud  extendida ante mis ojos trazados por alguien invisible que me inunda y me transporta al infinito  de ese Dios que busco  y que en tantas ocasiones ni entiendo ni comprendo.
Abro mi ignorancia a ese día abierto  al resurgir a la vida después de la oscuridad de la noche; después de tanto llanto  servido con lágrimas derramadas en las antesalas de los templos, en las faldas de montes conocidos y en valles cultivados desde siglos.
En esa travesía del día y su amanecer virginal y perpetua presiento la metralla de las campos en guerra, de los techos derrumbados en pisos bombardeados por donde asoman tragedias repetidas entre la ausencia de misericordia y de esperanza.
Al fondo del horizonte  se queda detenida mi alma, sin otra voz que  la de un sonido terrestre, sin ríos y sin mares, sin selvas, ni humedales, sin el vuelo cantarín de golondrinas y vencejos porque se han marchado sin yo percibirlo desde hace escasas horas. Y mis ojos buscan su presencia en el cielo infinito que se pierde a lo lejos.
Dialogo con mi silencio y esta soledad que pasa y siento  al no escuchar  el canto de la melodía de las golondrinas. Estoy en este pueblo que es el mío tan singular en recomponerse y buscar permanecer de pie o de rodillas, cuando por circunstancias cruciales lo necesita.  Estoy aquí acompañada de ese dolor  de rienda inútil  que me deja el ver pasar hombres de piel negra y brillante hablando con los móviles en una lengua que desconozco, de esos que nos dicen que huyen de las guerras, de las masacres del terror  sin otras alas que volar a esta Europa que se pierde en sus idas y venidas de consejos de gobernantes y entresijos sin remediar lo que nos atañe a sus habitantes.
Me turba la luz de este día como si el amanecer tuviera en sus luces difusas alas invisibles de seres que nos cruzan y nos miran sin que yo los vea y sí lo siento. Desde mi lejana infancia cuando había ese silencio que nos deja pequeños escuchaba decir a mis ancianos que entonces era cuando pasaba un ángel,  o se iba un alma al otro mundo. Cosas de viejos, dirán los enganchados en las tablees  y el móvil…
Busco en este amanecer manchego el vuelo del vencejo  por los aires, su  poca admirada habilidad por los humanos, para elevarse hasta la cúspide del cielo sin cansarse. Escudriño los cielos azules con esa capa de calima tempranera, los grupos de golondrinas y aviones, sus sonidos que anuncian que están vivos, su resistencia a  volver un año y otro al nido que dejaron vacío, aunque en muchas ocasiones esos nidos han sido destruidos por  obras urbanas, porque somos tan ignorantes que no cuidamos esas colonias que nos libran de tanto insecto molesto y peligroso.
No veo en este amanecer su estela oscura por el cielo, ni pasar por la calle con su ruido de voces chillonas y armoniosas que me dicen que  para ellos la vida es volar a pesar de todos los inconvenientes,  al pensarlo, en este cementerio de vanidad mediocre donde los picaros abundan desde los políticos que en esta España no se ponen de acuerdo para  ser gobernados, los unos por los otros, y terminar de marearnos con ir a depositar papeletas en urnas que nos saben a chifla y una broma pesada que no termina nunca… 
Se me encoge la voz  en esta madrugada por donde los cohetes aguardan ser disparados al paso de reinas y reyecitos, de princesas y madrinas de ferias patronales donde, sin apurarse, siempre hay alguien que escribe en contra de esta farsa de fe, como si a estas alturas de la Historia no supiéramos que a casi nadie le importa el patrón o la patrona en cuyo nombre se dice celebrar esa feria.
Y mientras tanto  al salir a la calle siento que estoy dentro de esta torre de babel indecisa donde los gobernantes nos dicen con la boca muy chica, que hay que ser solidarios, jamás xenófobos, y generosos con los que nos han llegado de mares extraños y países  que nada aportaron para salir del bache en el que nos han metido nuestros amados políticos.  
Sí, los que estamos aquí generación tras generación aportamos nuestro esfuerzo diario sin ayuda ninguna, pagamos impuestos altísimos, carecemos de vacaciones y, cuidado con no asumir lo que las leyes dictan,  porque nos pueden dejar sin justicia por aquello de que  no merecemos nada, salvo trabajar y ahorrar para pagar a unos y a otros  sus  muchas necesidades.
No puedo volar como los pájaros y siento que los dioses  que presumen de no tener ni Dios ni moral, me han cargado de cadenas. Progresar, es al parecer, hacer esta travesía de perder dignidad  entre el falso perfume de palabras vacías y proclamas de evangelios cívicos por donde nuestra ruina crece y crece cada día.  Hoy me pasa el silencio de no escuchar el canto de los pájaros y comprobar que se han ido, quizá porque me faltan alas para salir de este atolladero.

                                                                                                               Natividad Cepeda

Arte digital: N. Cepeda

  

miércoles, 13 de julio de 2016

DOLOR IMPUESTO




                                                                     
                                                        Ha muerto por un tiro en la nuca
                                                    a las 6,30 horas, de un domingo 13 de julio
                                                    de 1997 Miguel Angel Blanco Garrido.


      A todos a los que el terrorismo y sus mercenarios  de cualquier ideología
 a través de la Historia,
 usurpado a Dios, y en su nombre,
 anticiparon  la muerte de los seres humanos.
                                                   


 

Un hombre empuña una pistola
a su lado hay otro hombre maniatado.
Se escucha un disparo.
El hombre maniatado e indefenso cae.
Sólo  ha muerto un hombre.
Sólo.
El pistolero sin mirarle se guarda la pistola.
Es un terrorista que ha cumplido con su oficio.
Matar.
Caín se aleja sin mirar a su víctima.
Desde las alturas Dios enmudece.
Vuelan pájaros  temerosos de los hombres.
Un ángel de luz recoge gotas de sangre.
El ángel es una ráfaga de aire que nadie ve.
Innumerables veces  sobre la sangre vertida
ha dejado su aliento, su desamparo, su dolor
escrito en  las paredes del mundo.
La vida arrebatada  es siempre inenarrable.
Llora el ángel.
Lloran millones de víctimas.
Llora inconsolable la estatura caída del Hombre.
El muerto maniatado en su profundo silencio
grita libertad en el último estertor agónico.
El pistolero sin volver la cabeza
hecha a andar escondiendo su cobardía.
Avergonzada la muerte calla.
Se aleja  sin conciencia el terrorista.
Llora una mujer que no entiende de pistolas
Llora el pueblo bajo el peso de las lágrimas.
La madre recoge el despojo y se muerde sus entrañas.
Emerge un grito, seco, aterrador y  universal
Hay millones de corazones rotos.
Millones de voces que claman libertad,
justicia, paz...y el pueblo grita ¡BASTA!
Nada Más.
Con sabor agridulce se sacude el miedo
el pueblo que entierra al inocente.
La muerte no doblega ni pone de rodillas
a los que  aman la  libertad y la defienden.
Un hombre ha caído,
una mujer,
un  niño...
Riega el llanto la tierra y la fecunda.
Un ángel deja caer gotas de sangre;
sangre de la que nacen amapolas.
Amapolas de sangre, amapolas de vida
sobre la dolorosa cicatriz del pueblo.
Un pedazo de pueblo  que no huye,
el que entierra a sus muertos
y apuesta por la vida.
Nos redime el dolor,
Nos redime y nos salva el amor,
siempre nos protege del mal.
Porque  el terror jamás ahogará la libertad.
Dios no da la vida. Dios nos hace libres.

                                                                           Natividad Cepeda
   


Hoy hace 13 de julio de 2016  hace 19 años que Miguel Ángel Blanco  Garrido le  acallaron  su voz: Hoy sigue siendo injusta su muerte. Y la de todas las víctimas asesinadas por el terror.                                                                       

lunes, 20 de junio de 2016

Decadente sociedad occidental amaestrada


                  Me asombra la violencia  que nos lleva y trae por la senda  de Hades; ese infierno  que reparte trozos de injurias y combinados de veneno por las cavernas de las tribunas que incitan a la greña y al insulto, a la amenaza y la destrucción de todo cuanto sea posible, desde el mobiliario urbano, a las pintadas en paredes y bancos, paredes de edificios civiles y religiosos basados en hacer suyas, los habitantes de las calles, esas palabras de los Profetas  de prédicas civiles, o más bien de tinte incivilizado y errabundo entre el crujir de gritos y el recóndito ambiente de muertes anunciadas, porque unos son los malos, según, ellos; y ellos, los ángeles alados, que devolverán los sueños a la jauría humana que no respeta nada.

Callar es la nota silente de la mayoría de los habitantes, temen a las bandas de jóvenes jaleados por esos políticos que aluden al miedo de que la balanza de la suerte esté de su lado y no de ningún otro. Prometen paraísos imposibles, tan imposibles como esos que vivían al otro lado del muro: un muro construido por esa izquierda comunista  que ahora pregona libertades. La misma que ambiciona poder hacer milagros como en Grecia o ese otro lado oscuro de Corea del Norte donde la felicidad es la ambición de quien impone su criterio como dogma de vida. Y todos nos callamos.

El miedo se mete por todas las rendijas de nuestra sociedad amaestrada.  La sinrazón es la base de toda esa injusticia que nos sella los labios. Nos sentimos dichosos porque un equipo de futbol gana un partido y asistimos a ver miles de personas voceando como ganado estabulado, porque conviene tener a esas apersonas ocupadas en ver correr detrás de una pelota, a unos cuantos hombres, como si esos hombres fueran dioses.
Si hablo sin mordaza y sin tapujos  me siegan la hierba debajo de mis pasos. Se me levantan espadas sobre mi cabeza, machetes en mi espalda, espinas para mis pies y manos. En la caverna  se nos encadena delante de una imagen de plasma, se nos evita así, pensar  filosóficamente, porque pensar en peligroso e impide ser manipulado fácilmente. Por eso la libertad, la mía, se diluye como un azucarillo en un café con leche cuando me callo por miedo a que me tomen por desvariada, cuando me asombra que se pase a una iglesia y se insulte a los que celebran su fe, que es un culto privado. Un templo es un edificio que no se impone, que no agrede a quienes pasan a su lado: valientes son todos aquellos y aquellas, que se atreven a injuriar y destrozar los templos nuestros, los que marcan la diferencia arquitectónica, los que subsisten a espolios y vandalismos de otras épocas aterradoras, y permanecen para que los turistas, los observen y admiren porque son patrimonio nuestro y de generaciones pasadas y futuras.

Y me asombra que esas mismas personas que se atreven con la fe cristiana no les moleste ni se atrevan a levantar su furia en otros templos, mezquitas, por ejemplo; por qué no se atreven con esos edificios, quizá porque temen que no se lo permitan y entonces no se atreven, porque ellos ante esa otra fe, sí tienen miedo.

Se está herrando los procederes en demasiados ámbitos y no es bueno provocar por provocar y después pedir que seamos indulgentes. Pero los que no nos callamos somos pocos, y cuando hablamos se nos castiga negándonos el pan  social de las prebendas, de los reconocimientos y hasta el trabajo ganado en buena lid, por eso, porque no nos callamos y somos incorrectos. Yo siento que todo esto lo he vivido, que no es la primera vez que se me aparta de los salones del poder; no, ya lo viví antes, no recuerdo cuando fue, pero sí, sé que esto ha sucedido y que nunca termino bien.

Ya, ya, hablar así solo se lo es permitido a los que han padecido algunos ictus, a los locos poetas que se mueren de hambre y a los escritores pobres que nadie los contrata para escribir columnas de opinión, porque sus opiniones no se les debe dejar que otros las conozcan. Así para dejar que no nos tapen la boca tendremos que ser personajes de historias estrafalarias, algo así como quijotes trasnochados y decir que peleamos con gigantes, aunque nos demos de bruces con tanto descalabro que nos tiene atenazada la vida, porque la violencia y el miedo a ser pisoteados, maltratados, violados en derechos civiles y ahora tan disfrazados de eterno buenismo, nos deje como aquél gallo que perdió su plumaje, y el pobre cacareaba en vez de lanzar quiquiriquí, por si acaso se lo llevaba más pronto que tarde a la cazuela.  En otros momentos, otros siglos, vivieron atropellos y siempre perdieron todos, porque sin respeto, la anarquía solo engendra violencia y decadencia y siempre se da en las sociedades decadentes.


                                                                                                            Natividad Cepeda 

sábado, 18 de junio de 2016

La turbulencia de los días de junio

                                  
Me encuentro habitada de ráfagas de desencanto ante la publicidad del comercio desmedido de políticos y fanáticos  donde la ética  hace aguas, y se hunde en al mar  prevalecido de la ruina moral y económica donde estamos instalados. Seguimos anclados en las agresiones  globales  como si éste planeta nuestro fuera hacia su destrucción, dándole prioridad  a la tragedia de cada día sin buscar soluciones a las incursiones del capítulo macabro del crimen y el terror.

Entre nosotros, españoles sumidos en la hecatombe del no sé dónde voy  y de dónde vengo; los brotes de inseguridad y falta de respeto público  se suceden en recintos públicos y privados, donde la cobardía del desastre se asienta alimentada por  los que dan salida a sus rabias,  insultando y exhibiendo la cobarde acción de sobrepasarse con quienes de antemano saben, que no serán violentos ni les plantaran cara ante sus desmanes y provocaciones. 
Abro los ojos asombrada de tanta tumba abierta desde la hipocresía de los que se atreven a profanar creencias religiosas, exclusivamente católicas, y nada dicen ni  se atreven con otras religiones,  templos y edificios donde se adora a Dios también,  y por supuesto, no se atreven a traspasar el umbral de ellos, porque conocen que saldrían mal parados y mal paradas. nadie se escandaliza de esa contumaz cobardía tan criticada en medios públicos, tan ridiculizada en montajes fotográficos, dibujos y videos por muchos de ellos que se sienten intelectuales ilustrados, pagados desde facciones políticas  con el pretexto de querer mostrar lo impío y sucio de una religión concreta   y sus ministros y seguidores, obviando, esos mismos medios y vocingleros pagados, los mensajes macabros y la arengas de ausencia total de libertad, para sus seguidores.
Ciertamente que denunciar lo malo y podrido de cualquier grupo humano es loable  y  quitar sumisiones, mostrando el lado oscuro de algunas actividades deleznables,  es necesario,  tanto por medio de los grupos sociales como por las leyes vigentes en favor de la humanidad y las personas que las componen. 
Pero esos mismos motivos  que se dan y son conocidos en otras religiones no son atacados ni mostrados, no solo en suelo español, en sus ciudades donde los seguidores exigen aquí lo que en sus países de origen no nos permiten a los católicos y cristianos, manifestar libremente nuestros sentimientos religiosos, llegando incluso a prohibir y hasta asesinar, a nuestros hermanos en la fe.  
Y esas evidencias no son mostradas en canales televisivos que se rasgan vestiduras éticas en favor de las víctimas de los católicos y pasando por alto con el ignominioso silencio  de la palabra y la imagen de lo que ocurre en puntos geográficos dados a conocer por escasos medios, además de procurar silenciar los hechos aberrantes de violaciones de niños, niñas, personas quemadas vivas, mutilaciones, cabezas cortadas en el nombre de sus creencias.
Ese espectro nos rodea envuelto en la tela de araña de lo políticamente correcto, de los que aseguran ser laicos, y callan, y no denuncian, esos otros estados donde la religión es impuesta por la fuerza de armas y leyes.
Parece que los únicos que damos problemas somos los católicos, por eso algunos artistas a falta de ingenio tiran de la provocación cristiana para hacerse un hueco en esta sociedad cobarde. Sociedad  seguidora de ídolos  exento de valores éticos; valores tan imprescindibles para la familia humana.
Y si gracias a la técnica  hemos logrado avances desconocidos hace medio siglo, inimaginables, también es cierto que en lo moral  no hemos avanzado.   
Y  derivado de esa consecuencia  hay hoy  problemas demográficos, entre otros muchos,  porque si la vida no es defendida en todas sus manifestaciones y respetados los grupos sociales, desde cualquier actividad  política y social.  
Las consecuencias de esas arbitrariedades nos llevaran a un desencuentro difícil de prever y atajar. 
La racionalidad imperante esconde  la turbulencia de los días de junio y de otros muchos días y meses,  en la ausencia de apoyos reales,  ante los brotes violentos y falta de respeto, luego, escribimos mensajes y ponemos flores vegetales y de palabras,  en muros y calles   del mundo, como si al hacerlo, nos fuera perdonado el silencio cobarde de callar lo que hay que denunciar y no permitir.   



                                                                                    Natividad Cepeda