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Natividad Cepeda: escritora, articulista, poeta: pertenece y es miembro de la Academia de la Hispanidad, a Red Mundial de escritores en español “REMES: Asociación CEDRO: Asociación de Escritores y Artistas españoles) Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha: CAPÍTULO DE NOBLES CABALLEROS Y DAMAS DE ISABEL LA CATÓLICA Presidenta Club UNESCO Arquitectura de Piedra en Seco-Los bombos tomelloseros. Entre sus distinciones destacan Dama Andante Asociación Cultural “Quijote 2000”, Dama del Capítulo de Nobles Caballeros de Isabel la Católica. Molinera de Honor de Campo de Criptana Algunos de sus premios literarios son: Ciudad de Montoro, Premio de Poesía “Reposo Neble”, Bollullos Par del Condado (Huelva), Premio Internacional de la Casa de Andalucía de Benicarló, Premio Nacional de Conil, Pastora Marcela de Campo de Criptana, Lola Peche de Algeciras, Premio Ciudad de La Roda entre otros...

jueves, 6 de septiembre de 2018

Al amigo jamás se le despide porque habita en nuestro corazón


Carta al sacerdote  Jaime Quiralte  Tejero

                                                                                   
Ha empezado septiembre  y te hemos despedido con un canto de amor en mitad de la fiesta de la Eucaristía con la fe encendida  semejante a las velas que alumbran el altar.
Ha llegado septiembre con su dulce y suave melancolía de membrillos y uvas y el revuelo de las primeras hojas llevadas por el viento en busca de la muerte.
Ha llegado abriendo las puertas de las aulas a esos escolares que aprenden a pilotar la nave de la vida con libros y palabras de los hoy, denostados maestros.
Y no te encontrarán en clases de religión mezclado entre ellos con tu mirada alegre similar a un prado en primavera porque como las golondrinas vuelas a otros  territorios.
Y sabemos que no caminas solo pues contigo va toda la entrega que tú nos regalaste cuando aquí llegaste veinteañero manchego a bautizarnos niños y a despedir a nuestros muertos.
Nos has regalado tu juventud celebrando en la iglesia el mandato de aquél Jesús nacido en Belén constante de pasión en cada homilía y en el saludo amigo al verte por la calle.
¿Sabes? que sin proponértelo,  tu encanto nos fue dejando el rastro del Dios al pie de ese continuo catecismo de amor de un día y otro día, sin pedir nada  a cambio.
Y no es que nos hayas resuelto las dudas de ese hondo sentir que a veces nos abruma y como los pastores de toda Nochebuena, seguimos llegando al Sagrario a buscar al Maestro.
No, pero has sido como un acueducto que nos señalaba por donde el agua llegaba a las moradas del alma y al escucharte, Jaime, sacerdote católico, nos dejabas sintiéndonos mejores.
Mira, tú has sido nuestro amigo, con tu prisa y tu risa de querer contentar a todos sin que tú te quisieras un poco y, a todos nos parecía que tú jamás desfallecías ni tenías problemas.
Y nadie comentaba que este chico sufriera o se desalentara porque Jaime, el joven sacerdote que canta y toca la guitarra, declama en el teatro y organiza una tras otra convivencia a los jóvenes llevase algún fracaso e injusticia en los pliegues del alma.
Somos todos así, un balde de agua sin etiqueta porque contigo todo era diáfano igual que cuando el sol al amanecer besa los campos  y por cotidiano, nunca damos las gracias al Señor, por ese gran regalo.
Hoy la iglesia de este pueblo olvidado en los mapas del mundo de nombre Tomelloso se ha quedado pequeña para que por última vez tú bendijeras el pan de nuestros  trigos y el vino de las viñas que aguardan la vendimia mañana. 
Y al llamar las campanas por la tarde, sentíamos que Jaime nos llamaba, o creíamos que su sonido nos invitaba a valorar todo lo que ahora perdemos con tu marcha.
El templo se ha llenado de hombres y mujeres de edades diferentes, buscadores del  horizonte  que Cristo nos señala, el que a ti te eligió y escuchaste su llamada. Y mira que es difícil seguirle con firmeza  sin dejarnos comprar ni traicionarle. La memoria flaquea y hasta que no canta el gallo hay veces que sentimos el miedo y el silencio nos hace reos de nuestra cobardía.
Es cierto y es verdad que todos nos caemos y buscamos refugio en el amor de Dios y en su Evangelio de las santa escritura y escuchamos  a ese sacerdote a veces sin oírlo igual que se oye el rumor del aire pasar por los árboles que hay junto a la iglesia.
Somos tan estrechos de miras que ignoramos la soledad del otro; al que estrechamos la mano cuando deseamos la paz, ese ruego que nos da el sacerdote y nos desea todos desde su soledad en el ara sagrada del altar.
Hoy el templo era un templo de amor, nosotros, todos sentíamos tener que despedirte y cuando el cielo retumbó quitándose el calor de los días con la lluvia caída, recordé que cuando por primera vez nos llevan hasta el templo, el agua nos recibe y nos acoge en el seno de la madre Iglesia y  nos despide cuando el sacerdote nos rocía el ataúd con el agua bendita.
Once años calle arriba y calle abajo, nos has acompañado Jaime Quiralte, noble hijo de Alcázar de San Juan, sacerdote católico, perseguido y vejado hoy igual que ayer, muchos de tus compañeros. Once años de amistad y trabajo y sin palabras el pueblo de Dios ha prorrumpido en mitad de la eucaristía en emocionado aplauso. Once años de un hombre ejemplar: Cristo Jesús te lo premie y te  siga llevando por caminos de luz.
Mañana, estimado Jaime, tú no serás notica de los grandes diarios, ni de la televisión y sus cadenas, ni de esos portales de Internet que aglutinan millones de seguidores.  No te darán el Nobel, ni te impondrán condecoraciones, afortunadamente…
Mañana septiembre  volverá a sentirte orar por esta tierra que sigue siendo demasiado valle de lágrimas y rezarás por ella bendiciendo su afán, y cuando pase el tiempo y seas menos joven, recordarás el templo de este pueblo manchego escuchándote en silencio y reteniendo las lágrimas porque tú te estabas despidiendo.
Que bella es la amistad y aquellos que saben compartirla. Que hermoso es saber que no todo es feo y deleznable   en esta sociedad. La música de los últimos días del verano es de melancolía cuando por el ocaso vemos a los que se marcharon.
Mira Jaime, los tomelloseros  rezumamos mosto en vez de sangre. Mosto que nos golpea el corazón y nos lo deja hecho cuarterones, sí cuarterones de amor porque al cuidar nuestras viñas todos somos lagares de Dios.
Vuela como las aves  Jaime y sigue llevando alegría allá donde tú vayas.


                                                                                            Natividad Cepeda   

                                                                      

                              Publicado en el Diario Lanza 03 Septiembre 2018  © Lanzadigital


                                                                                                  





viernes, 31 de agosto de 2018

Todo es avaricia y escarnio


   
         No reconozco este vasto mar embravecido que viaja a través del odio y la avaricia. Lo miro crecer a mí alrededor entre barcos de piratas y bucaneros con la fortaleza del cinismo y el perjuro como único equipaje.
Realmente es tan terrible que cuando uno de esos barcos se aleja de los puertos, sin tregua llegan otros y tan cargados de ignominia que los remolcadores tienen que ayudarlo para que atraque.
Crecen por las ciudades y los pueblos  consignas de muertes anunciadas como si el instinto de bajeza hubiera soltado sus amarras y avanza asfixiando la seguridad de las gentes.
Los poderosos señores recién llegados al reino se muestran tan ufanos de su aventura que progresivamente  descalabran a funcionarios  de tal forma que de la mañana a la noche se ven puestos en la calle.
Y nadie sale a protestar por las calles se dijera que los que antes salían a plazas con carteles y ruido les parece decente que se quite a los unos para poner a otros. Y no quedan tierras nuevas que descubrir adonde huir para descubrir nuevos mundos.
Confieso que la extensión de esta locura es tan amplia que temo  que la cólera de los humillados alcance su cenit en contra de los  devoradores   de principios, ellos, los que miraban todos los pormenores de corrupción y estafa en favor de la gleba que sigue siendo ignorante y sumisa como lo fuera ayer.
Ensordecen  con su afán de poder y de avaricia desmedida hasta en las esquinas de los pueblos semidesiertos  donde solo quedan  viejos esperando la muerte sin prebendas de pagas ni exención de tributos.         
Callamos primero con los unos, soportamos ayer las protestas de los que predicaban decencia y honradez; y cuando llegan aplastan la delgada paciencia con su hambre de dinero y de poder.
Todo lo domina la avaricia, el escarnio y la soez mentira que aplasta hasta la pasividad  de la ciudadanía  aborregada y envuelta en mensajes de falsos aditivos. Pero el miedo a la inseguridad y al escarnio de repente es un murmullo apenas perceptible que empieza a ser escuchado en voz baja.
Y cuidado con ignorar las aguas revueltas de los que no gritan en principio porque  no es bueno atornillar con leyes injustas los silencios. Ni tampoco justificar con humos fatuos la ausencia de decencia.
No, yo no reconozco tanta falsedad dejando sin esperanza  a los que pagan con sus diezmos a los predicadores del  buenismo, claramente  nefasto para el pueblo. A ese pueblo que se le ofrece jugar a la ruleta en casinos surgidos en las calles y en esos otros casinos virtuales  entre el botellón y los partidos del futbol  a semejanza de los  emperadores de la antigua Roma que fueron destruidos por los barbaros.
No, no debemos hablar de estos asuntos pues corremos el riesgo de ser señalados con estrellas  invisibles hitlerianas  o acusados y metidos en los gulag  stalinistas de turno; sistemas del horror donde la libertad no existe.
Paralelismos inaceptables que con solo nombrarlos nos inquietan.
No, no quiero que la fotografía de ir los unos contra los otros se repitan. Ahora que voy  envejecido  no quiero revivir los testimonios escuchados  de los que ya murieron y lo vivieron en su infancia.
La casta denostada se ha marchado y en el reino ha ascendido otra nueva con elementos desdibujados de collares oscuros  y limusinas donde acomodar a damas y trúhanes no mejores que los que no hace mucho denunciaban.  
El poder es una fiebre que corrompe y aísla de la verdad autentica y como decían los antiguos egipcios  no es posible la belleza sin  verdad. Verdad en las palabras y en los hechos porque sin la verdad se muere la esperanza.
Mendigo equidad; dar a cada uno según sus méritos, no regalar la tarta sacada del trabajo del pueblo a quien no la merece. Calibrar los valores personales con objetividad, justicia y prudencia es saber gobernar.
La otra salida, es una puerta falsa. Un portón que se reclamará abrir  cuando los espacios de las verdades secuestradas, se cierren  para la mayoría y no bastarán represalias ni fingir redimir los abusos  con esqueletos que no conocimos. En el curso de los corredores históricos a ningún gobernante le ha beneficiado mirar para otro lado.
                                   
Y tampoco podemos perder la luz de la civilización y la convivencia. Si la perdemos, todos, absolutamente todos, perdemos.






Natividad Cepeda


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Arte Virtual: N Cepeda

miércoles, 1 de agosto de 2018

La tierra despoblada y olvidada



No escucho en los diálogos  quejarse de la despoblación de esta callada tierra en la que me cobijo. Parece que somos inmensamente felices y despreocupados como si el comer de cada día fuera fácil y sin problemas. Ni siento que se manejen datos del deterioro de pueblos grandes y pequeños. Nada se habla de la despoblación ni de la vejez de los que la habitamos ni tampoco de la ausencia de niños en familias propias y ajenas. Nadie, absolutamente nadie se interesa por los datos publicados de nuestra población actual como si estuviéramos caminando por caminos de pétalos de rosas. Y ante esta tragicomedia  me siento impotente  por todos los pueblos que se mueren y se olvidan.
Nadie se atreve a decir el miedo cobarde que nos ata la lengua porque no es correcto ni tampoco conveniente, por si a los mandatarios se les va con el chivatazo y nos castigan, sin palos,  a nosotros o a algunos de nuestros hijos y hermanos con esas sutiles y cínicas  represalias de no poder acceder a empleo público porque, por ejemplo, en el examen oral nos restaron la décima que nos dejó sin esa plaza y qué curiosamente se la dieron a un colega de partido o familiar de los gobernantes.
No lo denunciamos ni tan siquiera en los pequeños grupos de amigos porque de nadie nos fiamos. Nos rodea el silencio y la envidia con el miedo a caminar por la noche porque nos cruzamos con hombres desconocidos que no sabemos de dónde vienen ni quiénes son. Y tememos que cualquier día nos asalten para robarnos en la calle o en casa porque a todo se atreven los delincuentes de aquí y allá por el abandono en la que los ciudadanos que sostenemos el sistema estamos sometidos.
Y nos arruinamos, ahogados por impuestos injustos y desmedidos en estos tiempos de bonanza, según nos dicen los medios de comunicación más escuchados y masivos. Tenemos tanto miedo al descalabro económico y social que nos callamos ante el abuso del impuesto a las miserable y exiguas casas desparramadas de nuestro campo agrícola, al que nadie defiende. Vergonzoso impuesto propio de estafadores y opresores cuando es  sabido por todos los estamentos gubernamentales los masivos robos en el campo español, los precios calamitosos de los productos agrarios y el envejecimiento de  los empresarios autónomos, calificados continuamente, de explotadores  con la mano de obra en las labores del campo en cualquiera de sus cultivos.
La impotencia nos cose la boca ante vecinos, amigos y oradores de tribuna y papel, de micrófono de radio, portal de Internet y ventanas televisivas que manejan la opinión pública para evitar pensar y decidir  con plena libertad. Nada que decir ante la invasión de conejos en los campos comiéndose plantaciones de todo tipo, aún con los tutores puestos y el coste que esos mismos tutores cuestan al agricultor: nada. Callados porque enseguida se nos insulta de depredadores u conservadores malditos como si conservar y hacer crecer el empleo en las zonas rurales no fuera necesario.
Nada que alegar por las orinas y mierdas de perros amados y cuidados por veterinarios y dueños que dejan en las vías públicas, aceras  y esquinas sin que importe lo que esas defecaciones contienen para los que pasamos y convivimos día a día en nuestros pueblos y ciudades. Tampoco se pueden tocar a las palomas que nos destruyen tejados y nos regalan en demasiadas ocasione sus excrementos en balcones y, también al pasar por la calle en nuestras cabezas, porque las palomas no tienen  servicios para hacer sus necesidades.
Nos callamos porque si opinamos en libertad se nos cierran la puerta de la sociedad actual tan proclive  a ser buena con los que nos desprecian y someten a este sistema de que los que estamos aquí no importamos.  Si somos visibles  para cargar con impuestos y dejar al Estado los ahorros de nuestros padres y familiares cuando mueren y, los heredamos, siendo el Estado, el que hereda sin asomo alguno de ética.
La mudez nos abotarga en otros muchos campos de nuestra sociedad. Y no es aconsejable decirlo ni escribirlo porque la represalia nos caerá de la manera más servil e insidiosa que ni podemos imaginar. Pero todo eso nos está llevando a tener nuestra amada tierra despoblada en municipios donde solo mueren personas viejas, olvidadas o amontonadas en los guetos de las residencias geriátricas, porque solo los jóvenes, ricos, guapos y sanos tienen derecho a la vida.                      

                                                                                                                

                                                                              Natividad Cepeda


           Arte digital: N Cepeda              

sábado, 7 de julio de 2018

En memoria de María Dolores García –Solana Gavidia en la XLIII celebración del Concurso Literario del Molino de Viento de la Bella Quiteria de Munera a doña Amparo Gavidia, su madre.


 Admito que cada día me duelen más las ausencias de los que se me han ido. Los nombro y me signan con ese grito íntimo que no dejamos salir de la garganta porque a lo largo de la vida los dado.  Bajo esa sombra de frondas austeras  yo soy un poema de mujer hecho tristeza, desnuda de las hojas del árbol de esas vidas, que se marcharon a otro paraíso. 
Ayer, hace ahora un año, María Dolores García-Solana Gavidia; la sollozos nos visten y acogen en el coro de adioses que hemos hija amada de doña Amparo Gavidia, sonreía dulcemente a la sombra del molino que edificaron sus padres para homenaje anual de la palabra escrita en verso y prosa, exclusivamente, por amor a la obra de Miguel de Cervantes, de la novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de los capítulos XIX, XX y XXI  de la segunda parte. Donde se narra cuando don Quijote y sancho Panza, regresaban de la Cueva de Montesinos, y en el camino les cuentan de una boda que se va a celebrar de una bella moza, que ha dejado a su novio pobre, por otro mucho más rico. Y en ese triángulo amoroso de Quiteria, la bella, Basilio el pobre y Camacho el rico, se trae a colación la celebración de aquellas bodas de siglos pasados, en parajes manchegos.
Paraje de Munera que localiza y propone don Enrique García-Solana, investigador,  cronista, periodista y escritor, que ha llegado con ese sueño hecho realidad,  junto con su esposa, hasta nuestros días para honor y honra de Munera.
Ayer, la sombra protectora del molino, nos dejaba ver la sonrisa cálida de Mari Lola, como oí llamarla a su madre, Amparo Gavidia,  y sobre el calor de julio  vuelve la memoria a la mujer que falta, pero que no se olvida.  Tornasoles de rostros femeninos recuerdan a la ausente, con el sol como huésped  del molino. Arriba, en las aspas del molino, la pasión y la grandeza de las voces de los poetas llegados de otras tierras  se va extendiendo por el harnero de la tarde de julio,  y siento que la vida que hoy hemos perdido, regresa por el costado de los muros.
La voz de la congoja tiene alas de múltiples sonidos renovados al viento de los antepasados; los que cada uno llevamos en lo hondo del pecho que en ocasiones se remueven,  dejando un poso de ahogo en las garganta o, también, despertando esas huellas que seguimos de quienes nos dejaron.
Todos los sonidos que nos trae la tarde nos dejan al principio de otras tarde de julio, como si los deseo se volvieran errantes y jugaran  alrededor de los peroles de gachas, el pan y las navajas y con tantos amigos con los que compartimos, estas bodas eternas y constantes del molino de viento de la Bella Quiteria, siendo escuderos, junto a él,  de andantes sueños. Sueños que nos conducen a las cumbres de lo eterno.  Y de repente  sabemos que Miguel de Cervantes sigue tomando notas para no olvidar lo que escucha, y a su lado, Enrique García –Solana, atisba lo que el escritor quiso ocultar y sueña, y sueña con otros siglos, y el ama de su casa, doña Amparo, lo escucha y los dos sueñan y piedra a piedra se alza el sueño de un molino de sueños…
Munera, Munera, para siempre  en tus oídos sus voces entre el algodón del azul del cielo y el familiar eco de todos tus vecinos, alrededor de este molino. Munera, Munera, un antes y un después han de escribir en tu Historia, pues entre tus elegidos, quedan los dos Enriques y Mari Lola ligados a tu nombre.
Ahora ellos duermen en esa constelación de los humanos, y nosotros, todos, les seguiremos. Amor de amor, nos acompaña junto a tu frágil figura de matriarca, querida Amparo: Dama manchega, herida madre, serena anciana mucho más bella que esa Quiteria que nos retrata, Cervantes, en su Quijote. No tengo lágrimas pues son las tuyas las que yo sigo. No tengo nada para demostrarte cuanto te admiro…Hierra la vida cuando nos faltan los que amamos, más no el cariño de este puñado de pobres gentes bajo la sombra de tu molino. Bajo las aspas de tu familia queda la herencia que tú creaste, Dios te lo pague noble señora como mereces.

            
                                                                                 Natividad Cepeda
                                                                                                                                                                                                          
Munera a 7 de julio de 2018
                                                                                  
                                                                                                                                             
                      


lunes, 26 de febrero de 2018

Contemplando un cuadro de cigüeñas del pintor español Ángel Pintado


            
Un muro, y el tejado está habitado de cigüeñas y pareciera que ellas, desde siempre han estado  ocupando ese espacio tan suyo, tan unido con su vuelo en descanso mirándose   a sí mismas  su plumaje en rededor, mientras corre el tiempo en desbandada. Nos crecemos de tiempo como si de su aroma naciéramos y no es cierto porque somos fugaces como vuelo de pájaros.
Las miro. Contemplo a las cigüeñas  desde ese cuadro de un pintor que parece que él también se mira en su interior cuando lo tengo enfrente. Tan otra cosa, como si se escondiera de todos o jugara al escondite con las cosas y los perfiles de las sombras, de los recodos y los colores que él mezcla y distribuye como si fuera algo inmaterial y tocara con los pinceles una sonata de melancolía y de tristeza, porque  en los pinceles encontró su arpa y sus dedos  pintan poesía o yo dijera que hace poseía sin palabras.
Yo que nada entiendo de los que se dedican al oficio de vender la belleza plasmada en un cuadro me detengo en este cuadro  de un pintor  llamado Angel pintado, nacido y andador de las calles largas y solitarias de Tomelloso y al hacerlo, y yo verlo me parece que quisiera esconderse de todos y, a la vez  captar las sombra y las luces de todas las esquinas porque, apenas si en Tomelloso hay plazas y rincones que saluden a vecinos y visitantes. Y este pintor escondido en su figura de bohemio de antaño, satura su pintura de románticos vuelos  como si las llanuras las mirará a través de una gasa  de seda, o su mirada la hundiera entre rendijas de grada coloreada de luces de quinqués polvorientos. De esos trastos que él recupera como si él no quisiera, los demás, los otros, nos olvidáramos de ellos.  Y todo ese universo lo deja reposar entre las telas saturadas de esos olvidos que al verlos en sus cuadros a mí, que nada sé de crítica de arte, me emociona y me devuelve la ternura de encontrar y admirar la belleza de las pequeñas cosas sencillas. Tan hermosas como un bombo apenas perfilado entre flores silvestre y amapolas que parecen, que de un momento a otro escaparan del cuadro y se vayan a la tierra,,al aire y al barbecho de donde él, Ángel Pintado las sustrajo.                    
Y de pronto yo que nada sé de premios y sucios vasallajes de jurados donde también se compran y vendes las dádivas del arte, me admiro y embeleso ante una rama de fruta que reposa sobre  algo sutil e inexplicable, como si al fruta fuera la muchacha desmayada de un cuadro y un hada la hubiera trasformada en esa rama frutal  cobijada de hojas lánguidas…Y, no entiendo el cíngulo invisible que une una rama de almendro con la sombra de un mueble  antiguo,  ni porqué el pintor lo eligió para darle soporte a esas flores que por sí mismas ya son bellas. Miro el cuadro y su composición y me pregunto ¿por qué, a este hombre soñador de figuras, se le ocurrió juntar  la madera viva de la rama de almendro, con la madera muerta del mueble? que hace que las flores sean más blancas y más bellas.


                 
Sus manos traban sueños como si el pintor escuchara una voz interior que le dijera por donde han de ir los trazos, y el color hiere tela y madera persignando sus creaciones  tan libres como lo es, y debe ser todo pulso del creador que se precie. La casa, la suya, y la mía; las casas de otros que se fueron tienen o han tenido, tablas  de yeso o de madera  donde dejar un jarro antiguo de cristal: yo tengo uno de mi abuela igual que ese jarro que Ángel ha pintado. Si lo tengo y lo amo porque pienso que es parte de mi vida y de esa abuela que yo no conocí.  Y de las otras abuelas que me dejaron la herencia de los jarros de cristal guardados, igual que ese jarro que hace de florero  en un cuadro transido de  ayeres y nostalgias,  junto a un cuenco de cerámica y un imposible puchero o jarrón azul, como si un soneto clásico lo hubiera dejado para que fuera compañero del jarrón donde los tallos verdes audaces y orgullosos, eclipsan a todo el que comparte los límites del cuadro, quedando algo alejado un humilde plato, casi olvidado, porque hasta las flores  malvas de semilla amarilla se difuminan, se visibilizan,
No todo son figuras de enseres hay mujeres de antaño, de esas que vestían faldas largas y creaban una curvatura de arco románico al inclinarse para arrancar a la tierra los frutos, o las malas hierbas de los campos. Mujeres sin rostro, o con rostro universal de campesinas anónimas y frágiles en medio de una augusta blancura manchada  de sutil colorido, apenas unas manchas diluidas,  para que los que las vemos y contemplamos nos unamos al cuadro y sintamos que ellas, y nosotros, somos un todo en mitad de la nada de la vida.
También Ángel Pintado nos deja torres lejanas y serenas  de palacios o templos  y ciudades,  bajo anaranjados colores de crepúsculos por donde un río  discurre por debajo de un puente: un puente de esos que dicen que tiene siglos y a los que miramos  por ser tan singulares y,  por aquello del misterio que  se aloja en las piedras que conocen los pasos del ayer …Poca cosa dirán los especuladores de finanzas y entresijos de dólares y euros, de subidas de extraños minerales, el oro de estos días por los que no importan que al lado de las minas se mueran las personas. Nada nuevo, siempre ha sido así, y así sigue la humanidad paciendo.
Pero Ángel Pintado tiene esa gracia del arte en sus entrañas, ese honorable sello de cortesía vago e impreciso de dejarnos soñar un poco con sus sueños, y si se le pregunta hace un mohín o se encoge en sí mismo, y  cierto es, que no desvela nada. Es normal, los artistas, los creadores nada tiene que explicar,  ya es suficiente con que nos regalen la esencia de su arte. Y si fuera posible vivir de esa belleza, porque si la belleza no se compra, el alma del artista se angustia y los pinceles  se encogen,  y no es bueno que  se pierda esa magia en la nada: no, no es bueno que se quede guardada en las entrañas del corazón y del cerebro.
Hace unos años, pocos, visité el estudio de Ángel Pintado acompañada de Serfin Herizo. Fue una mañana de primavera cuando todavía Serafín Herizo sonreía y decía que tenía que escribir de los pintores; de los buenos pintores como Ángel y de sus cuadros y obras. Escribir con el alma, con mi forma de ver, y yo le sonreí porque tampoco para mi es fácil escribir de la belleza cuando delante de ella me pongo, y la emoción me recorre la sangre  junto a este pintor parco en palabras y grande  en su paleta de colores.
Un día le dije, a Serafín Herizo, amigo de verdad, sin evasiones, escribiré de Ángel Pintado si Dios quiere. Un día, y hasta hoy, te juro, Serafín Herizo, que no he podido. Yo sé, estoy segura, que tú leerás mis letras, que la vas leyendo al golpe de la tecla del teclado, de este ordenador ligero y para mí, hermano, y espero que cuando Angel Pintado, deje  sus ojos por mis texto le parezca qué la confianza que tú en mi depositaste no está del todo mal cumplida. Porque yo ignoro lo que de verdad piensa el artista, tan solo miro sus cuadros y algo me dice que es hermoso lo que este pintor español y tomellosero deja en los lienzos.  
Pronto la primavera llamará llenando con su arquitectura de arcángel luminoso nuestra tierra y al pasar por las calles volveremos a vernos los que todavía la pisamos y, Ángel Pintado, expondrá y quien sabe cuántos otros proyectos tendrá en su  haber… Es otra primavera y por el puente de la  muerte nos faltan muchos otros. Nos quedan en el alma y en las vivencias que hoy recuerdo.

                                                                               Natividad Cepeda


                      


Las fotografías de los cuadros son del Pintor Ángel Pintado

                                                                                                      


lunes, 22 de enero de 2018

IX ENCUENTRO ORETANIA DE POETAS: Palabras de vino. Coordina: Luis Díaz-Cacho: Organiza Grupo Oretania.

Este libro es una cabaña de poemas habitada por veinte poetas nacidos en la madre tierra manchega, sintiéndola en su multitudinario sonido de todos los lugares de donde cada uno procede. En esta llanura salpicada de montes y  espejos fluviales los poetas semejan aves migratorias lanzando al mundo sentimientos y emociones entrelazadas en las hojas de los libros, gracias al Grupo de Comunicación Editorial Oretania, durante nueve años  consecutivos. Apostar por la poesía es flaco negocio y de eso sabe suficiente Julio Criado, mentor de este dilema donde el editor que él es, elige el roció de las palabra poética al brillo del oro del dinero.  
Es por esa opción que los temas elegidos son diversos, tanto como la diversidad de un prado en primavera por lo que los autores que dejan su semilla en estos libros van y vienen con mitos y metáforas envolviendo su razón y sin razón, en versos diferentes y, a la vez, bellos y distantes en ritmo y métrica. Con “Palabras de vino” el coordinador y escritor Luis Díaz-Cacho, argumenta en su presentación que todos juntos vendimiamos versos: Y prosigue afirmando que todo lo que ocurre alrededor de la vid es magia. 
Y personaje casi mágico es el prologuista de esta edición, Juan José Guardia Polaino, Gran Maestre General de la Orden Literaria Francisco de Quevedo de Villanueva de los Infantes, entre otros muchos cargos y atributos que atesora  el escritor y poeta que él es. En su apasionado prólogo asegura, acertadamente…”Todos cantamos al vino, todos gloriamos y maldecimos su fuego, su néctar, el incienso que exhalamos…” Y prosigue asegurando: “El vino como triunfo o derrota de nuestra vida.” Cierto esa sabia sentencia que no es la única del magnífico prólogo.
En la Nota Editorial Paco Acero, recorre lo que es vivir del campo y de la tierra, “su sequía actual, su ancestro vinatero que es el modo de subsistir de muchas familias” Escribe, narra el vasto recorrido Histórico y Cultural que desde tiempo inmemorial viene haciendo el vino levantando en su brindis a todos cuantos hacen, y han hecho posible la andadura del vino. Y no se olvida del Alfar Arias, que año tras año dona altruistamente su trofeo para cada uno de los poetas que somos invitados a participar.   Agradece al Ayuntamiento de Aldea del Rey su acogida para ese primer bautizo de este libro junto a la presencia del poeta local Valentín Villalón Benítez y la Escuela Municipal de Música que compartió y deleitó aquella hermosa velada.
Quedan en el libro los poemas con su soledad entre el papel esperando ser viento y luz para el corazón sensible de los lectores.  Cuantos más lectores abran el libro muchos más bellos serán los poemas, vivirán con cada lector, y brincarán en el alma como el vino brinca cuando nace en la  bodega. Y sin rostro pero vivos seguirán viviendo Alfredo Jesús Sánchez Rodríguez, Antonia
Piqueras, Diana Rodrigo Ruíz, Elisabeth Porrero Vozmediano, Isabel Villalta,  Juan Pedro Carrasco, Luis García Pérez, Luis Romero de Ávila Prieto, Manuel Mejías, Manuel Muñoz Moreno,  María Antonia García de León Álvarez, Martín Gómez Ullate, Miguel Galanes, Nieves Fernández, Pilar Serrano de Menchén, Ramón Aguirre, Teresa Sánchez, Tomás Mejía, el Coordinador y poeta Luis Díaz Cacho y la que da fe de este acontecer literario de Palabras de vino que recorrerá con su bagaje poético pueblos y ciudades allá donde se les quiera recibir.
Porque en tiempos tan violentos como los que hoy vivimos es aconsejable leer poesía y conocer a los poetas de la tierra.

     Natividad Cepeda



Arte digital: N. Cepeda


domingo, 22 de octubre de 2017

Llegó el infierno a Galicia y a Portugal en una desgracia que continua

A deslumbrado el fuego todas las emociones negativas que los  seres vivos llevamos en el alma. ¡Cuánto dolor sobre los árboles muertos! ¡Cuánto alarido en esos indefensos animales! Todo fue un haz de lumbre viva hambrienta de destrucción por el sendero que conduce al exterminio de la vida.  Ha bastado prender una cerilla de odio para qué empuje a la inmoral conducta asesina de que la lumbre sea una maldita llama que lamio, huesos de hombres y animales y hasta ha llegado, a roer las  raíces del matorral  que nadie veía e ignoraba. Hemos vuelto a demostrar nuestra pobreza basada en el fracaso de  destruir todo el encanto de ser civilizados. Y  hasta hemos perdido una miejita de la hermandad compartida con el hermano árbol que jamás nos ha hecho daño.

Nosotros, los osados que cambiamos el paisaje a nuestra conveniencia mermando el don de la naturaleza, si queréis, no divino, para los que presumen de saberlo todo y desprecian aquello que ignoran, y se atreven a dar lecciones de necia sabiduría.  Nosotros, los que extendemos sin razón la miseria de guerras y hambrunas desequilibrando la armonía de la tierra: de esta parte habitada que no nos pertenece, y de la que sin ella nada somos.  Vamos desde épocas extintas, destruyendo al pájaro que trina y al buey que nos da carne y piel para andar por esos montes degradados, únicamente para demostrar que podemos cambiar a nuestro antojo la vida por la muerte a cambio de poder y de dinero.
Buscamos en nidos de placeres esa felicidad tan deseada en esta sociedad endémica de fatuos fuegos artificiales y, cuando algo no nos cuadra prendemos fuego  a lo sagrado; a veces con palabra provocadoras y soeces para imponer una ley sin ley, y también, algunos líderes para manipular la voluntad de los esclavos porque los necesitan para alcanzar poder y relevancia.
“todo es turbia señal de lo intocado;
viento, sol: único transito
sobre lo prohibido”               
Así lo asegura Francisco Caro, en estos versos de su libro, “Paisaje (en tercera persona)” Y es cierto lo que escribe el poeta en este libro, que pocos lectores atesora, a pesar de ser Francisco Caro, un poeta admirado y con muchos seguidores, que en su poesía reconocen que expresa bien lo que su emoción hila y da forma poética en los libros.
Se ha quemado Galicia y Portugal con ella borrando el fuego la existencia de inocentes hombres y mujeres, y de pronto el olvido ha empezado a caminar de nuevo entre nosotros porque bastante tiene cada cual con lo suyo. Y tenemos que ser realistas y también procurar ser objetivos, ver como sucedió esa hoguera gigante sin prejuicio, sin olvidar razonar sin antojeras de que esa porción de tierra queda lejos, porque de hacerlo así, olvidamos que todos somos habitantes de trozo de tierra que nos acoge, acuna y nos da lecho para vivir hasta morir y descansar en ella: y esto es universal a pesar de als distancias de leguas y kilómetros.
Lo escribió el poeta con premonición de tiempo distendido en el agujero negro del espacio que sólo él, siente en su emoción más verdadera


“Después que la vigilia
del fuego terminase,
contempla el hombre
la  dehesa y su cuerpo,
las heladas preguntas…”
No hay respuesta para la voz escrita de Francisco Caro que hoy hago, no sólo mía; es la voz de todos los bien nacidos cuando prosigue  clamando.
“Perdido todo
-cuando es más vero el día-
la voz, la casa,
su desván y el amor, los escorpiones
dulces, las dos maneras
de beber y llorar y hacerse árbol”.

Y cuando el fuego se apagó todo quedo negro y silenciado. Incluso en el olvido cuando la televisión dejó de emitiré las imágenes calcinadas de los montes; las tumbas de los que murieron abrasados, los despojos de mamíferos, insectos y aves que sucumbieron y, tantos otros que huyeron y se han quedado sin refugio ni comida. Y la insensatez de conductas erróneas para las que no hay disculpas.
Y  junto al miedo y la impotencia de la ruina ocasionada por el fuego el testimonio de la palabra escrita de ese poeta que grita. Es su grito, el grito de todos los que gimen ante la incertidumbre del hoy.
“desde el umbral
saqueado y sin ruidos del refugio,
contempla el hombre
el lecho, la hendidura, sus dos brazos
siente que sólo
le queda  como herencia la piedad
y que se ahoga”
La verdad es que ya hemos empezado a olvidar el fuego destructor y su visión de infierno que sin temor alguno nos mostraron móviles y pantallas de todas las pulgadas. Buscar la causa y prevenir incendios es prioritario, tan prioritario como educar al pueblo a cuidar de lo que  es un legado de vida y permanencia. Creo que los barbaros se han instalado entre nosotros, o que nosotros somos esos barbaros  crueles, feroces, toscos sin educación ni sensibilidad por lo que emana vida a su alrededor y que no le pertenece… Si al menos se leyera a los poetas comulgaríamos con las palabras de Francisco Caro, y con la de  tantos otros que gritan clamando estar abiertos a la belleza de un entorno hecho para la vida, y jamás para la muerte.  


                                                                           Natividad Cepeda