Dicen que hoy ha llegado la
primavera y en Tomelloso hace frío,
y aún no hay fragancia de
flores
ni ese aroma que tenían los
patios de las casas
a celindas y rosas naturales,
porque no eran híbridas.
Dicen que, desde hace unos
años,
la UNESCO declaró el veintiuno
de marzo
Día Internacional de la
Poesía,
como si ser poeta fuera fácil,
al menos para mí.
Hoy caen gotas de lluvia en mi
pueblo
y pareciera que la primavera
se resistiera a venir
con sus versos y sus aromas
por los cauces del día.
Pero hay que apuntalar la
poesía
y declamar por todos los
rincones,
aunque su arquitectura no sea
la debida.
Yo sigo buscando el poema
en los porches del alma
y también en los porches del
día,
y hasta en el quicio
de esas órdenes de celebrar un
día para ella,
la poesía,
a pesar de que no todos los
poemas
sean poesía.
Puede que parezca que este poema mío busca ir en contra de la poesía, nada más lejos, la poesía existe en todos los ordenes de la vida: Está hasta en lo más criuel y feo de la vida porque hasta la tragedia es poesía derramada de dolor. Pero está ocurriendo que de tanto escribir poemas se está perdiendo el alma poética de la poesía. Si, es una denuncia que sé que no llegará aparte alguna, al menos a esas partes poderosas que son los que manejan lo que es poesía porque tienen canales que la reproducen y comercializan desde la fuerza del dienro; del oro actual, de los portales mediáticos. Y porque en los lugares pequeños se fasea, se utiliza para medrar o ser alguien importante-casi nadie lo es- en esos pueblos, aldeas, ciudades donde se piensa, pensamos que somos importantes, que son importantes.
Pero estamos aquí y escribimos en soledad. escribimos creando lo que sentimos, lo que sacamos fuera del alma porque si no lo hacemos nos ahogamos, nos morimos y por eso escribimos poemas para resucitar de la vulgaridad, de la mediocridad, del vacío existencial universal que llevamos escondido en los pliegues de la piel.
Natividad Cepeda
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