Amanece
y escucho a las campanas llamando a laudes con el primer resplandor de la
aurora. Estamos en marzo, en la semana que precede a la Semana Santa; nuestra
conmemoración de pasión y muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
Trae
el aire aroma de los campos y el gorjeo de los primeros pájaros. Aún no han
llegado vencejos y golondrinas, parece que esperan llegar cuando las imágenes
salgan a la calle en procesión con los cofrades y su oración callejera en rito
de bendecir con ellas las calles de los pueblos.
Tocan
las campanas invitando a la oración a pesar del ruido de las prisas de la
calle. Tocan y me conmueve su sonido ancestral y antiguo y con ellas me uno a
mi fe y a los que me la legaron.
Rezo
en silencio; bendita la luz del día y el Señor que nos la envía... y me dejo
envolver en el amanecer mientras miro la copia del cuadro de Cristo Crucificado
que pintor Diego Rodríguez de Silva y Velázquez hacia 1632 que preside mi
dormitorio y elevo mi pregunta hacia Él diciéndole...
Te
miro y me pregunto
¿Por
qué tanto amor
por
mí, Señor
si
Tú sabías
que
olvidaría
tu
sufrimiento y muerte
en
esa cruz de tu amor
y
de mi olvido?
Te
miro, Señor,
y
te busco
para
amarte, Señor,
y
no olvidarte y ser
tu
cirineo de amor
eternamente.
Natividad Cepeda©
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