Irrumpe Dios en el alma de Ismael con la fuerza de la primavera. Se siente pequeño entre todos. Su vida fue un
ejemplo de amor y de caridad hacia los demás. En silencio oraba por la paz
entre los hermanos. Y en silencio formó parte del mundo dolorido de los
enfermos, de los presos y abandonados en campos de concentración. De los parados
sin trabajo.
Necesidades que remedia en su
albergue de amor fraterno. Sirvió a todos sin aditivos ni falsos ropajes.
Regalaba su tiempo y su vida cuidando a los ancianos del Hospital-Asilo de Tomelloso con la
sonrisa en su joven rostro. Curaba con su música y canciones las heridas de la
vejez que dejan tristeza en el alma de los abandonados. Amor, por encima de sus
propias necesidades.
En medio de la fratricida guerra de 1936, regala sus zapatos al
compañero que ve con unas alpargatas
rotas: con esas alpargatas calza sus pies helados: veinte grados bajo cero. Corazón,
el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, sin puertas ni cerrojos para el amor
sin fronteras. Abandono de sí mismo confiando plenamente en Dios. Humildad
exenta de soberbia hasta exclamar…“Como no sé hablar y tengo poca inteligencia, no sé decirle a nadie
cosas buenas y de religión; por eso quiero dar ejemplo de vida”.
Cien años hace que nació en Tomelloso un primero de mayo de 1917, murió
en Zaragoza un cinco de mayo de 1938 como prisionero de guerra en la cama de un
hospital. Fue reclutado como miles de jóvenes y tiró el fusil en medio de la
batalla cruenta de Teruel y se puso a rezar pidiendo a Dios la paz.
En nuestra sociedad matizada hasta la exageración de falsas apariencias
y consignas sin futuro viene bien revisar de vez en cuando testimonios
edificantes como el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso. Sus valores son
actuales. Su espiritualidad es su fortaleza. Su fuerza, su fe en Dios. Su vida
es un acontecer de amor universal. Su alegría es el amanecer de la juventud, y
su silencio, abandonado de todos y sin pedir nada, es el rumor del amor
universal que no cesa en el devenir de la vida.
Fue perseguido por unos y por otros; y amo a todos, porque la paz la llevaba dentro de su alma al
vislumbrar la existencia del amor de Dios sin partidos ni consignas que
enfrentan y matan.
Ismael de Tomelloso no tuvo agentes que lo representaran como artista,
cantaba, tocaba la guitarra, era actor aficionado representando obras de
teatro, decorador, dependiente de tienda
de tejidos, organizados de cabalgatas de Navidad y reyes, y miembro de
rondallas…
Cuando la guerra lo envuelve en su terror, él se niega a matar
hermanos. Obedece y se viste con su uniforme de soldado. Calla, ante los que lo
insultan por ser cristiano. Calla y comparte lo que tiene con quien él, piensa
que lo necesita más que él. Y cuando cae prisionero nada dice cuando lo interrogan: calla y en
silencio sigue rezando por la paz de todos los hermanos que se mueren de
hambre, frío, metralla y hacinamiento.
No se queja. Reza por la paz y escribe a los suyos diciendo que todos
lo tratan bien.
Y de pronto aquel muchacho llagado y esquelético, de mirada limpia y
hermosos ojos regresa desde aquella España desangrada, iluminando el pasado y
el presente con su sonrisa amplia. Y los
que lo conocieron se han ido, quedamos los hijos y los nietos y al mirarlo algo
dentro del cuerpo llega hacia adentro y sentimos que Ismael, que ha perdido
hasta sus apellidos, nos insiste desde
su silencio a recuperar tantos valores perdidos en nuestra sociedad donde los
suicidios se suceden y el amor es un sentimiento de quita y pon basado en el
placer si amor.
Tomelloso, Zaragoza, Madrid y Teruel donde hay delegaciones con su
nombre, vuelven a su silencio, porque el silencio de Ismael fue y es, una
prueba de amor en Dios y en las personas. Es un cristiano laico sin miedo por
su fe. Sin fanatismo y sin crueldad. Es un modelo de joven adelantado a su
tiempo por su versatilidad artística en mitad de una sociedad rural e inculta
que destruye todo lo que toca, vidas y patrimonio: que amenaza a los suyos y
los masacra sin pudor y sin conciencia. Es
y fue un niño que empieza a trabajar a temprana edad como los niños que
en países pobres y no desarrollados son explotados. Ismael de Tomelloso es un
eslabón de superación autodidacta que descubre la humanidad de los que lo
rodean sin odio y sin venganza porque él, descubre que orando en el silencio
del sagrario conecta con la música de las esferas del Creador.
Increíble y cierto. Para llegar a ese conocimiento no viajo a lugares
lejanos en busca de un gurú, escuchó el
corazón de Dios desde los labios de su madre, de sus amigos y de un joven
sacerdote que instruía a los jóvenes. No tuvo psicólogos, ni Internet, ni
televisión, ni vacaciones, ni coche… descubrió a Dios y amó a los demás. Ese es
su testimonio, esa es su vigencia por lo que celebramos su nacimiento.
Natividad Cepeda
Arte digital: N cepeda