miércoles, 6 de abril de 2022

“Canto de gratitud a las manos alfareras de Graci Arias y Ángel Leal” del libro donde participo junto a treinta y un poetas con el título “Palabras de Barro” del XIII Encuentro Oretania de Poetas.



Fue presentado el 2 de abril de 2022 en el Salón Noble del ayuntamiento de Alcázar de Alcázar de San Juan. Fuimos recibidos por su alcaldesa doña Rosa Melchor que nos acompañó durante todo el recital. Además presidente del Patronato de Cultura, don Mariano Cuartero y, don Julio Criado y don Ventura Huertas, de Oretania Comunicación. El Presidente del Ateneo Cultural de Alcázar de San Juan don Ángel Luis Agenjo y el numeroso público que llenó por completo el salón. El acto lo presentó el coordinador de los poetas de Oretania, don Luis Díaz-Cacho, que dijo;
“Alcázar de San Juan ha sido la ciudad elegida para este año ya que manifiesta su compromiso con la alfarería, con la cerámica y el barro a través del Museo de la alfarería de La Mancha, el Museo FORMMA”. Es una oportunidad de reunir a los y las poetas de la provincia, decía Luís Cacho. Nos acompaño con su música al piano, el profesor del Conservatorio de Alcázar de San Juan don Eusebio Fernández-Villacañas.



Estuvo filmando el acto con su maquina fotográfica el Editor y periodista don Julio Criado. Y los alfareros ceramistas doña Graci Arias y su esposo y compañero en el alfar, don Ángel Leal. Mi gratitud a ellos por el regalo maravilloso que durante trece años, ininterrumpidamente, nos hacen al crear para nosotros, los poetas participantes, una pieza artística y única de su preciosa cerámica. En el acto se presentó el libro que se ha editado, cuya recaudación se destinó a Cruz Roja de España.

La velada y el recital fue, una vez más, un encuentro de los poetas de la provincia de Ciudad Real para demostrar que la poesía está viva y no porque nos paguen con euros nuestro arte y trabajo literario, que no sucede, si no por amor a la palabra escrita. Y porque a pesar del olvido de muchos poderes actuales los poetas somos juglares y trovadores también en este siglo XXI.



Declamar, recitar, leer y escribir poesía en tiempos de penuria y tristeza ocasionada por la maltrecha economía y los estragos de la pandemia del COVID19, que nos ha dejado y deja, un rastro de perdidas humanas de familiares y amigos, sumados ahora, por la invasión de Rusia en Ucrania y sus amargas y desastrosas consecuencias humanas, terribles por el genocidio que se está cometiendo a personas inocentes… el poema es bálsamo para el alma tan herida y lastimada.

Un libro de poesía es un conjunto de salmos profanos para leerlos cuando sintamos caer el ánimo y la esperanza, porque hasta nuestro barro es frágil y se nos puede quebrar ante tanta violencia y desatino como nos ha tocado vivir.

Mi palabras poéticas para los artesanos Graci y Ángel son estas...




Canto de gratitud a las manos alfareras de Graci Arias y Ángel Leal


Alfareros, esperanza que guardo en mi regazo

detrás del vuelo de la tarde cuando los ojos se llenan

de quietud y se duerme el sol en las montañas

por donde el viento tiembla escondido en los valles.


Mujeres alfareras, conocedoras a través de milenios

de secretas ternuras nacidas del agua de la lluvia

y del polvo de arcillas. Para ellas la tierra es huella

permanente de sueños moldeados por sus manos.


Mirarlas trabajar con las manos manchadas

de barro creadoras de formas. Ellas son hijas

de montañas deshechas por antiguos diluvios.


Admiro vuestro oficio mujeres y hombres

alfareros de nombres olvidados en la estela del tiempo.

Vosotros, artesanos en vastos continentes dejasteis

legados de cerámicas que son biblias de barro.


Palpita el barro en las manos cuando se golpea

y amasa. Solemnes los dedos van creando cuencos,

jofainas, cántaros para el agua, tinajas para vino y aceite…

Todo es bello. Todo necesario y hermoso.


Escuchadme, saber que estoy hecha de barro,

que mi sangre es de lluvia y relámpago y de siete

colores visto mi desnudez cada mañana.


Saber, que cada alfarero es bucle de Dios señalando

la vida desde el cielo a la tierra. Somos barro

y asombro del Edén venidos desde el Cosmos

de insondables estrellas.


Alfares de mil lenguas los hay por caminos

y estepas, por ciudades y pueblos

amando las arcillas nacidas de la tierra.


Irrumpisteis en aquella Edad de la Piedra Pulida

adornando con punzones y conchas, cerámicas

modeladas por manos alfareras. Así fue nuestra

voluntad desde el primer umbral de la Historia.


Vuelta a vuelta en el torno del barro virgen surgen

anhelos y sueños de alfareros. Saberlo, todos ellos,

llevan el beso del universo en sus venas. Vienen

desde oscuras cavernas alumbradas con fuego.


No dejéis de admirar las manos peregrinas

de barro; mirarlas, porque ellas conocen el lecho

de los ríos, la humedad de los valles y el semen

de la vida viajando desde la vecindad de siglos.


Todas esas mujeres que amasaron tierra y agua

con sus pies y sus manos deshaciendo terrones

conocen las colinas y el rumbo de los días escrito

en las cicatrices dejadas en el barro. Bendecirlas,


son puentes del pasado avivando el presente

empapadas de ayeres con sus cuencos de barro.

Portentosas de arte apuntalan las horas bebiéndose

fracasos, silencios y ese olvido en la noche del tiempo.


En los alfares las manos son sagradas, no van

a la deriva ni se tornan vencidas; son manos

abnegadas, cautelosas, sencillas, transidas

de arreboles como la tierra que nos signa.


Así es ella, María de Gracia Arias Mora, alfarera

encendida de fe, buscado en cada pella de arcilla

recuperar el arte primigenio de la aurora cuando

amanece el sol en Puertollano en espejos de luz.

Callad, mientras cruzamos por la frontera suave

de sus ojos, ese lugar matriarcal de azul misterio

que deja en cada cuenco y ánforas nacidas

de sus manos un halo de temblor al contemplarla.


Volver a remover el barro es buscar el origen

unánime de la vida, deambular buscando

en los alfares ese primer cuenco cerámico

para beber en él y guardar en el hato el tesoro

de ser civilizados gracias al ingenio humano.


En el espejo de las aguas al final de las tardes

veo a una mujer ir a por agua con su cántaro

de barro hasta las fuentes.



Natividad Cepeda










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