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domingo, 31 de marzo de 2024

La paz del galileo

 



Bajo la tristeza de los días de pasión y muerte

el viento ha traído agua cual lágrimas

del cielo por el suplicio del buen galileo

allá en Jerusalén donde se repite la muerte

de miles de injusticias de muchos inocentes.

 

Igual que ayer los ejércitos  destrozan,

traicionan y mancillan la vida regando

con  la sangre caída senderos de dolor.

 

Mas la lluvia caída en esta primavera

embellece campos y jardines urbanos

haciendo que broten las semillas

reverdeciendo árboles entre flores

y sembrados alfombrando los campos.

 

Desde mi infancia tan  lejana viene

la celebración de la Pascua Florida

por el Resucitado que venció a la muerte,

pilar de la fe de los  míos, generación

tras generación, y recojo el testigo

de ese renacer de fe en cada primavera.

 

Me dejaron ese legado de celebrar la vida

sin oscuros presagios de rencor en las redes

del mar que es mi vida. Porque la vida es viaje 

de lluvia presentida a pesar de esas otras sequias

que nos dejan estériles los páramos del alma.

 

Ahora en esta primavera tan fraguada

de guerras  en el yunque del mundo…

solitaria en mi súplica, agradezco la lluvia

que restituye fuentes y nos lava heridas

que casi nunca vemos en el dolor ajeno.

 

Allí, donde se masacra la vida con extrema

violencia y  desatino atroz, quisiera

que la lluvia de marzo  limpiara las conciencias

de tanto desamor y nos trajera  el viento

la paz del galileo que nos dejó su amor.

 

 Natividad Cepeda © 2024

 

 

 

 

 

 

sábado, 8 de abril de 2017

Semana Santa celebración de amor y fe

                             
Con Dios no se juega: se nos ha dicho que lo qué sembremos será nuestra cosecha.
La mirada de Dios es la luz del corazón sobre la razón. Y nuestra razón es el mensaje de Dios fundamentado en el amor. Pero  no siempre las razones son entendidas  y aplicadas  por el amor de Dios.
El amor es la puerta por donde se sale y entra eternamente. Y la Providencia  nos espera,  conoce  nuestra pequeñez y  nuestra pobreza.  Y su amor  es la esperanza que nos sostiene cuando una herida del alma o del cuerpo nos hunde en el dolor.
Dios, para los que se autoproclaman progresistas, no es actual y por supuesto tampoco  significa progreso. Más, a  Dios, nadie lo puede comprar ni confundir.
Por los días de abril aparece por calles y plazas de España la oración caminando por ellas de miles de cofrades  vestidos con antiguos sayales de penitencia.  Es la oración del pueblo que ora  buscando su propia redención, desde la redención universal de Cristo clavado en la cruz.
Oración  en los templos adonde llegamos los católicos; nosotros, los perseguidos en nuestro país y en otros países. Persecución sangrienta y atroz  en centros donde se cuidan niños quitándoles el hambre y auxiliando a los ancianos abandonados en calles que recogen sacerdotes y monjas, seglares y catequistas afincados junto a los estercoleros del mundo, viviendo junto a ellos,  gracias a la ayuda de los católicos que envían su ayuda monetaria a través de la Iglesia necesitada.
Semana Santa   de un trance humano que anuncia luz de resurrección en memoria de una promesa  que dejó un rastro de cambio en la sociedad de su momento, tan singular y atrevida que desde que fue escuchada la  palabra  del Maestro; Él, sus discípulos y seguidores fueron perseguidos, ayer  igual que hoy.  Porque aquello que escribió Jesús de Nazaret  en la tierra evitando un asesinato femenino sigue estando vigente: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” Y nadie se atrevió a lapidar a la mujer.
Actuales estas  palabras hasta  hoy, donde  se siguen lapidando a mujeres en otras culturas que no conocen sus palabras ni nuestra Semana de Pasión. Todo en la Cuaresma es camino  que nos lleva hasta la Semana Santa y a su celebración con la mirada del alma puesta en nuestra fe. Fe que es nuestra esperanza para alcanzar la Pascua de la vida: nuestra resurrección, santo y seña de Cristo resucitado.
En los días de esa semana especial y única para nosotros los creyentes, las calles son transitadas por un sueño de pétalos caídos alrededor de un hecho histórico  que es la esencia de Europa. Olvidar la cristiandad y su repercusión en Occidente es querer tapar al sol con nuestras manos. Cierto es, que como humanos hemos cometido errores  y los seguiremos cometiendo.
El mensaje de amor universal de Jesús Hijo de Dios, sigue vigente e incumplido por la mucha exigencia; Él nos dijo “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado (Juan 15:12). Y por ese camino andamos buscando durante la Cuaresma  salvar nuestros escollos junto a las muchas dificultades que encontramos para sentir amor y paz dentro de nosotros  para darlo a los demás. 
La vida es un camino trémulo y frágil como la luz  de un candil en mitad del campo que se puede apagar con una pequeña ráfaga de aire. Intentamos tener apariencia de fuertes para que en la batalla diaria nadie nos haga morder el polvo del fracaso. Y nuestra fuerza que en ocasiones es un  tornado que todo lo puede, en otras sentimos hacernos añicos ante la salud quebrada o ante la moral destruida por tanto deterioro de vanos proyectos sin base de lógica y principios.
Las plegarias que hacemos en los templos los cristianos en estos días no son plegarias de tristeza y de ceniza, son hogazas de pan amorosas para sanarnos de tantos males.
Brotan en abril las hojas de los árboles repletas de color vivo y resurgen los tallos en los campos para recordarnos  que después de la muerte del invierno la vida resucita. 
Esta es mi fe, la del silencio de Juan de la Cruz con su fontana viva: la del silencio de Ismael de Tomelloso con su hermosa sonrisa de paz exento de guerra y odio, orando así “Quiero vivir absorbido en Dios, perdido en la inmensidad de Él, y a Él totalmente entregado. La fe  de Monseñor Arnulfo Romero, asesinado por un francotirador  el 24 de marzo 1980 mientras oficiaba una misa y que dijo “Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como testimonio de esperanza en el futuro. Puede usted decir, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a quiénes lo hagan. Ojalá, así, se convencerán que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”. Monseñor Óscar Romero, agosto 1978. 
Esta es mi fe, y  junto a estos testimonios  otros muchos  como el de Ángela de la Cruz, Teresa de Calcuta, Edith Stein, luego Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Auschwitz, 9 de agosto de 1942. Mujeres y hombres a los que nadie pudo rebajar ni humillar porque su fortaleza nacía de Dios. Perseguidos y jamás olvidados.
Nombres propios conocidos; nombres propios anónimos desperdigados  por  los pueblos sin miedo al escarnio ni a la burla. Soportando la mofa de los que abogan por libertades sin respetar la libertad de los católicos  que se ponen su túnica y salen por las calles de España  enseñando con su testimonio una catequesis nacida del pueblo llano para sí mismo. Tradición y fe. Oración popular  digna de admiración y de respeto. Ellos los nazarenos y nazarenas que elevan las imágenes sobre sus espaldas y hombros cada nueva primavera orando de esa manera por todos. Plegaria física. Plegaria ante la talla de Cristo y de su madre. Arte religioso, joyas de orfebres y escultores que salen a la calle desde el recinto sagrado de los templos.
Creer es un don de Dios. Mi fe son mis pilares humanos por donde busco la justicia desde la enseñanza de Cristo resucitado. Y conmigo, cientos y miles de cristianos silenciosos y hermanos que salimos a la calle en Semana Santa porque así nos lo legaron los que nos precedieron. Y no dudo que quienes aman mucho, siempre recibirán una muestra de amor en la senda de la vida. No hay mayor equivocación que perseguir al amor. Porque el amor jamás muere.

                                                                                                Natividad Cepeda

 Arte digital: N Cepeda


sábado, 7 de abril de 2012

Resurrección:


                            VIII



En íntimo diálogo hablo con la esperanza
que eres Tú.
                    Desde cualquier camino yaces marcando el norte
albergando en tu estela las paredes hundidas;
y aunque el mundo se derrumbe, sabemos,
que contigo todas las ruinas resucitan.
No puedo explicarme porque me sigues
a pesar de mi olvido hacia ti repetido.

Siempre sé que me llamas
                                             cuando intento olvidarte.
Ocurra lo que ocurra apareces asomado
al portal de la esquina vacía,
de la calle a oscuras,
de la acera emporcada por tanta podredumbre,
y humanamente andas entre nosotros sin juzgar
la conducta tantas veces equivoca
                                                         y llena de fracasos.

Este monólogo, reverbera el poso de soledad
continua por la que avanzo a veces.
Cual Lázaro me muero,
y si tú no me sacaras de mi fría hendidura,
Señor,
             quedaría enterrada en mi propia congoja.



Libro.” Con la sed de todos”
Natividad Cepeda

Fotografía:  N. Cepeda