Las ferias esperadas

Tan sólo hace unas décadas los niños de los
pueblos todavía conservaban esos sueños. Casi toda esa magia se perdió igual
que se perdieron los corrales, los patios y la seguridad de jugar en la calle
protegidos por la vecindad. Las ferias siguen llegando puntuales a su cita y en
Tomelloso el ferial es enorme, se expande y dilata versátil y grande como si al
venir los feriantes a Tomelloso todos
tuvieran aseguradas las ganancias. Y los
niños, los más pequeños, siguen llegando al ferial y todos lo miran y
contemplan con mirada de sorpresa y sobresalto. Pero incluso a los más chiquitines se les pone el
veto de la restricción de dar vueltas y
vueltas por lo costoso de los viajes. Casi siempre ha sido así, aunque ahora se
impone la levedad de viajar en los tiovivos porque la crisis no concede tregua para que acabe pronto y las
ayudas sociales no son todas las que son enunciadas por los ediles de los
municipios.

En la feria
tomellosera hay calles llenas de puestos que muestran su mercancía
variopinta y tenderos africanos, orientales y sudamericanos esperando pacientemente a los compradores. La gente
pasea, se acerca a los puestos toca un
bolso, un pañuelo, una figura tallada de madera, un collar, unas deportivas de
marca falsa y siguen después su paseo sin apenas comprar algo porque los euros
no sobran y todo el año hay gente por las calles ofreciendo cosas… Paseamos por
el ferial, por entre los puestos de
artículos, bares, chocolaterías y restaurantes
con olor a pollo asado y patatas
asadas gigantes que también han perdido
su novedad. Los niños señalan con sus dedos lo que les admira y quieren, se paran
delante de los puestos de los juguetes y piden que se les compre algo… Es la
feria y en su círculo de luces y ruido la gente; toda la gente, todavía espera
conseguir un sueño.
En otro apartado está la feria oficial con su programa diseñado en busca de conseguir
la bendición popular que después se transformará en votos. Votos que dan poder,
riqueza y seguridad a los políticos.

Nos quedan las corridas de toros, las
atracciones populares de la Plaza de España por las noches, gratuitas y
concurridas, el abrazo con los tomelloseros ausentes, y el paseo por todos los
lugares de la feria. Agosto tiene el
broche de la traca final mientras los agricultores recogen las gomas del riego
por goteo, siguen sufriendo los robos en el campo y preparan la vendimia con el
escozor de la inestabilidad en los mercados. Cuando la traca finaliza regresan
los tomelloseros que se marcharon la noche de la pólvora a vivir los días de la
feria en otros puntos geográficos. Al amanecer del día siguiente todavía por Tomelloso hay grupos de jóvenes
que fatigados y felices van regresando a sus casas después de vivir la “Cena de
gala” con sus mejores galas, con alguna pérdida del esplendor de las primeras
horas de la tarde-noche.
En ese amanecer de la despedida de la
feria por la calle se mezclan los
agricultores que van al campo y los jóvenes que regresan de ella, con los que
vagabundean arrastrando la pesadilla universal de buscar un lugar en la tierra,
mejor que en donde nacieron. Sí, todos vivimos la feria dentro de las
tapias de Tomelloso, unos mejor que otros, como casi siempre ha sido y es en la
feria del mundo.
Natividad Cepeda
Publicado en “El periódico del Común de la Mancha” Feria
2014
Arte digital: N Cepeda