
Creo que los
buenos libros de poemas carecen de
fecha, ya que de no ser así no merecen ocupar un lugar en nuestra biblioteca.
También me merecen todo respeto los premios concedidos por los jurados, a pesar
de no ignorar sus gustos personales, no evitables, y normales dentro de los
conceptos humanos. Pero todo esto pierde importancia cuando se lee un libro.
Los libros son siempre los que tienen la primera y la última palabra para el
lector. Incluso ignorando al crítico de turno, que no está al lado del lector
cuando se sumerge en la lectura. Más aún cuando es un libro de poesía, que no
hace rico ni al poeta ni al editor. Paradoja absurda, ya que casi todos los escritores
sueñan con ser poetas, y un número elevado de personas recitan versos
aprendidos en la infancia asegurando gustarles este género literario que nadie
adquiere.
Me confieso
lectora impenitente, anárquica y libertaria, quizá por esa razón leo libros y
vuelvo a ellos para reencuentros posteriores. De esta manera es como he aprendido
a valorar lo excelente de los libros y los momentos gratos que me proporcionan.
Francisco Caro
es un poeta conocedor de la técnica y el lenguaje, no sería él si no fuera así.
También es un demoledor denunciante del dolor humano que transita debajo de la
epidermis secreta de cada uno de nosotros. Y un conocedor sapiencial de la
flaqueza humana presente en los seres vivos de cada época y lugar. Lo deja claro y perceptible en ese otro libro
suyo “Cuaderno de Boccaccio” Premio Ciudad de Alcalá 2010 de Alcalá de Henares
(Madrid). Dos libros diferentes y a la vez nacidos de la percepción humanística
del autor. Creador culto del
conocimiento de las artes, que él trata
de ocultar detrás de su franca sonrisa y
su saludo sin impedimento alguno de liberal amigo.
Porque detrás de
cada poeta hay una historia sentimental que jamás deja de aflorar. Pensamos que
las cosas vividas se diluyen como la nieve al sol, y no es verdad.
La verdad oculta se lleva como equipaje interior, es la que
se vuelca en versos universales en el escenario del libro. Francisco Caro en
estos libros que he vuelto a descubrir se muestra con luces venidas desde
lejos. Las unas desde el poso del hombre que mira el pasado desde su yo profundo, así se
reencuentra con el mar y su inmensidad frente a ese poema primero de “Paisaje
(en tercera persona) que dice: Como la
playa ociosa/ a final de septiembre, allí/ donde la luz asume que su vigor
caduca/ ajeno a la existencia de los otros/ así contempla el hombre/ mansa y
leve su mano, la herramienta/ con la que atesorara/ el esplendor azul de cada
instante.
Es este primer poema
el pórtico que nos da entrada a todas las demás imágenes que preceden a lo
largo de su lectura; así en el
poema Nocturno en el refugio, asegura el poeta: El corazón
del hombre/ observa el fuego/ llevan horas moviéndose/ su mirar y su sangre/
con las mismas/ intenciones secretas,/ con el mismo compás/ que se mueven las
llamas/ el corazón del hombre/ como las llamas gime.
La lectura del libro es un camino hacia el interior que se
adentra buscando el absoluto de la existencia.
Libro profundo
cuajado de vivencias y experiencias personales que dedica a siete compañeros de
viaje. Francisco Caro desnudo de atavíos sociales que Intuye que debiera/ bajar los ojos, mirar el mar en los últimos versos que cierra el
libro. Mirar el mar, naturalmente, es lo que hacemos, incluso los nacidos
tierra adentro.
No puedo enumerar los poemas de los libros, me cuesta
hacerlo; leo y me adentro en su aportación buscando los símbolos ocultos de
cada verso, no otra cosa son los poemas que nos comunican con el pasado y con
el futuro del mundo espiritual. Si no fuera así “Cuaderno de Boccaccio” no
advertiría antes de abrir la puerta de la historia que Máximo
Novello,/ menudo entre los grandes/ mercaderes de lana/ tantos años después,
por encargo de Cosimo y Villani,/ y por dar/ su inteligencia a nuevos
escolares,/ tuve la voluntad y la incierta memoria/ de escribir cuanto sigue…

Y no me duele
reconocer que es un trabajo escrito para personas cultas y eruditos, también para los que se aman entre sí. No
importa cuando se tiene entre las manos un libro tan estudiado y bien escrito.
Se lo comente, muy por encima, en una ocasión a Francisco Caro, le dije que era
un libro para una minoría refinada. Aquí, en este poemario, se muestra el alma
del maestro. Del profesor que enseña a sus alumnos la importancia eterna y
duradera del saber, que también lo es Francisco Caro. Aunque en general el tema es el poema y de eso
va el cuaderno así en la página 62 en el poema De caminos futuros el poeta asegura: Son tiempos de
agregar/ a la latinidad su fondo griego,/ de acoger/ a héroes paganos,/
propagar sus mudanzas/ -Eneas deja a Dido -/ de atenderlos en sus metamorfosis…

Sentencia de palabras que cobran actualidad en este mes de
marzo donde el viento dice que hay que
celebrar la poesía cada día sin cuota de
fechas designadas.
Natividad Cepeda
Fotografías: N. Cepeda
Publicado: Diario Lanza de Ciudad Real, abril 2012
Publicado: Diario Lanza de Ciudad Real, abril 2012