La
mejor mascarada del carnaval 2012

De
momento los que tienen que renunciar a la seguridad de vivir cada día con lo
meramente necesario son los que menos sueldos han tenido y tienen, autónomos,
obreros de cualquier oficio y jóvenes con empleo de mala calidad, si lo tienen,
y los que buscan desesperadamente encontrarlo en España y en el extranjero.
Las
estructuras donde todos nos apoyábamos nos han fallado, y en este carnaval de
febrero de 2012, las caretas se caen en juzgados y denuncias escuchadas en
medios de comunicación, sin que los casos descubiertos de los muchos corruptos
nos solucionen la problemática en la que estamos hundidos.

Nos
convoca el carnaval a sacar de los baúles, que ya no tenemos, porque en la
propiedad horizontal de los pisos no caben, y sí son ostentados en tiendas de
anticuarios, para decorar mansiones de nuevos millonarios, que pagan sus
facturas con la piel sin botox ni estiramiento de bisturí de todos lo que
ahora, acuden a oficinas de empleo sin esperanza de trabajo, solicitando ayuda
en las Caritas parroquiales de las iglesias católicas. Iglesias donde se pide
donativos para este fin, y donde
silenciosamente los creyentes que acuden a misa, depositan en silencio su
donativo, amén, de otros muchos, tener cuota anual y ser voluntarios sin paga
ni fotos en las revistas amarillas o rosas, de las mal llamadas revistas del
corazón, y de las que se ocupan de la economía financiera y de cómo baja y sube
los valores en bolsa.
El
pueblo llano, se burlará de nuevo, embutidos en disfraces procaces y a veces
soeces, de monjas, frailes, obispos, curas y beatas con la disculpa, por parte
de todos, de que no se hace con mala intención.

En
las tramoya de los carnavales entre gasas y confeti, se arropa la escasez y la
miseria de muchos, junto con el temor de perder los servicios de una sanidad
que hemos pagado con nuestro aporte personal, sin permitirnos el lujo de lucir
modelos exclusivos de modistos, ni comer en restaurantes, donde los
restauradores saben muy bien quienes pueden pagar estupideces culinarias
diseñadas para ricos sin pudor y sin conciencia.
El
ocaso de nuestro entorno nos estremece al imaginar que peligran las jubilaciones: Jubilaciones de 1200, 600,
400 euros sin esperanza de ayuda por parte de los estados autonómicos, tan
generosos con eventos donde ha corrido el dinero, sin el mínimo escrúpulo de culpa por disponer de lo que no era suyo.
Y ante esta fea realidad el que esté libre de culpa que tire de la verdad tan
escandalosa y miserable.

Natividad Cepeda
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