Datos personales

Mi foto

Natividad Cepeda: escritora, articulista, poeta: pertenece y es miembro de la Academia de la Hispanidad, a Red Mundial de escritores en español “REMES: Asociación CEDRO: Asociación de Escritores y Artistas españoles) Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha: CAPÍTULO DE NOBLES CABALLEROS Y DAMAS DE ISABEL LA CATÓLICA Presidenta Club UNESCO Arquitectura de Piedra en Seco-Los bombos tomelloseros. Entre sus distinciones destacan Dama Andante Asociación Cultural “Quijote 2000”, Dama del Capítulo de Nobles Caballeros de Isabel la Católica. Molinera de Honor de Campo de Criptana Algunos de sus premios literarios son: Ciudad de Montoro, Premio de Poesía “Reposo Neble”, Bollullos Par del Condado (Huelva), Premio Internacional de la Casa de Andalucía de Benicarló, Premio Nacional de Conil, Pastora Marcela de Campo de Criptana, Lola Peche de Algeciras, Premio Ciudad de La Roda entre otros...

viernes, 30 de diciembre de 2011

Petición para el año 2012




                                                                Ojalá que el próximo año 2012 
                                                                quite el hambre a los millones
                                                                de personas que mueren 
                                                                por su causa en el mundo.
                                                                Mientras mueran niños 
                                                               de hambre pediré perdón 
                                                                por este genocidio
                                                                en mi oración diaria.

                   

                      PLEGARIA




      Quiero a contraluz recobrar a Jesús
      entre las pajas del pesebre.
      Niño pobre nacido al amparo de Dios.
      Cerrar la arquitectura de la angustia
      de este mundo  sin luz.
      Sembrar en el corazón espigas
      y amasar pan de harina en flor.
      Encender en las murallas los hachones
      anunciando que ha nacido el Salvador.
      Quiero donde una bomba segó vidas
      plantar rosas de amor.
      Y por todos los pequeños de la tierra
      mendigo la alegría y  el perdón.

                                                                            Natividad Cepeda





Poema del libro “Camino de amor”
Finalista del premio Mundial de poesía
Mística Fernando Rielo 2011

No llegarán a casa por Navidad






Es en diciembre cuando las calles principales de pueblos y ciudades se iluminan con multitud de bombillas de colores de diferentes formas y tamaños. 
Parece, al pasear por ellas, que todo es esplendor y belleza, tenemos la vana sensación de que salen a nuestro encuentro para iluminarnos la vida con su luz. 

Por lo general la claridad nos muestra todo, los árboles iluminados y los carteles de los locales donde en letras grandes leemos que se alquilan, o que hay mucha oferta de locales y pocas expectativas de ser alquilados. El triunfo de las bombillas dejan al descubierto los pisos y casas que están a la venta sin que el posible comprador aparezca. Y también nos dejan ver las ofertas de rebajas en fechas de regalos, mostrando bajo coste en artículos de consumo barato, algo inusual hace escaso tiempo.

En las noticias y tertulias siguen hablando comentaristas de primera línea y de última fila, de las cifras del paro en España. Y también nos invaden comentaristas deportivos hablando de futbol y deportes para mitigar con el balón píe el fracaso del derrumbe económico. 

La crisis del desempleo abre brechas oscuras de tristeza que no pueden ocultar las luces de la ciudad, al tiempo que falta serenidad para aceptar la derrota y el desamparo, en la que nos han sumido los gobernantes, guiados por la torre de babel del castillo ambicioso de los constructores y banqueros sin escrúpulos y sin decencia.

Por las rendijas de las economías más débiles se desangran los pueblos de España, 
de tal manera, que al poner los pies en la tierra sentimos que se hunden en aguas pantanosas alumbradas por esas luces que pagamos todos con los impuestos  que nos sacan. 
Despedimos al año con la vasija de la esperanza quebrada y rota por la desesperanza de la ruina moral y económica de nuestra sociedad vacía de contenidos precisos y preciosos. Y despedimos a los jóvenes cualificados en los que hemos invertido dinero y renuncias personales a que se labren un porvenir en otros pueblos lejanos y distantes.

El triunfo de los malos gobernantes nos ha abocado al suicidio colectivo de la miseria diversa incluso, en las capas sociales de trabajadores, que, se marchan al toque de trompeta de flautas extranjeras, que sí supieron ver que no se juega al engaño tocante al trabajo y a la honradez. 

Ahora, cuando el panorama es tan feo, que ni logra tapar el maquillaje de las luces navideñas su fealdad creciente, las ratas abandonan el barco que plagaron de peste, huyen a otras latitudes, o se quedan  en los feudos conseguidos con las necesidades y caprichos cubiertas, mientras los demás  naufragan en el barco podrido que va a la deriva. Para los que amasaron fortuna desde tribunas de poder y especulaciones ilícitas, los que engrosan las filas del paro son carne de desecho, gente anónima sin triunfos que mostrar, terrón que voltean los arados: podredumbre de gleba de la Era cristina de Occidente. 

Nos han engañado y nos hemos dejado engañar por luces de colores sin fundamento en que apoyarnos, de la misma manera que vestimos la Navidad de Dios con el vestido profano de los ateos.  No otra cosa es vestir de luces las ciudades para conmemorar el nacimiento de Jesús de Nazaret, olvidando a los que pierden casa y trabajo, junto a las generaciones de nuestros jóvenes mejor formados que emigran a otros países en busca de la tierra prometida.

 A esta sangría de fuga de cerebros nacionales no se le está dando la importancia que tiene y tendrá en el futuro, a cambio, nosotros nos quedamos con emigrantes sin formación, o de baja formación, muchos de los cuales ya han adquirido la nacionalidad española. Las consecuencias se traducen en este grito callado de las urnas quitando el poder a un partido para dárselo a otro, en espera de que el milagro de la resurrección económica nos saque de la muerte.
 Olvidando que la agonía que padecemos es la correspondencia del olvido de los valores personales que son los que hacen posible la regeneración de una sociedad en declive y enferma de vicios corruptos. 
En la pirámide social desde la base a la cúspide, la mayoría de la ciudadanía se ha dejado sobornar pervirtiendo todo aquello que se debía haber evitado, ignorando en su desmedida ambición que los ganadores no han sido las clases humildes y medias, si no la clase poderosa de banqueros y los que a su sombra han medrado adquiriendo patrimonios difíciles de calcular por su cuantía. 

Nada de todo esto es nuevo, es repetirse una vez más que la injusticia se hace ley cuando el pueblo pierde la ética. 
Recuerdo que en mi juventud dije adiós a muchos vecinos que emigraron, ahora despido a mis hijos y a los hijos de mis amigos, emigrantes en otros países que no llegarán a casa para vivir la Navidad entre familiares y amigos. 

Es una Navidad para los creyentes  llena de incertidumbres, pero orante y esperanzada porque sabemos que desde el belén de casa sigue naciendo Dios para seguir protegiéndonos hasta de nuestros propios errores, repitiendo confiados “gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad” Ese es el  don navideño, no las luces de colores ni los falsos abetos, ojalá que a pesar de nuestro olvido la estrella de Belén nos guíe hasta el portal del amor que es el que comparte y da trabajo a todos cuantos necesitamos seguir viviendo en paz y creyendo en lo justo y equitativo.
                                                      

                                                                                                                  Natividad Cepeda



                                                                                                                          
 Dibujo: Inmaculada Lara Cepeda "Maku"


Publicado en: El Periódico del Común de la Mancha diciembre de 2011
El Semanal de La Mancha diciembre de 2011 

                                                                                                              


martes, 25 de octubre de 2011

Para qué la belleza si matamos a Dios


Me enseñaron a compartir el pan. A bendecir la comida al sentarnos a la mesa. Luego ví pedir pan a otros con la mano extendida. Eran hombres muy tristes que no alzaban la mirada del suelo. Tenían su territorio en la esquina del cine, y tirados en la tierra dormían en el parque. Pregunté, como todos los niños, qué porque esos hombres carecían de techo y de pan. Pregunté, y me explicaron el valor del trabajo. De que para vivir, y no ser pobre, había que estudiar o aprender un oficio. Pensé que todo eso era sencillo, que si cumplías las tareas al final sumabas y las cuentas salían. Y todo estaba claro, por lo que sí había pobres la culpa no era mía.
Pasados algunos años, comprendí que mi credo no era válido, que de poco servía querer trabajar si no había trabajo para todos. Contemplé las cosechas pérdidas en los campos, los niños desnutridos y moribundos, y aquellos otros que sus padres vendían para calmar el hambre. Y supe que hay cosas llamadas cataclismos que atraen la hambruna, y gobiernos corruptos que matan a los pueblos que los hacen esclavos del hambre, que los arrojan al mar de la desesperación, y al mar de la patera. Que los dejan instalarse en chabolas bajo el pretexto de su inutilidad, sin que sientan pudor ni merme su prestigio político. Y nunca son juzgados por los que legislan las leyes de los países.
Obra de Inmaculada Lara Cepeda "Maku"
Y comprendí que la tierra es de todos. Y que nadie es su dueño.
También que la guerra es un torvo guiño de la avaricia, y que Dios no acepta el perdón cuando al hambriento le negamos el pan. Y pide, y suplica un trabajo, un médico, leña para el fuego, agua que no esté corrompida, ropa, semillas, un lugar para el hijo en la escuela. Pero todo eso tiene un conste, es mucho lo que pide ese desheredado, total para que sigan naciendo pobres y más pobres... Porque hay que saber que los pobres suelen ser bastante irresponsables.
El hambre a los pobres del mundo los ha dejado sin llanto, sin fuerza para protestar. Agonizan los hambrientos y en sus miradas está la pregunta -¿Por qué ese reparto injusto y desmedido del fruto de la tierra?
No quiero saber, nada cuando tratan de recordármelo, miro para otro lado y así, aprendo a ignorar el genocidio. Ahogo, comprándome caprichos, la voz de mi conciencia. Algunas veces, esa voz me llama y me despierta de mi sopor, cuando no puedo acallarla me quedo en silencio cargando con mi culpa.

Silencio. Silencio de los miles de muertos. Silencio.
La tragedia prosigue. Ya no es noticia que vende, ni conmueve el hambre de los otros. La muerte de los pobres es viento. La vida de esa gente no vale ni un mensaje en el móvil. Si el terror es flexible y el hambre es un caballo apocalíptico y un niño moribundo no conmueve conciencias, ¿para qué hablar de Dios un día, y otro también? Cristo muere en la cruz. Seguimos en el siglo XXI crucificándole, le ponemos la corona de espinas, le flagelamos, lo vestimos de púrpura cada vez que los ricos del mundo damos nuestros vestidos pasados de moda para esos otros seres humanos que no tienen túnica. Cristo Jesús sale a la calle arrastrando el madero de la cruz todos los días.
Sale en los cuatro puntos cardinales del mundo, y en todos los lugares de las aldeas y de los pueblos hay fariseos hipócritas, y orgullosos romanos imperialistas que reparten prebendas y dan al pueblo circo y escaso pan.
Sale Jesús de Nazaret con su amor, sin pedir otra cosa que amor para los unos y los otros. Camina en medio de la gente y lo mismo que ayer, no lo reconocemos.
Y nadie limpia las lágrimas en el rostro manchado y dolorido de ese ser humano humillado y explotado de muchas y diferentes maneras.
Entonces ¿para qué la belleza de un poema en los labios? si hay labios lacerados
¿Para qué la emoción al escuchar un aria, contemplar una obra de arte o proteger los museos del mundo si todavía seguimos matando la belleza del amor?
¿Para qué pregonar que somos seres cultos y civilizados, si seguimos siendo verdugos de Dios en cada uno de nuestros hermanos, más pobres y vencidos?
Para qué tanto avance tecnológico si Cristo se nos desangra entre las manos. Y no es culpa tan solo de los católicos, ni de los ortodoxos, ni de los coptos, ni de los judíos, ni de los agnósticos y ateos… Es culpa de todos.
Habitamos la tierra y en su seno materno, nacemos desnudos y después nos morimos solos para regresar a ella. Y nos vamos sin ningún equipaje material, sin títulos y favores. Si es cierto que Dios es Cristo, y yo así lo creo, sólo nos acompañan nuestras obras, y como ya aseguraban los antiguos egipcios, en la balanza de la vida nos pesaran el alma, y con ella, las buenas y malas obras de lo que aquí hayamos hecho. Pero antes de ese trance, en la antesala de la muerte (que no es otra cosa que la vida) hay pupilas que saben del horror y del dolor letal de carecer de todo.
Y no es verdad que la tierra es un hermoso paraíso de nobles compañeros. Ni una pinacoteca alzada en la muerte de millones de seres. Ni un museo de vanidad para ser visitado por los ricos.
Sí el amor no quita el hambre de las bocas para qué la belleza de los labios, ni el calor pasional de los besos.
Si el amor no rompe las fronteras donde los niños agonizan, y las madres, casi niñas, perecen con sus pechos vacíos escupiendo la muerte en un último resuello de agonía y nadie las ampara ¿para qué los derechos humanos?
¿Dónde esta la decencia, dónde está la nobleza de esta raza de hombres? De esta raza orgullosa descendiente de Dios. De esta raza que quiere conquistar las estrellas y ha hecho de la tierra el mayor cementerio. De esta raza de dioses que tiene pies de barro y de cieno.
Para qué la belleza de las cosas más cultas si seguimos matando a Dios sin volver la cabeza.

                                                                                                            Natividad Cepeda


  Publicado en Lanza: DIARIO DIGITAL de la MANCHA 

Eladio Cabañero el nombre de un poeta


      La fascinación por la poesía no siempre alcanza a todo el mundo; y en este apartado se pueden incluir a los mediocres poetas que jamás admiraran a los grandes. Las causas suelen ser diversas, una de ellas es desconocer la obra del poeta, otra sentir el resquemor de la envidia y encubrir esta dolencia en códigos prefabricados de acoso y derribo del poeta y su obra. Después de todo esto está la trama social de apuntarse a la moda del momento y ser asiduo de los eventos culturales, aunque los poetas y sus obras sean desconocidos. Eladio Cabañero poeta nacido en Tomelloso y residente en Madrid desde la década de los años 50, hasta su muerte en el año 2000, es uno de esos poetas más conocido por su nombre - incluida su ciudad natal- que por haber leído su obra.
Suele ser esto algo normal entre el gran público, y así hay muchos excelentes poetas  reconocidos por sus premios con escasos lectores de su obra.
Obra de Inmaculada Lara Cepeda"Maku"
A Eladio Cabañero durante su vida  ha sido frecuente verlo andar por las calles de su pueblo, metido en sí mismo, casi siempre andando camino de la ferretería de su amigo Emiliano Negrillo , y allí recuerdo que en una ocasión lo saludé y le pedí hacerle una entrevista. Me la negó, y me dijo que podíamos hablar de lo que quisiéramos, menos de él. Mira , me dijo, podemos hablar de ti, de lo que haces ahora. A lo que yo le respondí. Ahora lo que hago es hablar contigo que es lo más importante, y otros días sigo viviendo como las demás gentes de nuestro pueblo. Él me miro profundamente a los ojos, le dio una chupada al cigarro, dejó caer sus manos, dando la sensación de querer llegar al suelo, y desde la silla donde estaba sentado, me envolvió en su mirada y musitó con la voz hacia adentro. A mi ya no me quedan ganas de vivir. En la tienda se hizo el silencio y yo supe que Eladio se moriría físicamente  cuando Dios quisiera, pero espiritualmente él ya se había anticipado a ese día.
Ignoro casi todo acerca del misterio de la vida, pero intuyo que en ocasiones hay un cristal multicolor  que nos hace vivir ocasiones excepcionales, o tratar a seres únicos e irrepetibles y hasta conocer a poetas puros; que también los hay y los ha habido.
Un poeta no es mejor porque escriba muchos poemas, tampoco porque sea asiduo de los cenachos donde se trasiega con los premios y las prebendas de cada momento. Un poeta lo es por su poesía y porque ésta llegue al sentimiento del lector. De cualquier lector, sin necesariamente ser un lector de su generación y al margen de que al autor se le haya conocido personalmente.
A Eladio Cabañero lo descubrí por un poema  leído a solas una noche de invierno, y supe que por ese poema Eladio Cabañero siempre sería un gran poeta. El poema lleva por titulo "Acción de Gracias por un Hombre", y éste poema es un poema universal de ayer, de hoy y para mañana. Lo es también el poema titulado "La comida", dedicado al poeta y amigo fiel, que lo fue hasta la muerte, Carlos Sahagún , y "Compañera", y algunos otros que emocionan y conmueven. Pero yo me pregunto ¿quien lee  estos poemas?. ¿Quien asume la valentía de sus palabras y admira la belleza de sus metáforas?  ¿Quienes, cuantos acceden a ellos y van y vienen por sus versos? Pocos. Como casi siempre ocurre, una minoría.
Una vez más la historia se repite, un hombre muere y en la memoria colectiva se recuerda que entre nosotros ya no lo tenemos, y a Dios gracias se recopila su obra y se deja a disposición de quienes quieran acceder a ella. "Poesía Reunida" de Eladio Cabañero editada por Excmo. Ayuntamiento de Tomelloso y con la colaboración de la Excma. Diputación de Ciudad Real, es un libro para tenerlo entre las manos y en los anaqueles de la biblioteca propia, para conocer por él y su contenido a uno de nuestros grandes poetas Castellanos-Manchegos sin prejuicios de vecindad tan dados a desprestigiar lo nuestro.


                                                                                                          Natividad Cepeda

lunes, 24 de octubre de 2011

Mujeres, silencio continuado por sus muertes.

Apenas si nos paramos en escuchar la noticia de que una mujer ha sido asesinada hoy también. Casi no apreciamos lo que es traspasar esa puerta oscura de la muerte de los otros, porque sobre la costra del mundo, los otros, casi no importan. Se nos vende tanto elíxir  amparado en el dulce placer de lo inmediato que la muerte de los demás es una madriguera a la que no bajamos. Pero el olor de la muerte sigue siendo infernal y nauseabundo aunque en nuestra sociedad enfundada en maquillajes externos le pintemos la cara con frío de tanatorio y cubramos el habitáculo de flores engarzadas en coronas de adioses.
Prosiguen las muertes de mujeres y niños y en ese cortejo, las palabras ya han empezado a sobrar.  Entre  las hojas secas del otoño ya hay, mujeres secas y niños sin mañana.
Yo puedo escribir un poema desgarrado de dolor y de impotencia y dejar que por mis ojos el llanto brote en medio de mi soledad de mujer. Y puedo leer poemas de otros poetas que claman ante la injusticia  del poder establecido de cualquier otro tiempo pasado y presente, pero nada conseguiré si  las aves de presa siguen despedazando a sus víctimas.
"Woman" Obra de Inmaculada Lara Cepeda "Maku"
La muerte es un grito en contra de la vida, un abrazo de hielo sobre el hermoso río de la sangre, un fondo de lodo que enturbia al sol del corazón… Pero a la que nada, ni nadie, la detiene en esta sociedad, la nuestra, tan vanidosa de sus logros y tan henchida de malsano orgullo.


Los sociólogos presumen de su sabiduría empleando vocabulario novedoso para explicarnos, a los demás, oyentes atontados, que con consejos y premios sociales es posible cambiar en un instante la naturaleza humana; o mejor dicho, la cultura crecida y amparada en el seno ancestral del reino de los hombres.
El ocaso de nuestra sociedad es el ocaso de caminar de espaldas a nuestra propia realidad. Porque cuando ignoramos lo que sucede un día y otro también a nuestro alrededor, estamos escurriendo el bulto, dicho vulgarmente para definir, que mirar a otro lado, es una cobardía colectiva, por pensar que ese caso no nos atañe.
Las muertes violentas de las mujeres están dejando al descubierto las lagunas legales de nuestras leyes. La lógica empleada y difundida  desde el Estado que nos asiste y gobierna, vemos con estupor y miedo, que es incapaz de proteger a los más débiles. Porque junto a la línea  que nos dicen quienes somos hombres y mujeres, el infierno en la tierra nos pertenece por tortura y sufrimiento a las hembras. Hembras porque  damos fruto, fruto al que también se elimina para no dejar rastro alguno.
La soledad es patrimonio de la muerte, también es equipaje del sufrimiento callado.
No voy a volver a mostrar cifras y estadísticas sobre las injusticias que caen sobre mujeres y niños en el mundo, para qué, si de nada sirven. Tampoco volveré a mostrar las engañifas de nuestro almibarado mundo sociocultural, porque se demuestra día a día, que todos nosotros somos cómplices responsables de todo cuanto nos ocurre. Probablemente nuestra capacidad de auto- examen se ha mermado por carecer de sobriedad  y continencia, ya que el exceso  en todo lo ilícito es la regla general de nuestra convivencia. Y ya no nos queda donde esconder nuestra vergüenza de personas civilizadas de Occidente, porque la hemos perdido miserablemente. Tampoco nos queda llanto por las muertes violentas de mujeres, ahora hay que empezar a decir que lloramos por los niños, para así, tapar con otras muertes, las muertes que claman desde su tumba que sus verdugos siguen acechando nuevas víctimas.
Que Dios nos ampare, porque cualquier día nos puede ocurrir a cualquiera de nosotros.
Nosotros somos todos aquellos que tenemos madres, hijas, nietos… Aún los hombre y las mujeres nos necesitamos para seguir existiendo en paz, si esa palabra Paz, pasa a ser verdad y no una palabra hueca sin consistencia en las guerras cotidianas que nos envuelven.

                                                                                      Natividad Cepeda

           

Bombos de Tomelloso. El Símbolo Callado

Los bombos de Tomelloso pertenecen a La Mancha, son huellas de silencio de trabajo y del tesón de hombres y mujeres nacidos en esta entraña de pueblo. Al verlos, desde la lejanía, la gente que no sabe lo que significan, piensan erróneamente, que son montones de piedras: majanos.
Los campos manchegos son el orgullo de los que los labran. De los que nacieron aquí, y se quedaron sin miedo a la dura subsistencia.
Cuando se cruza por los campos de viñas, a la caída de la tarde, el alma se embarga de emoción. El verdor de las viñas acrecienta el color marrón de piedra de los bombos. El bombo es la voz de los que se fueron. Es el testigo que nos habla de una sociedad campesina coherente con el entorno. Es la identidad acentuada en un mismo objetivo; la supervivencia.
Es evidente que el bombo nos habla con su presencia de una cultura propia. De un largo periodo de arquitectura rural, que alcanza su máxima perfección en las construcciones de piedra seca, que dejaron los labradores tomelloseros en sus campos.
Sin el empuje de esa sociedad agraria, que no se arredra ante las dificultades del clima, y que amplia sus propiedades en otros términos municipales, la economía creciente de ese sector primario no hubiera sido posible.
Todos ellos, caminaron unidos para conseguir un mismo fin. El esfuerzo fue colectivo y doméstico, tan fuerte, que olvidó los prejuicios de que la mujer no saliera de la casa.
El papel desempeñado por la mujer en la sociedad agraria de Tomelloso fue fundamental para su desarrollo. Sin la unidad familiar el progreso no hubiera sido posible, pero como
los medios eran tan escasos, y el clima tan severo, el hombre del campo mira, observa su entorno y ve que anteriormente otros se sirvieron de lo que tenían a su alcance para subsistir, descubre que las edificaciones de piedra desperdigadas no supone gasto añadido a su economía familiar. De esa deducción, asume y asimila, una sabiduría ancestral y emprende la construcción de la vivienda en el campo que le dé cobijo a él y a su familia. Para lograrlo no excluye a nadie.
El labrador tomellosero jamás se ha sentido siervo, antes trabajar sin descanso que pertenecer a amo alguno.
Es más, todo buen gañán ansiaba poseer un trozo de tierra propia para labrarla y cosechar sus frutos. Ese es el principio de construir el bombo. La familia sé plega en sí misma, todos aportan su esfuerzo. Primero se ara la tierra. Hay terrenos pedregosos, de ellos hay que retirar la piedra sobrante. Esas lajas de piedra seca que obstaculizan plantar vides se amontonan y seleccionan, para cuando lleguen épocas más tranquilas empezar a edificar la vivienda. Así, la familia, en estrecha relación, ve con satisfacción que el bombo es su logro.
De ese logro nace una cultura propia, y un entramado social que da forma e identidad a una sociedad rural. Con el bombo, la dinámica del agricultor se activa, hasta pa-sar a ser su segunda vivienda. Es la vivienda unifamiliar por excelencia.
Si miramos hacia atrás, y pasamos al inter-ior de los bombos más antiguos, la estancia es de una sola "jaula" o habitación, pensada sólo para permanecer en ella como refu
Cuando se traspasa el dintel algo enigmático nos envuelve. En su interior se comprueba que de la piedra emana los opuestos de vida y muerte. Algo nos dice que podemos encontrarnos al unísono con el corazón de la tierra y con el nuestro.
Es una obra maestra. Es el testimonio de una forma coherente de colonizar la tierra desde la fe inalterable en lo que se cree.
La cámara del bombo es térmica, piedra seca sin argamasa, asentada en la base de la tierra, equilibrio y orden que no mutila la belleza donde se asienta. Todo está hecho para perdurar y ser útil.
La cuadra, con los pesebres para las mulas. La cocina, con el fuego en el centro, a los lados, los poyos, largos, anchos, que sirven para sentarse a la hora de comer, y para dejar en ellos la barja, caja de madera donde se trae la comida desde el pueblo cada semana. También, la saca, llena de paja, apoyada en la pared, que espera para ser extendida cuando sea de noche.
Y para dejar las viandas, el hueco falseado en la piedra, llamado, alambor. A lo largo de las paredes, distanciadas unas de otras, las estacas, palos introducidos en los huecos de la piedra que sirven para dejar colgada la ropa, las alforjas, la redina, los arreos de las mulas y la boti-ja. En lo alto del bombo, la falsa cúpula, el te-cho de la casa, la castidad de la piedra que no necesitó de planos y arquitecto.
Porque eso era el bombo, el lugar donde se agrupaban los que trabajaban y convivían.
Allí los niños esperaban la llegada de los pa-dres a la hora del almuerzo y la comida. Aprendían dentro de sus muros el misterio del fuego, viendo arder los sarmientos y las cepas. Por la noche, la llama del candil, lanzaba sombras incesantemente sobre las piedras, y el misterio oscuro de la noche se cernía sobre todos. Al amanecer despertaban los colores, rosa, azul, violeta, albo de la mañana, lleván-dose el sol al levantarse los fantasmas nocturnos. Soñolientos, grandes y pequeños, escuchan a los pájaros, a los gatos... Entrada la mañana es posible ver algún lagarto, o un ratón de campo, y hasta descubrir a una coma-dreja y alguna culebra. Pasan los rebaños de ovejas junto a los ladridos de los perros. Mez-cladas las emociones, el bombo se impregna de costumbre, de voces encontradas que no dejan a nadie indiferente.
gio ocasional. Pero si pasamos al interior del bombo familiar, en él descubrimos que ya guarda relación con una convivencia de personas y animales. El bombo tomellosero es tan civilizado en su concepción que no olvida los pequeños detalles que hacen la vida más grata. Todo en él es armonía. Es regresar al vientre redondo de la madre tierra. 32 El bombo es organismo vivo para todos. Es la escuela y el templo donde solo tiene cabida el infinito afán, de perdurar y mejorar la hacien-da. Piedra que entre sus muros abraza y da se-guridad cuando graniza y truena, cuando el agua borra los caminos, cuando el frío ritualiza el vuelo de la urraca, el cuervo, y los estorni-nos, y hasta las raíces de las cepas son capa-ces de tiritar.
El bombo es exageradamente austero, personi-ficación del hombre campesino, que por con-vicción y vocación, se convierte en anacoreta. Soledad imperturbable sin lamentos, porque hasta el calor de julio dignifica.
Los bombos, han marcado a su imagen y se-mejanza, el carácter de quienes los hicieron y habitaron. Dentro de su rústica estancia nació la poesía, sin otro conocimiento que el senti-miento.
Al amparo de su mágico círculo de piedra, an-tes de acostarse, se narraban sucesos acaecidos en fechas imprecisas. Se dejaba volar la fantas-ía, o tal vez, oralmente, los niños escuchaban arcanas profecías que sólo conocían los "incultos", porque el saber oficial, estaba veda-do a esos constructores de bombos. ¿De qué, si no, hubieran perdurado supersticiones y modos de sanar que solo conocían las familias del campo?
A menudo olvidamos el poder que tiene el patrimonio que nos rodea. Dejamos perder esas señas de identidad, a las que les debemos el ser como somos hoy. Y despreciamos la inmensa herencia que nos ha sido legada, y que nos habla desde el silencio de los bombos, de la larga trayectoria de los monumentos de piedra seca, que nos dicen con su presencia que hemos estado aquí, desde hace muchos siglos.

Tomelloso ha dejado en otros términos de la provincia de Ciudad Real esas construcciones de piedra: los bombos. Pero que nadie se apro-pie de lo que no hizo.
Perduraron y llegaron al grado máximo de perfección, gracias a la sabiduría de los tome-lloseros. Hoy son nuestro símbolo y nuestra firma en el paisaje. La Mancha nos debe esa contribución, preservarla para la futuras gene-raciones es un patrimonio humano. Patrimonio de La mancha, ante su contemplación las pie-dras nos muestran que esta tierra nuestra ha sido habitada desde tiempos inmemoriales; la piedra habla sin palabras
A todos aquellos constructores anónimos que lo hicieron posible, hombres y mujeres senci-llos de mi pueblo, mi admiración, mi respeto, y mi compromiso de que ese símbolo manche-go no sea silenciado.

Publicado en la revista sociocultural La Alcazaba nº 14   2010