Junio ha
llegado con su talega ruinosa para los que no tenemos trabajo, y sí hambre y
recibos que pagar para los que no somos
banqueros ni mandamases que se van con
los bolsillos llenos.
Así se lo
escuché decir a una mujer en el mercado frente a un puesto de fruta. Los
parroquianos del frutero ambulante, corearon la máxima verbal y siguieron esperando pacientemente su turno.
Era un día cualquiera, si no fuera porque
esa gente ahora sabe que no tienen fecha para salir del temor de carecer
de empleo, y los pocos ahorros apenas dan para seguir yendo al mercadillo
callejero.

En este combate
diario de apostar por subir el nivel de vida, o poder adquisitivo, los únicos
perdedores han sido los de siempre, los trabajadores asalariados y los
trabajadores autónomos de la clase media baja. Los mismos a los que ahora se
les exigen apretarse la cintura en trabajar y pagar, como si ese invento fuera
algo novedoso. Es la gente que después de jugar la partida y creerse dueños del
consumo ven y padecen el expolio de lo adquirido. Es el “aliguí” que ha vuelto,
no con su carácter festivo de algazara, si no con la penuria de la escasez.

Así hemos
llegado donde estamos, volviendo a ser pobres con rabia y con escasa dignidad, ya
que todavía se nos alimenta la parafernalia de ritos ciudadanos para tenernos
entretenidos. Porque no otra cosa es el futbol y la “roja”, las famosillas
gritonas que cuentas chismes aliñados con morbos baratos y los imposibles
“guapos y guapas” con el mismo maquillaje y expresiones que las muñecas de los
bazares chinos y moros. Bueno, así es como hablan las mujeres de los
mercadillos, no será políticamente correcto pero ¿acaso se les ha enseñado
desde los escaparates del poder otras normas y vocabularios? Porque no nos
engañemos lo real y sincero tiene ese rostro, es la política que conviene para
el pueblo, la otra política, la que se escribe en despachos sin reporteros no
se muestra, se recubre de capas superpuestas y se clava el diente al adversario
si conviene, o sencillamente se firman alianzas de pactos económicos para escarnio de ese pueblo ignorante.
Pero a pesar de
lo que obstaculiza impidiendo el avance
normal, el saber popular ve más de lo que se les enseña, y esas mismas mujeres son las que están sacando
adelante a las familias desprotegidas por el Estado del Bienestar de cualquier
Autonomía Española, son las abuela y abuelos – por partida doble – que al no
poder pagar guarderías cuidan de los escasos nietos que las parejas de
españoles tienen, son los que se ciñen el cinturón, como si fuera un cilicio, y
apechugan con lo que ha llegado plantando cara al desánimo de esta crisis que
ha dejado, y deja en la cuneta, a familias enteras. No entenderán de finanzas y de la subida y
bajada de la Bolsa bursátil, pero sin esas familias haciendo la cuenta de la
vieja todavía estaríamos peor de lo que estamos. Ah, y también saben influir en
el valor del voto ciudadano y en la credibilidad de cualquier político de
turno, su oposición no será mostrada abiertamente pero témanles los políticos
de oficio, porque desde luego saben muy bien cómo se las gastan y de qué forma
se les puede castigar.
El muro de la
injusticia y del empobrecimiento social no es cualquier muro que se escala fácilmente,
por lo que la arbitrariedad y
exigencias a los que más se
esfuerzan, no es un puente duradero.
Los pasatiempos
de algunos son mofarse de esa gente de mercadillos y tiendas de barrios, alguna
vez sería muy saludable que de incognito, esperaran su turno para ser
despachados, y así saber, cómo se despacha el pueblo. Arrieros somos, dicen sonriendo, y en el
caminito nos encontraremos…
Natividad Cepeda