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martes, 28 de mayo de 2013

EN ESTA TIERRA ALTA DE VIÑEDOS

                                   
 La verdad más cabal es una viña
 contemplada a lo lejos:
 Su cabellera verde que se presiente en mayo,
  la mirada fija de los hombres
 rozando la besana
 o el silencio del campo
 recogido en los ojos.


Y ver a contraluz en cada surco
el rocío cuajarse en sus orillas.

                                    Después de tanto esfuerzo por estirar el día
                                    les acoge a todos en su umbral el ocaso
                                    y regresan hasta el pueblo silenciosos, los hombres
                                    y en casa les aguarda la mujer y la cena.


Poema II de la Primera Parte del libro:
"EN ESTA TIERRA ALTA DE VIÑEDOS"
Natividad Cepeda
Ilustraciones de Pilar Jiménez Amat
Ediciones Soubriet
I.S.B.N: 978-84-95410-86-3
Doña Crisanta,47-13700 Tomelloso (Ciudad Real) España



                                                                                                   



miércoles, 27 de marzo de 2013

Un Padrenuestro para recorrer el camino con Teresa




                                                                         "Ni es menester más porque todo
                                                                            lo demás estorba y impide de decir
                                                                            FIAT VOLUTAS TUA SEÑOR,
                                                                             en mí vuestra voluntad de todos
                                                                            modos y maneras que vos,
                                                                            Señor mío, quisierdes."

                                                                                                       Santa Teresa de Jesús.

Me he calzado las sandalias cuando el gallo
cantaba al cielo, y la paja y el grano se vestían
de la primera escarcha.
He salido con mi callado a recorrer el antiguo
Camino de Santiago con tu sombra,
Teresa,  siempre viva.
Sobre este cielo de impaciencia
me asomo a tu camino,
y a golpe de palabra y de latido,
lentamente, musito un padrenuestro
desde la delgada luz vidriada de la aurora.
Imagino y recreo tu figura  arropada
por la paz del convento y de la celda,
tu tacto sobre la pluma,
y el roce imperceptible sobre el papel
que recoge tu legado.
En tu tarea te acompaña un padrenuestro
desgranado en renglones azules,
al donaire, del camino y la fiebre
que te consume por tener tanto amor
hecho llama en tu pecho.
Y torna tu materia al espíritu
en mística oración,
y en vida toda como coágulo de sol
en el espejo del paisaje.

Orar para ti, es seguir las huellas del Amado.
Es encontrar otras moradas sin ruidos.
Es  preparar la tierra del huerto para plantar
viandas ermitañas, y en el rincón de la capilla,
crecerte, como mujer,
más adentro si cabe, del misterio
que existe en rededor. Rezar, es escribir
de un padrenuestro de costumbre
una regla, que al alba, se hace norma,
y con tu coraje, que desde la infancia
te acompaña,  dejar para la historia  consejos 
tan profundos de un camino de humilde
perfección sin más valija, que Dios,
para cruzar con Él, por tantos siglos .
Con tu estela de píe frente al camino,
echo a andar  para cumplir como los peregrinos,
llegar hasta Santiago.
A tientas, en medio  de los campos,
recojo entre mis manos un puñado de tierra,
y rezo,  un padrenuestro desde la morada
interior de tu recuerdo. 











Andar y desandar, abrochando caminos
en los labios, tal vez sería estéril,
si tú,  Teresa de Jesús,
no los hubieras hecho florecer para mis pasos.
Desde este claroscuro que invade el tiempo
en el espacio, cógeme de tu mano andariega,
acicala con tus palabras mi memoria,
para peregrinar a Dios, con tu presencia.


                                                                                                    Natividad Cepeda
                                                                                                


        
Accésit del Certamen Internacional Místico de Malagón



jueves, 14 de febrero de 2013

PLEGARIA DE LA AUSENCIA


     
 
                                                                                  "Adéntrate si quieres
                                                                                     hasta lo más profundo de mi casa"
                                                                                                                                  V. Arteaga.                            


Digo amor:
                 y digo flotación de los sentidos
de turbador desgarro
y belleza infinita que me envuelve.
Existo porque  me veo reflejada en tu mirada
y amarte es la revelación de lo sagrado
en el silencio de la noche.
Lo urgente es sentirte, y sentirme,
ser melodía en las laderas de tus labios
y terrón de azúcar en el lagar de tu mosto.
Bajo tu arquitectura soy una cruz del sur
que jamás retrocede y a quien nadie derrota.
Por ti soy un río que busca el horizonte
alrededor de tus montañas,
explosión de luz que ilumina los templos olvidados.

Soy  patrimonio
                             de la alborada incendiando la cresta
de los cielos por donde nacen las horas.
Y caben en nosotros el aliento del alba
y el otero por donde muere el sol.
Emigro desnuda y en silencio
para sentir  tu aroma   deslizarse suave por mis senos.
Eres roce presentido
de encuentro sobre la hoguera de la tarde.
Porque tus labios son mis parras,
mi vino fermentado  por donde se despereza
la belleza del encuentro en vendimia.
Eres mi paisaje
y la tierra labrada que aguarda la simiente
sobre el aliento místico que ora esperando el sol.
Eres el rumor de la tarde que recoge el vuelo de la noche.

Digo ausencia:
                         y escribo esta mañana gris
 mientras veo refugiarse a los gorriones
en los huecos de las tejas.
 Me disperso con ellos y cruzo con mi rumor
de pisadas y mi silencio de tristeza
entre el ropaje de tu imagen.

Digo tiempo:
                     y toda mi realidad se  altera. 
Gira mi corazón con todas sus cicatrices
empapadas de muchedumbre
y me asombra escribir de nosotros a la orilla
de las horas perdidas en el remoto espacio del olvido.

Digo silencio:
                        y mis labios esconden entre ellos
las huellas de tus besos. Guardan su inquietud
y su sed mientras se adormece el frío
en la dulzura tibia de tu pecho.

Digo espera:
                     y al cabo de mucho esperar
se me rompen las horas por el acantilado
de los meses. Y no vuelves.
Debiera guardar en el recuerdo las alas del corazón
plegadas y dejar de ser azul y confiada.
Debiera ser tan sólo espiga que espera al segador
y no amapola mecida por el viento en la soledad de los campos.

Digo noche:
                    y se me escapa furtiva la luna
detrás de un burdel de carretera.
Las ventanas se cierran y nadie ve
a los traficantes de la noche comerciar con la vida.

Digo soledad:
                     y tiemblo porque la noche acoge en su envoltura
la paz y la discordia. Acoge al amor
y también el olvido, la traición y la infamia.
Y hasta mi amor se extravía en el desván  de la incertidumbre.

Digo sueño:
                     y un ángel vela el sueño de los niños.
Y busco los hijos que no hemos tenido
y me asomo a mi vientre de mujer y lo veo vacío,
y aturdida suben por mis pupilas los niños nacidos del amor,
y aquellos otros que no importan a nadie.
Niños caídos en desgracia,
prostituidos en las calles con la mirada oscura.
Niños sin ángeles custodios
que militan en los grupos armados.
Niños sin amor,
despedazados por buitres sin alas.
Niños sin estrella,
sin gritos, sin risa y sin futuro.

Digo invocación:
                            y todo cabe en la matriz 
donde se funde la vida.
Sin proponérmelo me conmueve el gozo y el dolor
de esos puntos cardinales del mundo.
Tan distantes.
Y entonces llegas tú desde los soportales de la melancolía
con tu transparencia de viajero en el lagar oscuro de mi sangre.
Llegas y me habitas de conciencia cósmica el santuario de mi piel.
La noche me embriaga con un aria
y escapo de morir porque vuelvo a soñarte.


Y te llamo para poder albergarme en tus ojos.
Y te espera ésta mujer que una vez habitaste
en esta casa que es un nido vacío

Digo tu nombre:
                           junto al rescoldo que me dejó tu ausencia,
fiel a mí misma, sin dispersión, y como ave fénix
 resurjo de mis cenizas porque todavía sigo creyendo en ti.
Creer, como el almendro espera florecer en febrero.
Creer en las horas gastadas.
Creer, porque no hay demasiada vida
 ni demasiada muerte  para dejar de amar.
Y te siento en mi piel,
bancarrota de imágenes.
También en las adelfas de la ciudad
mojadas por la lluvia
salpicadas de sueños
que vagan por los patios sin recato.
Amor, arrebato de vida, eres mi punto de partida,
mis males sin remedio,
ese territorio que no tiene fronteras...,
pero a pesar de todo, quiero que seas mi elegía cuando te diga adiós.



                                                                                                       Natividad Cepeda




Poema Finalista IV Certamen de Poesía “Noches del Baratillo” Sevilla


Fotogafías.   Ángel Bernao Berruguete 



sábado, 7 de abril de 2012

Resurrección:


                            VIII



En íntimo diálogo hablo con la esperanza
que eres Tú.
                    Desde cualquier camino yaces marcando el norte
albergando en tu estela las paredes hundidas;
y aunque el mundo se derrumbe, sabemos,
que contigo todas las ruinas resucitan.
No puedo explicarme porque me sigues
a pesar de mi olvido hacia ti repetido.

Siempre sé que me llamas
                                             cuando intento olvidarte.
Ocurra lo que ocurra apareces asomado
al portal de la esquina vacía,
de la calle a oscuras,
de la acera emporcada por tanta podredumbre,
y humanamente andas entre nosotros sin juzgar
la conducta tantas veces equivoca
                                                         y llena de fracasos.

Este monólogo, reverbera el poso de soledad
continua por la que avanzo a veces.
Cual Lázaro me muero,
y si tú no me sacaras de mi fría hendidura,
Señor,
             quedaría enterrada en mi propia congoja.



Libro.” Con la sed de todos”
Natividad Cepeda

Fotografía:  N. Cepeda