viernes, 26 de noviembre de 2021


 

¿Podríamos pasar a tocar las ocas?

No, no se puede pasar al corral, dice el padre a dos niños.

Podrías pasar tú y coger una, mira aquella que nos mira.

No, puedo coger ninguna porque no son nuestras.

Cómprala, por favor, cómprala. 

No, no las venden. Y no son ocas son patos.

Una niña de mirada brillante alarga su mano por entre los agujeros de la alambrada intentando llegar hasta el plumaje blanco del ave. Durante unos minutos se mueve su mano en un intento inútil de llegar a tocar aquellas blancas plumas. Con la otra agarrada fuertemente apoya su cabeza y mira asombrada el pequeño corral donde lo patos van y vienen ignorándola. A su lado el pequeño hermano mira a su hermana y de ella a los patos sin decir nada.  La pequeña de apenas cuatro años extiende su cuerpo inconscientemente  para acercarse más y más a los patos que la ignoran.  La niña sueña con entrar al corral y jugar con las ocas.   Ajena a todo lo demás  se quisiera escapar del padre que a su espalda espera con sonrisa  paciente. El aire mueve suavemente los árboles  crecidos junto a la humedad el río. El pequeño cansado se retira y el padre cogiendo la mano del niño  alarga la otra para retirar a la niña y marcharse.

Espera, suplica la pequeña sin dejar de mirar a los patos.

Papá ¿cuándo sea verano las ocas las dejaran ir al río?

Es posible, dice el padre.

¿Vendremos y me bañaré con ellas?

No. Es peligroso.

No me quieres. A Dora exploradora la dejan ir sola por el camino y no le pasa nada.

El padre sonríe y cogiéndola de la mano se aleja con los niños.

La niña vuelta su cabeza protesta y con un mohín la escucho decir ¿entonces lo de la tele es mentira…?

El aire parece reír al filtrarse entre las ramas de los árboles y el correr sereno del río en noviembre.  Todavía se escucha a la niña decirle al padre, con su voz cantarina, que se olvidó de ponerse la mascarilla… Pasan volando pájaros y algunas tortolillas. Sujeto en un árbol hay un cartel donde se dice que por aquí hay ardillas. El ruido del motor del coche se escucha alejándose.  Es otoño y en pequeñas dosis los niños de hoy perciben qué, lo que ven en las pantallas de móviles, ordenadores y maquinitas no es igual que lo que viven cuando llegan al campo. Algo se les rompe adentro.  No todo es verdad.

Sola, miro lo que me rodea y siento que ese lugar pequeño y sin lujos todavía es un trozo de paraíso. Pienso que también a mí me engañan porque no todo es verdad lo que se me dice y promete en mis corrales urbanos.

 

Natividad Cepeda

 

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