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Natividad Cepeda: escritora, articulista, poeta: pertenece y es miembro de la Academia de la Hispanidad, a Red Mundial de escritores en español “REMES: Asociación CEDRO: Asociación de Escritores y Artistas españoles) Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha: CAPÍTULO DE NOBLES CABALLEROS Y DAMAS DE ISABEL LA CATÓLICA Presidenta Club UNESCO Arquitectura de Piedra en Seco-Los bombos tomelloseros. Entre sus distinciones destacan Dama Andante Asociación Cultural “Quijote 2000”, Dama del Capítulo de Nobles Caballeros de Isabel la Católica. Molinera de Honor de Campo de Criptana Algunos de sus premios literarios son: Ciudad de Montoro, Premio de Poesía “Reposo Neble”, Bollullos Par del Condado (Huelva), Premio Internacional de la Casa de Andalucía de Benicarló, Premio Nacional de Conil, Pastora Marcela de Campo de Criptana, Lola Peche de Algeciras, Premio Ciudad de La Roda entre otros...

sábado, 10 de diciembre de 2016

¿Derechos Humanos?

                                        
Si para conocer los derechos humanos admitidos por nuestra sociedad  tengo que cerrar mis ojos, mis oídos, mi boca y mi momento histórico y, así, situarme en la celebración de tales derechos; entonces mi problema, y el problema de otros muchos miles de miles de personas es que esa declaración universal no es universal.
No  lo es cuando ahora, en este mismo momento están muriendo de inanición seres humanos habitantes de mi mundo conocido. No lo es cuando se lapida a una mujer en nombre de una religión. No lo es cuando la infancia es agredida sexualmente. No lo es cuando los niños carecen de protección y trabajan sin derechos siendo esclavos en éste siglo XXI.  No. No hay derechos humanos cuando las epidemias matan a las personas en zonas de la tierra por carecer de medicinas y protección del estado. Y también cuando por causa de ganar dinero gracias a la fabricación de armamento las guerras se suceden beneficiando a los países ricos en detrimento de los habitantes pobres masacrados por ambiciones personales de los que se dicen y proclaman protectores de los pueblos. Ni tampoco hay derechos humanos para los personas que llegando a la vejez carecen de los medios necesarios para subsistir dignamente.
Y ¿dónde queda esa declaración llamada universal para las niñas vendidas, las mujeres maltratadas, los crímenes justificados en nombre de Dios, Patria o ideología de extrema izquierda o de extrema derecha por movimientos populistas e irreverentes con los derechos de las personas? Una ideología saca lo funesto de la otra al tiempo que esconde sus propias aberraciones. Y seguimos cantando a la libertad, al amor, a la paz envueltos en disfraces divulgados por medios electrónicos que nos vigilan, nos entretienen y engañan para que sigamos siendo marionetas movidas por los tiranos de este mundo endiosado en su propia ceguera de egos siniestros.
Hay muchas otras violaciones humanas que se pueden enumerar por hoy ya con estas expuestas vamos bien servidos  de vileza y ceguera.



Natividad Cepeda


miércoles, 7 de diciembre de 2016

Una sociedad sin prolongación de la familia

                                Los adornos de luces icónicos de diciembre nos instan sin palabras a la celebración de una navidad sin Dios ni religión. Por las calles, la estructura general  orienta hacia la realidad de que la persona actúe y obre  sin la fortaleza  del conocimiento, de lo que es vivir en toda su amplitud. La doctrina de ser feliz  bajo la moral de todo está bien y se puede hacer y ejecutar, pues no otra cosa es hacer realidad los programas dirigidos a manipular el pensamiento colectivo, hacen olvidar a las “masas humanas “ lo que  es benéfico o perjudica. El entramado  social soporta las vicisitudes  actuales  sin demasiado conocimiento de por donde se mueve la realidad de cada día.  Por lo que su experiencia es una agitación constante entre las máximas  que adoctrinan políticos, educadores y medios económicos designando programaciones audiovisuales y consumistas de frases breves que preconizan felicidad y poder, mostrando personajes populares, felices por actuar y vivir bajo una vida exenta de obligaciones y sí, sustentada en caprichos insustanciales y vanos. La navidad es un suceso cristiano y el cómputo de nuestra era. La navidad es el elemento inicial de la cultura de occidente por recoger y agrupar en toda ella el legado griego, judío y romano de nuestra cultura reconocida por instituciones internacionales.
Pero ¿quiénes son los que conocen las directrices internacionales y las declaraciones dimanadas de ellas? Creo que sólo juristas, políticos y presidentes de asociaciones internacionales porque muchas de las iniciativas altruistas de voluntariado internacional dependen de las ayudas que reciben de esas declaraciones de derechos humanos.
La institución familiar no recibe en España la atención que debiera, por esa causa la maternidad no está protegida. Y este, no es tema de un “test” para escribir buscando ese populismo abanderado por los que se autollaman progresistas. Y no es un tema nada fácil porque buscar la verdad nunca ha tenido demasiados buscadores auténticos.
Los rasgos mostrados en los día previos a la Navidad son contradictorios por lo que cuando  no se consigue que las endorfinas cumplan dejando placer y alegría la depresión se asienta entre las luces de colores de los corazones rotos. Nada es para siempre salvo, la búsqueda de uno mismo con el conocimiento de que lo material no lleva exclusivamente a la felicidad.
Nuestra sociedad se mueve entre el egoísmo la vanidad  y la soberbia imitando a sucedáneos de la verdad; a mitos insistentes, fantaseando para ocultar limitaciones y fracasos tan existentes en toda vida humana. Es por eso que la Navidad  que es un canto a la vida y al amor se viste de falso triunfo entre la mucha apariencia de ser poderosos y el escaso valor de lo verdadero. 
Navidad es nacer, defender la vida, cuidarla y respetarla. Sin esa anticipación a perdurar dentro de la familia, la sociedad, la nuestra, está abocada al fracaso. Si dentro de la Navidad no se respeta la vida del que ha de nacer y se protege la vida del que ha envejecido, del enfermo, del sin trabajo y techo entonces no hay Navidad entre nosotros.
Navidad es amor y sin amor la familia se rompe, se fracciona y corrompe y en ese horizonte la persona, cuando se encuentra sola cae en sus temores y miedos.


Natividad Cepeda




viernes, 25 de noviembre de 2016

Muerte de mujeres en el mundo


Intentan que avance el tiempo grabando su derrota en las sombras entre los campos sin nombres enredados entre los labios callados. Se esparce el llanto  por el ombligo  de la noche, por entre la floración de semillas no deseadas. No hay sobre los cuerpos  rascacielos de besos ni  estrellas al fondo de los ojos. Mordió la muerte el agrio sabor del arrebato, de la terrible ruta del exterminio igual que hace mil años, dos mil años, tres mil años, cuatro mil años, cinco mil años por entre desiertos, por entre montañas, por ente playas y poblados, por entre celosías y castillos, por entre cabañas y áticos, por entre campos sembrados de trigo, por entre palmerales y zocos. Sí, no hay nada nuevo a las mujeres los hombres las han matado desde la noche oscura y tenebrosa de los tempos.
La espalda lacerada, la boca rota, la sangre manchando las baldosas, la cama, el baño, los prados, el bosque, las sábanas, el jergón, la salita, la mazmorra, el enlosado, la seda y la sarga hasta  el abismo está machado de sangre de mujeres. Todos los suspiros se enterraron. Todos los sollozos se olvidan. Todos los asesinos son perdonados. Por qué la piel se rasga, se acuchilla, se golpea, se tira por ventanas y acantilados, de trocea, se entierra, se quema, se esconde en basureros y terraplenes…Por qué.
No quiero lazos morados en mi ropa, en mi pueblo, en mi ciudad, en mi ordenador, en mi periódico en mi vida. No, no los quiero porque de nada sirven.  Para qué tanta parafernalia cuando se siguen desgarrando vidas, cuando mueren niñas y viejas mujeres violadas, maltratadas, olvidadas, vejadas, sentenciadas por esta sociedad mediocre y pusilánime, tan metida en su total buenismo de escaparate de móviles y pantallas de necedad absoluta. No, no quiero más símbolos inútiles inventados para acallar a las mesas y hacer que se sientan importantes portando lazos que de nada sirven ni valen.

Siento el bramido de la muerte en mi génesis de mujer. Lo siento desde la noche oscura de los tiempos.  Viene desde el sonido lúgubre de tambores machados de sangre entre danzas macabras. Sobre mí llevo esa música, ese dolor inacabado, ese morir sin pausa a través de miles y miles de años. Muere una mujer y el mundo calla. Hay un silencio de lazos morados que taponan el grito civilizado de la débil sociedad que se los pone y les eleva hasta un altar de estupideces.
Me estremezco cuando leo y escucho que una mujer ha sido asesinada. Y presiento que hay muchas mujeres que son asesinadas y nadie las reclama ni nombra. Tan, tan, tan, tan, tan, tan anuncian los tambores otras muertes: doblan las campanas y anuncian funerales. No me quedan esperanzas en esta sociedad amortajada de liviana sonrisa porque si yo no grito ni sollozo por tanta ignominia entonces, de poco valen los símbolos colgados ni el recordatorio de los maestros del engaño que nos manipulan para que nos callemos ante esas muertes de mujeres. 25 de noviembre es un día donde también se han asesinado a más mujeres en el mundo.   


                                                                                                                     Natividad Cepeda
Arte digital: N Cepeda

lunes, 14 de noviembre de 2016

Los arquetipos rotos de Europa

 Yo he nacido en España y soy de esta Europa donde nacieron los juglares y sus romances. Donde la cultura fundó universidades y se guareció el saber en legajos, cuidados, como las mejores joyas de su estirpe en cenobios y conventos, en catedrales y perdidos monasterios, a la sombra de minúsculas iglesias de aldeas y villas, escritos
memorables de desconocidos escribanos y sacerdotes que fueron anotando renglón a renglón, la vida cotidiana de los siglos anteriores. De dónde vengo y  venimos todos los europeos.
Soy, sin poderlo evitar, marioneta y  cómplice del destino, y el destino juega conmigo y con todos  nosotros; incluso demostrándonos que por eso seguimos reproduciendo en nuestro cuaderno de apuntes  un sin fin de comportamientos que nos marcan la vida. Siempre nos marca y nos ha marcado  con palabras y hechos atroces en muchas ocasiones,  y con hechos e imágenes bellísimas en otras.  Y  como asegura Platón en un dialogo de “La república”  “Habrá siempre razón para decir que lo útil es bello, y que sólo es feo lo que es dañoso”. Tan dañoso y horrible como la vida no respetada, dañada y excluida de lo que es moral y bueno, para toda vida desarrollada en la tierra.
Se habla, y hablan las voces de los que sí tienen voz, en medio de esta sociedad ensordecida por tantas voces necias. A lo largo de los días se nos presentan charlatanes que sobreviven gracias a la inseguridad de los demás. Y casi todos al escucharlos, dando todo lujo de citas y máximas dialécticas nos dejamos mojar por su dialéctica habilidosa tan carente, en demasiadas ocasiones, de realidades. Pero ¿cómo dudar de esas voces  tan autorizadas y avaladas por un sinfín de Máster y Doctorados donde se nos dicen que albergan sabiduría científica y filosófica? Y sin darnos cuenta nos identificamos con sus ideas sin pasarlas por el tamiz de la cordura. Cuando pasa un tiempo indeterminado comprobamos e identificamos que no todo lo  predicado era
 cierto y bueno. Y también que las teorías  tan bien expuestas no siempre son fiables.
Y de pronto se nos rompe el arquetipo que nos ha conformado y moldeado la voluntad desde todos los medios audiovisuales a nuestra disposición y nos invade la insatisfacción. Y buscamos nuevos arquetipos. Porque la tan proclamada libertad continua siendo un desafío difícil de conseguir.
Actualmente, no se hace un hueco a todas aquellas personas que no forman parte de la grey. Para ser “alguien” la persona tiene que formar parte de un grupo con el que comparta  ideas y forma de vida. 
Es  así como se abrigan los unos con los otros. Es como se consigue escalar cotas de poder pequeñas y grandes. Nuestra sociedad  está plagada  de discursos y de errores. Y casi nadie tiene bulimia social, todo se digiere porque vomitarlo es señal de imperfección y anacronismo.
Nos preocupa el elegido presidente de los Estados Unidos de América, nos subleva el ladronicio de los políticos españoles y extranjeros pero se les admira por ser quienes son,  y se les tolera a unos, lo que no se les tolera a otros. Porque todo depende de a quién nos sentimos unidos en las ideas, aunque esas ideas sean falacias demostradas en ambos grupos.
Yo he nacido en Europa, y cuando elijo ser libre,  no ignoro que estoy perdiendo cotas de prebendas lucrativas en lo económico y en lo social. Y me escandalizo por la osadía desmesurada en proliferar, hábitos de libertad falseada, desde los pueblos de la tierra con sus leyes pactadas y comportamientos con fines deleznables, al margen de que la vida sea una preocupación para el bien, y no para el mal: en todas sus variantes.
En mi ignorancia  me pregunto ¿qué es la sabiduría? Y no creo que esa pregunta sea tan relativa como se pretende demostrar. La vida humana es pequeña en su recorrido, más de  la responsabilidad de los humanos, depende la felicidad deseada.
Yo he nacido en Europa y me duele que sus valores se estén yendo por el desagüe de las cloacas.
El arquetipo europeo se sostiene en el poder por el poder, olvida el legado filosófico del pensamiento y su evolución cultural: el modelo que nos sirvió para avanzar en valores humanos y lograr avances científicos. No creo que los arquetipos que se nos están introduciendo nos lleven a buen puerto.

                                                                                     Natividad Cepeda

Arte digital: N Cepeda